En un mundo que nunca se detiene, estar enfermo se ha transformado en un desafío que va más allá de lo biológico. Hoy, el malestar físico suele venir acompañado de un peso psicológico inesperado.
El doctor en neurociencia y director del SEN UDP, Francisco Parada, advierte en su columna en Palabra Que Es Noticia sobre un fenómeno creciente en nuestra sociedad: la incapacidad de hacer una pausa para sanar.
El sistema inmune como una red inteligente
Solemos imaginar nuestras defensas como un ejército en combate. Sin embargo, la ciencia moderna ofrece una perspectiva mucho más profunda. Según explica Parada, el sistema inmune funciona en realidad como un sistema cognitivo complejo. Cuando un virus ingresa al organismo, no ocurre simplemente una batalla, sino una reorganización sistémica completa.
Este proceso requiere una enorme cantidad de recursos. Al respecto, el experto señala que el cuerpo debe “liberar todas estas señales químicas que son inflamatorias, activar ciertos mecanismos y obviamente redistribuir energía”. En este escenario, la prioridad del organismo cambia drásticamente. Francisco Parada afirma que, ante la infección, “efectivamente cambiamos de prioridad. El sistema cuando se reorganiza cambia de prioridad, ya no es producir, no es socializar no es hacer estas cosas, sino que recuperarse”.
La conducta de enfermedad: Una estrategia de supervivencia
En la naturaleza, el descanso no es una opción, sino una regla biológica. A este estado se le conoce como «conducta de enfermedad», un mecanismo que compartimos con otras especies. Cuando estamos enfermos, el sistema nervioso y el inmune operan como una sola red.
El neurocientífico describe este estado con claridad: “obviamente va a tener menos energía, menos conducta exploratoria, esa es la típica conducta de enfermedad, menos interacción social y más descanso”. Es el momento en que el cuerpo pide, literalmente, no hacer nada para facilitar la recuperación. No obstante, aquí surge el gran conflicto de la modernidad. Mientras que la biología exige una pausa, el entorno social presiona en sentido contrario. “La biología te dice, ‘Descansa, la biología te dice recupérate’. Pero la cultura contemporánea te dice, produce, responde correo, métete al Zoom”.
El síntoma más moderno: La culpa por detenerse
Este choque entre nuestras necesidades biológicas y las exigencias culturales ha generado una nueva patología emocional. Parada destaca que sentirse culpable por estar enfermo es un despropósito desde el punto de vista de la salud. “Neurobiológicamente eso es absurdo. El sentirte culpable por descansar es realmente absurdo, porque el descanso es parte del tratamiento”.
Esta presión por ser productivos incluso en la debilidad define nuestra era. Para el director del SEN UDP, “muchas veces el síntoma más moderno de un una enfermedad, una infección o lo que sea, no es la fiebre ni el cansancio, sino que esta cosa de la culpa por detenerse”. Es una reacción que no se observa en otras especies, donde el aislamiento y el reposo son aceptados de forma natural como parte del ciclo de sanación.
Mente y cuerpo: Una sola salud
La distinción entre lo físico y lo mental es, para la neurociencia actual, una barrera artificial. Lo que afecta al cuerpo impacta inevitablemente en nuestras emociones y procesos cognitivos. Francisco Parada es enfático al respecto: “Para mí y para la evidencia que manejamos hoy en día en neurociencia y en la neurobiología moderna es que no hay una distinción entre cerebro y cuerpo”.
Esta conexión implica que una recuperación incompleta puede tener repercusiones a largo plazo, no solo físicamente, sino también en nuestro sistema afectivo. El experto compara la situación con una lesión ósea: “si en el cuerpo un hueso que no logró descansar como corresponde queda dañado a largo plazo, bueno, es muy probable que un sistema inmune, un sistema afectivo psicológico, también pueda tener estas repercusiones”.
La deshumanización de la productividad
El problema de fondo radica en cómo la sociedad actual percibe al ser humano. Existe una tendencia a tratarnos como engranajes de una maquinaria industrial que no puede permitirse fallar. Parada critica esta visión: “parece ser como que la tendencia actual de el trabajo pleno, estas ideas de solo como si fuéramos máquinas, como si los humanos fueran máquina… pero no es así, no es así”.
Finalmente, el llamado es a recuperar la responsabilidad individual y social. El descanso no es un acto de pereza, sino una forma de autocuidado y respeto por la comunidad. En palabras de Parada, debemos “reaprender algo que parece como super obvio, que descansar también es una forma de cuidar la salud mía, tuya. O sea, también es algo propio, algo colectivo”. Sanar requiere tiempo, y la biología, a diferencia de nuestras agendas, no acepta negociaciones.
