“The Boys” llegó en un momento en que la cultura pop estaba dominada por la hegemonía del MCU. Cuando las películas de superhéroes se habían convertido en eventos seriados que todo el mundo iba a ver a la pantalla grande. Esos tiempos en que el DCEU era un caos y no se veía algo en el horizonte. En medio de todo eso, llega un relato basado en los cómics que hace parodia y una relectura a ese momento. Y que funciona impecable con una profundidad que se agradecía, personajes tridimensionales y una mirada fresca que nutrió al menos tres temporadas seguidas de excelencia.
Su camino terminó esta semana, con el cierre de una quinta temporada que debía dar conclusión a los arcos de los personajes principales. De cierta forma, y pese a que las dos últimas temporadas resultaron irregulares, se mantuvo fiel a su estilo y completó su misión con gran estilo, una narrativa satisfactoria y un exceso de sangre y vísceras. Todo dio como resultado un efecto perversamente glorioso. Eso, al menos, en la forma. El fondo es otra cosa.
Lo que alimentaba la espina dorsal de “The Boys” era esa advertencia de lo que podía pasarle al mundo si los tipos a cargo abusaban de su poder. Llegó el momento en que, sencillamente, la realidad alcanzó a la ficción. El día a día logró empatar al relato. ¿Qué queda por hacer? Fue inevitable quedarse con un sabor amargo de que no supimos escuchar ni tomar el consenso. El público fue tomando palco e interpretando a su modo lo que iba viendo. La sátira se convertía en caricatura y empezaba a notarse la falta de combustible.
Pero la médula de “The Boys” también contaba con interpretaciones impresionantes hasta el mismísimo final. Antony Starr nutrió de complejidades a un Homelander que en manos de otro habría sido una caricatura. Karl Urban le dio la locura y la ira necesaria para que su Billy Butcher representara una verdadera amenaza al supe más poderoso. O la entrega de Jack Quaid para un Hughie Campbell que llegó a representar al resto del mundo a modo de testigo de esta lucha del bien y el mal. La clásica historia que tiene una resolución justa, precisa y adecuada en su capítulo 40.
Un viaje salvaje que duró siete años, cruzó una pandemia y un cambio de paradigma en lo geopolítico. Y ahí estuvo “The Boys”, mostrándonos lo que podía pasarnos. Y lo que nos pasó al descuidarlo. Nunca sacrificando ni su corazón ni su alma. Porque, muy en el fondo, no se perdió la esperanza ni la fe en los círculos completos. Como la vida misma.
«The Boys» tiene sus cinco temporadas disponibles en Prime Video.
