Rainiero Guerrero y Paolo Bortolameolli desmitifican la notación en el podcast Música para Masas. El periodista asegura que «McCartney no sabe escribir música» a pesar de su fama mundial.
Esta revelación destaca la importancia de componer música sin partituras. El talento del ex-Beatle supera cualquier formación de conservatorio tradicional actual.
Ciertamente, la creación musical intuitiva del bajista nace de una pulsión puramente física y emocional. Guerrero explica que este proceso creativo «es casi te diría el estómago»
El músico compone desde lo que se le sale al tomar su guitarra. Su arte fluye sin necesidad de esquemas técnicos o manuales de solfeo.
La técnica de McCartney: El Oratorio de Liverpool
Efectivamente, esta genialidad musical autodidacta alcanzó su punto más alto con el Oratorio de Liverpool. En 1991, McCartney decidió aventurarse en una obra sinfónica inédita. Rainiero menciona que «McCartney escribió en el año 91 el oratorio para Liverpool».
Fue un hito para la composición musical no académica contemporánea. Por otro lado, surge la duda sobre cómo un autodidacta plasma una sinfonía. El locutor aclara que el artista «tenía al lado a un arreglador» profesional. Este músico manejaba el lenguaje técnico igual que el director Paolo Bortolameolli. Así es como se logra componer música sin partituras de forma masiva.
Sin embargo, la esencia melódica pertenece totalmente al Beatle y a su visión. «McCartney le cantaba y McCarne le tocaba en guitarra algunas piezas», relata Guerrero. En su cabeza, el músico imaginaba voces mezzosopranos conjugadas con orquestaciones. Todo se traducía al papel mediante un intérprete experto de sus ideas viscerales.
El choque entre el instinto y la academia
Además, Paolo Bortolameolli destaca que este proceso creativo de McCartney es un fenómeno fascinante. El director reconoce que «la obra la creó Paul McCartney» aunque no la escribiera personalmente
La creación musical intuitiva demuestra que la idea prevalece sobre la caligrafía. Es un desafío directo a la tradición académica. Por consiguiente, el trabajo de transcripción requirió de una paciencia técnica monumental y años. Guerrero especula que fueron «unos 3 años donde McCartney se tiene que haber sentado paulatinamente».
El resultado es una pieza clásica docta interpretada por grandes coros. Todo surge de la genialidad musical autodidacta más pura. Seguidamente, se plantea una paradoja irónica sobre la autoría y la lectura técnica. «Es muy probable que McCartney vea la partitura y diga: ‘No tengo idea qué hacer con esto'».
La composición musical no académica genera obras que el autor no puede leer. El arte visceral del estómago en la música rompe barreras intelectuales. Asimismo, este estilo desafía el «pecado» de la academia que abandonó la improvisación natural. Paolo advierte que «la música sí viene de la improvisación y sí viene de la libertad». McCartney personifica ese lenguaje libre que busca sonar natural. La creación musical intuitiva rescata la esencia primitiva del arte sonoro universal.
El diálogo entre Guerrero y Bortolameolli concluye que no hay mundos distintos. El rock y la música clásica dialogan a través de la interpretación. Rainiero cierra asegurando que siguen «improvisando acá, con partitura y sin partitura» para el público. La composición musical no académica es el motor de la industria. Puedes ver y escuchar un nuevo capítulo de Música para Masas en todas las plataformas de Podium Podcast Chile.
