Desde el estallido social de 2019, Chile ha transitado un camino complejo de búsqueda de acuerdos. Alfredo Zamudio, exdirector del Centro Nansen para la Paz y el Diálogo, ha seguido este proceso de cerca, regresando al país en diversas ocasiones para facilitar espacios de encuentro.
En su análisis más reciente, Zamudio identifica un síntoma alarmante que trasciende la coyuntura económica o de seguridad. Se trata de una profunda desconexión emocional y funcional entre los líderes y la ciudadanía.
La soledad de la ciudadanía y el valor de la democracia
Para Zamudio, el problema no radica en la falta de resiliencia de los chilenos, sino en un sentimiento de abandono que socava los cimientos del sistema.
«Transversal, o sea, longitudinalmente, desde 2019 hasta ahora, lo que nosotros hemos escuchado desde Centro Nansen junto a las universidades y también muchas otras instituciones que trabajan con esto es que hay una gran sensación de que las personas se sienten solas, sienten que lo que les preocupa a ellas no le importa al mundo político. Y esa desconexión es muy peligrosa. Esa desconexión pone en peligro la democracia. Porque si las personas sienten que al liderazgo político no le importan sus necesidades, entonces la democracia pierde valor. Y no necesariamente estaremos dispuestos a defenderla como la hemos defendido», critica el experto.
Esta «soledad» no es solo una percepción abstracta. Se manifiesta en el día a día de un país que, aunque sigue trabajando y esforzándose, no encuentra eco en sus representantes.
El «cronómetro» de la clase política: Una asimetría en la escucha
Uno de los puntos más críticos señalados por Zamudio es la gestión del tiempo y la calidad de la escucha por parte de quienes toman las decisiones. Mientras la ciudadanía necesita procesos largos para procesar sus vivencias, la política opera con una urgencia que anula el entendimiento.
«Lo que falta es tiempo, porque la gente tiene mucho que decir y los líderes nuestros ponen un cronómetro para medir el tiempo que tienen para escuchar. Si la gente tiene muchas cosas que decir y quienes deben escuchar ofrecen un cronómetro, hay una gran asimetría. No estamos disponiendo del mismo espacio y no nos estamos hablando, aunque podamos escucharnos, podamos hablarnos, pero es el tiempo que los líderes políticos de nuestro país no están dando para entender a su gente«, explica Alfredo Zamudio.
La política de las trincheras y el miedo al cambio de opinión
Zamudio observa una transformación preocupante en los líderes políticos cuando pasan del ámbito privado al público. Describe cómo el entorno mediático y las redes sociales obligan a los actores a adoptar posturas rígidas, impidiendo el diálogo real.
«Cuando uno junta al mundo político en un espacio sin cámaras, sin Twitter, sin los medios sociales, esas personas se humanizan fácilmente, pero salen de ese espacio privado, tranquilo, sosegado y salen al mundo de las luces de la prensa y se convierten en otras personas. Yo escuché en primera voz a un líder político muy importante en Chile que nos decía: ‘Yo sé que no debería estar en las trincheras, pero ahí me siento una persona más segura’«, explica.
Este refugio en las «trinchera» conlleva un costo alto para el país, pues castiga la flexibilidad necesaria para alcanzar acuerdos. «En el debate público en Chile cambiar de opinión es visto como una debilidad. Mientras que para el diálogo que necesitamos como país, cambiar de opinión puede ser una gran riqueza. Somos 19 millones de personas que habitamos Chile. Todos no pensamos igual (…) pero compartimos algunas cosas comunes», comenta.
El derecho a equivocarse y el tiempo de la democracia
Citando a referentes internacionales y nacionales, Zamudio recalca que la democracia no puede competir con la velocidad de la tecnología, sino que debe reivindicar su propio ritmo, que incluye el error y la rectificación.
«La democracia se fortalece cuando tiene tiempo para conversar, cuando tiene tiempo incluso para equivocarse. En Chile, nuestro gran filósofo Maturana decía que uno de los derechos humanos que faltan es el derecho a equivocarse. Si el mundo político se embarca en una sola línea de idea y no se atreve a consultar con otros o no se atreve a retroceder, esa es una línea de confrontación. Y es una línea donde podemos fracasar muchas veces», argumenta Afredo Zamudio.
Para el experto, la verdadera autoridad nace de la humildad y la capacidad de consulta. «Yo creo que un líder que dice ‘me he equivocado’ es un gran líder (…) un elemento que le falta a la conversación chilena, a la conversación política y a la conversación entre la ciudadanía y el mundo político es: no tengamos miedo a equivocarnos, pero consultemos, conversemos, creemos un futuro donde todas las voces están siendo parte de la acción democrática«, complementa.
Polarización: Solo la superficie del conflicto
Finalmente, Zamudio invita a no temer a la intensidad del debate o a la polarización. Siempre que se permita llegar a un punto de madurez en la conversación.
«La polarización es la superficie. Pero si le damos espacio a esa voz, van a suceder cosas si nos damos tiempo para crear esos espacios. En algún momento, en esa conversación, si no te levantas, si no te vas, si no golpeas la mesa, va a haber un momento donde la gente se dice: ‘¿Cómo no hicimos algo diferente?’ Ese es el momento de inflexión«, concluye.
Ante un escenario global convulso, Zamudio concluye que defender la democracia es una responsabilidad cívica que requiere rechazar las voces que buscan destruir al otro, priorizando el diálogo sobre el miedo.
