La historia de la música chilena no sería la misma sin la explosión de ritmo y color que Joe Vasconcellos trajo a finales de los años 80 y principios de los 90. Sin embargo, lo que hoy parece un éxito orgánico y natural, fue en su momento un campo de batalla de identidades. En una reciente conversación con Rainiero Guerrero en el RockShop de Radio Futuro, el músico desclasificó las tensiones que vivió durante la creación de su álbum icónico, Toque, y cómo la industria discográfica intentó moldearlo bajo un estándar comercial genérico.
Vasconcellos se encuentra celebrando 50 años de trayectoria musical, un camino que comenzó en Italia en 1976 y que hoy se ve plasmado en su nuevo libro, titulado justamente Toque. Este trabajo literario no solo recorre sus viajes por el mundo, sino que profundiza en la defensa de su propuesta artística en un Chile que, en aquel entonces, miraba hacia otros horizontes estéticos.
El choque de visiones en el sello discográfico
Cuando Joe Vasconcellos decidió firmar con el sello EMI, el panorama musical chileno estaba en plena ebullición, con el surgimiento de numerosas bandas jóvenes. No obstante, la posición de Joe era distinta a la de un principiante. Él ya cargaba con una experiencia de décadas en escenarios internacionales y una visión clara de lo que quería expresar.
Al recordar ese momento de su carrera, el artista explica con honestidad su situación persona.: «Cuando yo firmé se estaban firmando un montón de bandas nuevas, claro. Pero yo ya era un viejo guatón ya. Yo ya tenía mis cosas. Había pasado por el Festival de Viña del Mar en la competencia. Ya tenía mis mañas pues, ya tenía mis cosas», señala. Esta madurez fue fundamental para lo que vendría después: un intento de rediseñar su sonido por parte de los ejecutivos de la época.
La misión de «desbrasilizar» al artista
Uno de los puntos más reveladores de la entrevista fue la confesión que le hizo Guido Nisenson, el productor del disco Toque. El sello discográfico, liderado en ese entonces por figuras como Carlos Fonseca, tenía dudas sobre la mezcla de ritmos que Joe proponía. La industria buscaba algo más seguro, quizás un artista latino más convencional y menos «étnico».
Vasconcellos relata el momento en que se enteró de las intenciones originales del sello: «Fue justamente Guido que me dijo una vez que ‘a mí me contrataron para desbrasilizarte’, porque el sello probablemente no creía en eso… porque además había otras bandas que en ese momento estaban paralelas, probablemente como que ya era suficiente».
A pesar de estas directrices iniciales, la resistencia del músico fue tenaz. Joe no era un producto moldeable; era un artista con una base de seguidores real y un sonido probado en las calles y locales de Chile. Al respecto, él enfatiza: «Mi camino nunca fue por ahí, o sea, yo tenía mi música y la llevaba tocando harto rato cuando firmé con el sello, yo llevaba como 3 años tocándole en vivo».
Entre la ingenuidad y el orgullo profesional
Para Vasconcellos, entrar en una multinacional como EMI tenía un peso simbólico enorme que iba más allá del negocio. «Para mí estoy firmando el mismo sello de los Beatles, estoy firmando un sello de muchos discos que he amado en la vida, con un nivel de candidez, o sea, que olvídate, un nivel de ingenuidad, pero era esto, yo creo que todo parte del romanticismo».
Sin embargo, ese romanticismo no significaba ceder en sus principios. La clave del éxito de Toque radicó en encontrar un punto de equilibrio entre su visión y los consejos profesionales, sin traicionar su origen. Joe reflexiona sobre este proceso de negociación artística. «Al final siempre hubo una relación muy buena en donde se lograron varios acuerdos que resultaron el tremendo disco que es el Toque, en donde uno tiene que siempre aplicar su orgullo, su camino, pero también aceptar el consejo de alguien que viene de la experiencia», comenta.
El triunfo de las «palmeritas» sobre lo gótico
La apuesta de Joe Vasconcellos era arriesgada para el contexto de 1995. Mientras Chile consumía estéticas más oscuras o góticas, él insistía en una «samba rock a la chilena», llena de percusiones y vientos. «Chile me aceptó, no de primera, pero me aceptó. Aceptó mi música en momento en donde lo gótico era lo que más se usaba, lo que más se llevaba. Y yo venía con estas palmeritas medias ambiguas».
Hoy, con el libro Toque bajo el brazo y una gira de celebración, Joe Vasconcellos confirma que la autenticidad fue su mejor inversión. Su música sigue siendo un espacio de encuentro. «Uno está de menestrel, uno está cantando, está entregando eso que da un poquito de paz… sentir un poquito el alma, el cuerpo, bailar, sensualidad, beso, abrazo, esas cosas que son códigos humanos», reflexiona.
El legado de Joe Vasconcellos demuestra que, aunque la industria intente «desbrasilizar» o estandarizar a un creador, la fidelidad a la propia historia es lo que finalmente conecta con el corazón del público. «El venir a Chile ha sido el alimento para mi vida, para mi alma. Tiene que ver con ser fiel a ti mismo», concluye.
