La literatura y el cine nos han acostumbrado a un cliché: la madre sacrificada, mística y siempre generosa. Sin embargo, el escritor y cineasta chileno Alberto Fuguet ha decidido dinamitar ese pedestal.
En una reciente conversación en Palabras Sacan Palabras de Radio Futuro, Fuguet profundizó en la esencia de su nueva novela, «Ushuaia, un destino melodramático», presentando una visión que muchos consideran tabú: la de la madre «penca».
El fin de la madre abnegada: Leticia y el realismo sin filtros
Para Fuguet, la honestidad brutal es la base de su narrativa. Su protagonista, Leticia, es una mujer argentina que se instala en Chile y que dista mucho de ser un ejemplo de virtud. Es, en palabras del autor, un ser humano real, con defectos que la mayoría prefiere callar. «Ella es una chica como de clase media alta… entre insoportable, perdona, es muy demasiado interesada pero también yo creo que entrañable y uno tenía madres amigos tías era como la gente antes, ¿no? o mejor dicho es como la gente es sin micrófono», señala el autor.
Esta falta de filtro es lo que define a Leticia. Fuguet sostiene que la literatura debe capturar la autenticidad del «pelambre» (chisme) y las conversaciones privadas que ocurren cuando nadie más escucha. «La madre no tiene límite y de alguna manera lo transforma [al hijo] como en una amiga. Claro, sí totalmente. La Leticia además de todos sus cosas tiene esto», añade.
«Las mamás son pencas»: La cruda realidad frente a la expectativa
Uno de los momentos más fuertes de la entrevista fue cuando Fuguet se refirió directamente a la calidad humana de las madres, alejándose de las «epifanías» literarias que suelen ganar premios. El autor relató cómo su propia experiencia personal influyó en esta visión desmitificadora, especialmente durante un viaje a Tierra del Fuego con su madre antes de que ella falleciera.
«Lo que yo quería era no contar la historia… que gusta, que lo que un buen chico escribiría en que la madre es super generosa, en que la madre, el cuento con que parte la novela la madre es sacrificada. Yo creo que a la vez no es así. Y eso sí tiene mucho que ver con la realidad mía porque cuando mi mamá se estaba muriendo me pidió que la lleváramos a Tierra del Fuego. Y yo todo el mundo me decía ‘Oh no me cuentes. No me cuentes cuánto habrán derretido los témpanos llorando’. Y es como no, no hubo nada de eso. Mi mamá lo único que hacía era fumar, reclamar que la centolla era pésima, que todo era caro, que Puerto Natales era atroz», explica.
Fuguet es tajante al definir este vínculo desde una óptica despojada de romanticismo. «La madre es mucho más que una madre ordinaria. Es de verdad es penca como todas las mamás. Si las mamás son pencas. Eso pienso yo», asevera.
La madre como un ser sexual y deseante
Otra de las barreras que Fuguet derriba en «Ushuaia» es la desexualización de la figura materna. En la novela, Leticia no es solo una proveedora o cuidadora. Es una mujer con una vida interna compleja, deseos y una sexualidad activa que a veces incomoda a su hijo, Bruno.
«A mí me llama la atención que siempre las mujeres están como lavando los platos, ¿no? y que la madre es como ‘yo soy madre’. Ya, aunque no tengas profesión eres mucho más que eso también. Y lo más transgresor es también eso de verla como un ser sexual y también como alguien como quizás falla y mete la pata y no es capaz», desarrolla Fuguet.
El autor explica que retratar a una madre «caliente» o «hiperactiva» es fundamental para entender la humanidad completa del personaje. «Una mamá puede ser otras cosas también. Puede ser empresaria pero sobre todo puede ser mujer con deseo. Generalmente las madres aparecen como en las películas y en la vida real de alguna manera sin deseo cuando las madres sí tienen esta doble vía».
El hijo como pareja y confidente: Un vínculo «freak»
La novela también explora cómo la ausencia de una figura paterna obliga al hijo a asumir roles que distorsionan su identidad. Fuguet describe este fenómeno como una experiencia «freak» que pocos autores hombres han querido tocar.
«Al no haber un papá el hijo necesariamente cumple el rol del hombre por lo tanto hace de pareja, de consejero, de contenedor, de goma, de la persona que ayuda a cocinar… la persona con que se viaja. Y sobre todo en el caso de Leticia, la persona que la escucha pelar».
Fuguet concluye que ser hijo es una experiencia extraña porque es un vínculo no elegido que, en casos como el de Bruno y Leticia, puede volverse asfixiante. «Yo una época yo hice como de marido… en un momento yo tuve que tomar una decisión de cómo yo me escapaba de vida porque te iba a comer como que te iba a tragar porque estaba aburrido».
«Ushuaia, un destino melodramático» se presenta así no solo como una novela de viajes, sino como un espejo incómodo para quienes prefieren mantener a la madre en un altar inalcanzable. Para Alberto Fuguet, la verdadera belleza —y el verdadero drama— reside en aceptar que las madres son, ante todo, seres humanos falibles, «pencas» y profundamente reales.
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