La historia del poder en Chile suele narrarse desde bloques ideológicos cerrados. Sin embargo, la trayectoria de la familia Luksic rompe todos los esquemas tradicionales de la élite empresarial chilena.
En conversación con Antonio Quitneros en Palabra Que Es Noticia, el periodista de investigación Sergio Jara, señala que en su reciente libro Tres generaciones de una de las familias más poderosas de Chile, los Luksic, desclasifica detalles inéditos sobre cómo este clan logró navegar las aguas de la Unidad Popular y la dictadura militar con un pragmatismo inusual.
El concepto de «Gobernismo» como estrategia de supervivencia
Para entender a los Luksic, es necesario comprender su relación con el poder político de turno. A diferencia de otros grandes grupos económicos que se enfrentaron frontalmente a los gobiernos de izquierda, esta dinastía aplicó una táctica distinta. Jara los define de manera categórica: «Son gobernistas, yo te diría. Ese es como el término que uno los podría definir serpenteantes en términos históricos porque han ido moviéndose de posiciones».
Esta postura les permitió diferenciarse del resto del empresariado chileno. Según el autor, el secreto de su permanencia reside en que son «gobernistas, están con el gobierno que ejerce el poder, digamos, y se van acomodando a eso independientes de lo que piensan los otros empresarios». Esta flexibilidad fue la que marcó la diferencia durante el convulso periodo de la Unidad Popular.
La negociación con Salvador Allende y la estatización
Mientras gran parte de la élite económica de la época buscaba la caída del gobierno, Andrónico Luksic Abaroa optó por el diálogo. Jara establece un contraste directo con otros sectores: «A contrapelo de lo que hacía la CMPC… que junto a la familia Edwards a través del Mercurio tenían esta campaña en contra de la estatización de la economía… Luksic en cambio negoció».
El periodista revela que, lejos de ser un opositor ciego, el patriarca del grupo tomó decisiones prácticas para salvar su imperio. «Entregó la mayor parte de sus empresas a la estatización, dejó solamente tres para él para seguir produciendo para el progreso del país». Aunque Jara aclara que Luksic «no era un marxista ni izquierdista», también enfatiza que «tampoco era un tipo obstruccionista»; por el contrario, entendía que «había un presidente que había ganado por la urna y había que ver cómo se navegaba en eso».
La delirante propuesta de la «bomba atómica» en Isla de Pascua
Uno de los hallazgos más sorprendentes del libro, extraído de las memorias inéditas de Luksic Abaroa, es una conversación ocurrida en agosto de 1973. En ella, Salvador Allende le habría realizado una propuesta insólita al empresario. Jara relata que fue «básicamente una propuesta de Salvador Allende a Andrónico Luksic Abaroa agosto del 73 de que abra un puerto en la isla Pascua a través de una bomba atómica».
Este episodio, que el periodista califica como «delirante» y «algo medio loco», sirve para ilustrar el nivel de confianza y la «verdadera relación narrada por él mismo en primera persona» que existía entre el mandatario y el empresario. En sus memorias, Luksic cuenta «cómo se llevaba con Allende, por qué negocian con Allende, cuándo lo iba a ver… las reuniones, los amigos en común, los consejos que le daba».
De la Unidad Popular a la consolidación en dictadura
A pesar de su cercanía inicial con figuras del entorno de Allende, como el general Carlos Prats —a quien incluso llegó a «prestarle la casa en Viña»—, la familia logró una transformación económica sin precedentes tras el golpe de Estado. Si bien Jara menciona que en la primera etapa de la dictadura Luksic sufrió persecuciones y complots por parte de sectores como la revista Qué Pasa y Jaime Guzmán, el balance final fue de un éxito rotundo.
El investigador destaca que es precisamente en este periodo cuando el grupo se vuelve inalcanzable. Jara afirma que «la dictadura es cuando se consolida como grupo empresarial. Pasan de 70 millones de dólares en patrimonio a 570 el último año. Eso es un crecimiento exponencial». Consecuentemente, esta base económica les permitió proyectarse como la familia más rica de Chile, llegando a cifras actuales que, según Bloomberg, alcanzan los 55,000 millones de dólares.
Una dinastía que «cuadruplica» al segundo lugar
Hoy en día, la distancia entre los Luksic y el resto de los grupos económicos es abismal. Jara es enfático en señalar que en términos de poder económico y político, «están lejos del segundo lugar». Para ponerlo en perspectiva, el autor señala que, si se compara con familias como los Piñera o los Paulmann, los Luksic «los cuadruplican básicamente al segundo lugar en términos de riqueza».
Finalmente, Sergio Jara concluye que esta capacidad de ser «gobernistas» se mantiene viva hasta la actualidad. El periodista observa cómo han pasado de estar cerca de Allende y la Concertación a mostrar vínculos con sectores del Partido Republicano. Esto, siempre bajo la misma lógica: «estar ahí con quien gobierne». Esta biografía de tres generaciones revela que, más allá de las ideologías, el motor de los Luksic ha sido siempre el pragmatismo y la comprensión profunda de las mecánicas del poder en Chile.
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