El 16 de mayo de 1983, hace exactamente 43 años, los fanáticos de las guitarras afiladas y las cabalgatas rítmicas en todo el mundo perdieron la suya por «Piece of Mind». Se trata del cuarto álbum de estudio de Iron Maiden.
Un trabajo que, a la distancia, se alza como el pilar fundamental del dominio global que la banda ejercería durante el resto de la década.
La secuela tras The Number of The Beast
Suceder a un titán como lo fue su último LP de 1982 no era una tarea sencilla. La banda venía de soportar el acoso del clero conservador. Para colmo, enfrentaba una nueva reorganización en sus filas. Este curioso obstáculo se había repetido en cada uno de sus lanzamientos hasta la fecha. La presión era asfixiante. Sin embargo, en lugar de flaquear, el combo británico se encerró a componer metódicamente una de las páginas más gloriosas en la historia del metal.
La consolidación de Dickinson
Si bien su predecesor marcó el debut de Bruce Dickinson, fue en «Piece of Mind» donde el vocalista se asentó por completo. No solo se consolidó como el eterno e indiscutido frontman del grupo. También se destacó como una fuerza compositiva mayor. Al haber llegado tarde a las sesiones de 1982, Dickinson desató aquí todo su potencial multifacético en la magistral «Revelations».
Steve Harris, el implacable líder y bajista de la agrupación, volvió a comandar la carga creativa firmando en solitario himnos de la talla de «Where Eagles Dare» (un inicio demoledor a ritmo de speed-metal). Además, compuso la infaltable y galopante «The Trooper», la modesta «Quest for Fire» y esa majestuosa epopeya final basada en la novela Dune de Frank Herbert, «To Tame a Land».
Sin embargo, a diferencia del pasado, Harris encontró un apoyo compositivo crucial en la dupla de Dickinson y el guitarrista Adrian Smith. Juntos dieron vida al primer sencillo del álbum, «Flight of Icarus». Este sencillo escaló hasta el puesto 11 de los charts británicos acompañado del icónico cover «I Got The Fire». Además, crearon la eficaz «Sun and Steel» y ese himno infaltable en los conciertos que es «Die With Your Boots On».
Por su parte, el histórico guitarrista Dave Murray unió fuerzas con Harris en «Still Life», un corte lleno de interesantes matices líricos que incluyó una famosa intro con mensajes satánicos falsos grabados al revés, una genial humorada de la banda para burlarse de los sectores religiosos que los tildaban de adoradores del demonio.
Nicko McBrain y el rompecabezas de la alineación clásica
El gran hito que terminó por definir el futuro de Iron Maiden en este larga duración fue la llegada de Nicko McBrain en la batería. Así, McBrain ocupó las gigantescas botas que había dejado el querido Clive Burr. McBrain aportó una competencia técnica superior y un sello único. Este sello se refleja en un sonido de batería ajustado y fuertemente influenciado por el jazz. Aunque en su momento algunos críticos locales acusaron que su estilo «no era lo suficientemente contundente» para el heavy metal. Finalmente, el tiempo terminó por dar la razón a la banda.
Con el ingreso de Nicko, Iron Maiden selló por fin su alineación clásica. Junto al invaluable equipo de soporte integrado por los mánagers Rod Smallwood y Andy Taylor, el extraordinario productor Martin Birch tras las perillas y el arte de Derek Riggs, la Doncella de Hierro aceitó una maquinaria perfecta. Durante los siguientes cinco años, esa maquinaria los empujaría hacia un reconocimiento universal.
Para el público estadounidense, este LP guarda un valor sentimental único: fue el primer material nuevo que experimentaron tras haber descubierto a la banda abriendo los shows de la gira de 1982. Cuarenta y tres años después, las canciones de «Piece of Mind» siguen sonando tan frescas, complejas y devastadoras como el primer día.
No olvidemos que la legendaria agrupación se estará presentando en Chile el próximo 31 de octubre y 1 de noviembre en el Estadio Nacional, como parte de su tour «Run For Your Lives». Las entradas siguen disponibles a través de TicketMaster.
