El pop como espacio de exploración personal y musical. La canción melódica como bandera para reconocer, habitar y compartir la intensidad de las emociones que sentimos mientras caminamos por una ciudad dueña de una prisa vacía. En ese universo se mueve Dame un cuchillo, banda formada en 2022 que hoy presenta su primer LP homónimo: ocho canciones atravesadas por la sensibilidad urbana, el pop-rock latino y una colección de escenas cotidianas marcadas por la búsqueda, la confusión, el movimiento y los anhelos.
Grabado en Santuario Sónico junto a Diego Gilabert y Aure Quintanal, el álbum –financiado por el Fondo de la Música 2025, del Ministerio de las Culturas de Chile– es un registro de la combinación de experiencias que unen no solo a Katerine Muñoz, Patricio Araya. Gonzalo Araya, José Peralta y Joaquín Peralta, sino a toda una generación de jóvenes que buscan entender quiénes son en medio de esta multitud.
«En el disco aparece el paso del tiempo, el avance de la vida y lo que va sucediendo en ese recorrido. En ese sentido, las canciones terminan funcionando casi como un diario de vida», explican desde la agrupación, y destacan que «las composiciones beben de fuentes literarias: la letra de «Círculo» es una adaptación libre del poema de Pablo de Rokha del mismo nombre; «No me interesa» nació de un fragmento del libro Animal doméstico de Andrea Alzati, y el coro de «Futari» se construye a partir de versos de Michel Houellebecq».
Dame un cuchillo estrena su primer LP homónimo
Entre libros, melodías heredadas de esos almuerzos de infancia con la radio encendida y reflexiones sobre la vida misma. El debut de Dame un cuchillo abarca una variedad de sonidos que se corresponden con la multiplicidad de inspiraciones y referencias que los han marcado individual y colectivamente. «Abordamos el pop desde un lugar marcado por la escena chilena de inicios de los 2010. Javiera Mena, Dënver, Teleradio Donoso, Primavera de Praga y las bandas que, en ese mismo tiempo, se articularon bajo el alero de Sello Cazador. Ese pop/rock alternativo aparece de forma natural en nuestro sonido y se manifiesta –en mayor o menor medida– en las canciones del disco», señalan.
Pop sin límites, con un sonido clásico de banda pero lleno de elementos que lo llevan hacia el siguiente nivel. Arreglos de cuerdas grabados por Danka Villanueva y vientos por Felipe Cadenasso, aparición de un mellotron por Diego Gilabert, bajos grooveros. Suaves guitarras y melodías cálidas que remiten a las mejores baladas. Son los recursos con los que la banda santiaguina construye un universo elegante y nostálgico que deja entrever el coraje de crecer.
«Me gustaría que alguna de las canciones del álbum sirva como una especie de curita para lo que sea que estén enfrentando. Es muy fácil sentirse solo o pensar que nadie entiende lo que uno vive internamente, pero no es así: siempre hay alguien que puede empatizar con lo que sientes. Con que esa conexión la experimente aunque sea una persona escuchando el disco, me doy por pagada», confiesa Katty –alias Filomena Cuchillo–.
Tender una mano o regalar un disco puede ser, muchas veces, lo mismo. En su primer set de canciones, Dame un cuchillo, con su poesía introspectiva, navega entre el desencanto frente a una vida prometida y la búsqueda persistente de sentido en medio de la repetición. Pero también abre un espacio de contención y empatía; un lugar para compartir la fragilidad y la incertidumbre, para estar juntos en el espiral que significa encontrarse.
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