En un Palabras Sacan Palabras de Radio Futuro, Andrea Moletto y Álvaro Paci conversaron con el exministro de Economía y expresidente del Banco Central, José de Gregorio, analizó los riesgos de sostenibilidad que conlleva la denominada «megarreforma».
Con un enfoque técnico, el economista puso el foco en la ineficiencia que, a su juicio, representa el programa de incentivo al empleo propuesto en el informe financiero del proyecto.
El costo de la medida: 1.000 millones de dólares bajo la lupa
Uno de los puntos centrales abordados por De Gregorio fue la meta de creación de puestos de trabajo y el alto costo que esto implica para el Estado. «El informe fiscal, el informe financiero dice 180.000 empleos aproximadamente entre primero y segundo año… 1.000 millones de dólares», explicó el experto.
Al desglosar estas cifras, el académico fue tajante sobre la relación entre el gasto y el resultado: «1.000 millones 180.000 empleos son algo así y un poco más de $5.000 por empleo creado. Estamos hablando es como pagar… 400.000 pesos al mes por empleo creado. O sea, esto casi pagar el sueldo». Debido a este elevado monto por plaza, su conclusión fue directa: «es carísimo hacerlo».
Subsidio a la planilla versus contratación real
Para De Gregorio, el problema no es solo el monto, sino el diseño de la herramienta, que no necesariamente incentiva la creación de nuevos puestos, sino que beneficia a los actuales. «¿Qué es lo que ocurre? que es un subsidio a toda la planilla. No es a la contratación adicional», señalo al respecto.
Esta estructura, según el entrevistado, añade una presión innecesaria a las finanzas públicas en un momento delicado. «Yo me pregunto, ¿necesitamos… dejar este programa que además agrega bastante al al a la perspectiva de de mala situación fiscal por los próximos años?» cuestionó durante la entrevista.
Un «deterioro fiscal» proyectado hasta el 2030
El experto vinculó este gasto en empleo con un panorama macroeconómico donde la reducción de impuestos corporativos podría generar un desequilibrio. Advirtió que, al leer el proyecto, se observa que «el 2030 todavía estamos con un deterioro fiscal».
Según sus cálculos, la combinación de menores ingresos y mayores subsidios tiene un impacto directo. «Si uno toma lo que es la reducción del impuesto corporativo y lo que es el subsidio a la mano de obra, podemos estar hablando nosotros de una ampliación del déficit de un punto del PIB». Por ello, su postura es que «Chile no debería tocar los impuestos mientras no hace primero una reforma fuerte en el estado, en el gasto».
Las alternativas: Reformas de fondo y fin al «wokeismo» económico
En lugar de aplicar subsidios que considera ineficientes, De Gregorio instó a resolver trabas regulatorias que frenan la contratación. Mencionó que el problema de las 40 horas es que «la organización de los turnos se hace muy compleja. Entonces las empresas prefieren echar que contratar un turno nuevo». Por esto, sugiere «una flexibilización muy grande en materia de cómo se organizan los turnos».
También criticó la burocratización que paraliza la inversión, señalando que «nos pusimos en lo económico un poco wokeista. El Consejo Monumentos Nacionales tenía más efecto sobre el nivel de actividad económica que el Banco Central» al poder detener obras de infraestructura por largo tiempo.
Finalmente, hizo un llamado a recuperar la disciplina en las cuentas públicas. «lo más importante es tener una política fiscal saludable que en Chile hace muchos años hemos perdido un poquito el rigor que teníamos», aseveró. De Gregorio concluyó que cualquier cambio debe asegurar la sostenibilidad para evitar que las reformas tengan que revertirse en el futuro cercano.
