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Los 60 años de «Blonde on Blonde»: el día que Bob Dylan reescribió la historia del rock

Un 16 de mayo, pero de 1966, Bob Dylan selló una de las eras más icónicas de su ilustre carrera con un álbum doble y también único.

Bob Dylan
Getty Images

Al viejo Bob Dylan no le interesan las pantallas gigantes, los fuegos artificiales ni el karaoke nostálgico. Nunca le interesó. Y la prueba definitiva de esa inquebrantable libertad artística cumple hoy, 16 de mayo de 2026, exactamente 60 años de vida. Es el colosal «Blonde on Blonde».

Publicado por Columbia Records, este séptimo trabajo de estudio se disputa palmo a palmo con el ‘Freak Out!’ de Frank Zappa el título de ser el primer álbum doble en la historia del rock. Más allá de la anécdota física de los dos LPs, lo que Dylan registró ahí fue una genialidad absoluta. Ese disco mutó los límites de la música popular para siempre.

Del folk de Newport a la odisea de Nashville

Tras la histórica polémica en el Festival Folk de Newport en julio de 1965, donde Dylan sepultó su pasado de trovador acústico para electrificar su propuesta, el músico dejó clara su postura de cara a lo que venía. Dijo: «Si no les gusta, malo. Tendrán que acostumbrarse a que les guste». Tras iniciar las sesiones en Nueva York junto a Al Kooper, el bajista Harvey Brooks y The Hawks (los futuros The Band) comandados por Robbie Robertson, el proceso avanzó lento y frustrante. Dejó en el camino tomas descartadas que años más tarde nutrirían sus afamadas Bootleg Series.

Buscando un cambio de aire, el productor Bob Johnston convenció a Dylan de trasladar la base de operaciones a los míticos estudios Music Row en Nashville, Tennessee. Allí, junto a músicos de sesión locales de la talla de Charlie McCoy, Wayne Moss, Joe South y Kenny Buttrey, la magia fluyó de inmediato. Según recuerda el propio McCoy, Dylan llegó al estudio tras una escala aérea sin haber terminado de escribir las letras. «Estuvo allí escribiendo solo en el estudio durante seis horas». La espera valió cada segundo.

De esas maratónicas sesiones nacieron las versiones definitivas de piezas monumentales como la surrealista «Visions of Johanna» (una épica de casi diez minutos), «Fourth Time Around» y la conmovedora «Sad-Eyed Lady of the Lowlands». Esta última es una dedicatoria de un lado completo de vinilo dedicada a su esposa Sara. Dylan jamás ha interpretado esa canción en vivo.

Musas, misterios y matemáticas cannábicas

«Blonde on Blonde» (cuyo título se rumorea que alude a la pálida belleza de Edie Sedgwick o a su antigua novia Echo Helstrom) es un catálogo de canciones perfectas inspiradas en el turbulento entorno del artista. Desde la bellísima «I Want You» (inspirada en Anita Pallenberg y reversionada en los 70 por Bruce Springsteen), pasando por los dardos a las víctimas de la moda en «Leopard-Skin Pill-Box Hat». Además, incluye la desgarradora «Just Like A Woman», apuntada directamente hacia la musa de Andy Warhol.

El blues arrastrado a lo Elmore James en «Pledging My Time» dejó una de sus estrofas más proféticas («Alguien envió la ambulancia…»), sirviendo como un extraño preludio al grave accidente de motocicleta que Dylan sufriría semanas después del lanzamiento del álbum. Ese accidente cambiaría su vida para siempre.

Pero si hay un corte que define la atmósfera festiva y lisérgica de las sesiones de Nashville es el abridor «Rainy Day Women #12 & 35». Con su ruidosa sección de vientos y el icónico coro «Everybody must get stoned!» («¡Todo el mundo debe estar colocado!»), cuenta la leyenda que Dylan obligó a toda la banda a beber y fumar hasta la embriaguez antes de registrar la toma definitiva en la madrugada. Como dato para los amantes de las coincidencias: si multiplicas 12 por 35 el resultado es 420. Es el código norteamericano por excelencia de la cultura cannábica.

Una obra mutante y borrosa

Hasta el arte del disco es mítico. De todas las fotografías capturadas por Jerry Schatzberg, Dylan eligió deliberadamente la única que estaba borrosa para la portada. El interior del vinilo también sufrió censura en sus posteriores reediciones en Estados Unidos. Esto ocurrió luego de que la actriz italiana Claudia Cardinale reclamara por el uso no autorizado de su imagen en la primera tirada.

Con dos versiones mono mezcladas de forma diferente, ediciones estéreo con pistas distintas y múltiples ediciones digitales que alteraron la duración de los cortes originales, ‘Blonde on Blonde’ sigue siendo un laberinto sonoro inagotable. Seis décadas después, el sonido mercurial, salvaje y elegante de estas catorce canciones sigue demostrando que, mientras el resto del mundo sigue buscando fórmulas fáciles, Bob Dylan siempre prefirió construir catedrales de ruido y poesía.


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