Hay momentos que los fanáticos de la música no olvidan jamás. Para muchos chilenos, el miércoles 11 de mayo de 2011 fue el día en que un sueño se hizo realidad. Después de 17 años sin pisar nuestro país, Paul McCartney regresó al Estadio Nacional para dar un show que todavía hoy nos pone la piel de gallina.
Desde su primera visita en 1993, la gente no dejó de pedir su vuelta. Por eso, cuando se confirmó que Sir Paul regresaba a Santiago, la emoción fue total. Nadie quería quedarse fuera de este reencuentro histórico con el hombre que cambió la música para siempre.
A pesar de los años que pasaron, McCartney demostró en el escenario que tiene una energía envidiable. El concierto duró casi tres horas y tocó un total de 34 canciones. Fue un viaje increíble por toda su vida: desde los temas inolvidables de The Beatles y su etapa con la banda Wings, hasta sus canciones más nuevas como solista.
El Estadio Nacional estaba lleno de personas de todas las edades. Abuelos, padres e hijos cantaron juntos cada letra. Fue una noche donde el frío de la capital desapareció gracias al calor de miles de voces que acompañaron a Paul en cada acorde.
Este concierto no fue solo un evento más. Marcó un antes y un después en cómo se hacen los grandes shows en Chile. Después de tanto tiempo lejos, Paul McCartney dejó claro que su vínculo con el público chileno es más fuerte que nunca. Esa jornada estuvo marcada por el largo tiempo de espera desde su debut en 1993. Y el regreso fue épico, con un Estadio Nacional repleto con más de 50 mil personas y un repertorio de temas que recorrió la historia del rock de punta a punta.
Hoy, ese 11 de mayo se recuerda como el día en que la música unió a todo un país y volvimos a ver de cerca a una leyenda viva.

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