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El veredicto final: Los discos de Slayer ordenados de menor a mayor grandeza por Futuro

Una mirada exhaustiva a la discografía de los reyes del thrash. Clasificamos cada álbum de Slayer, desde sus experimentos más divisivos hasta las obras maestras que definieron el metal extremo.

Hector Muñoz Tapia |

Slayer 2009 World Painted Blood Web

Slayer 2009 World Painted Blood Web

Slayer no es solo una banda; representa la definición viva del thrash metal. Junto a Metallica, Anthrax y Megadeth, el grupo codificó el estilo que dominó la década de 1980. Su influencia es tan vasta que dio origen a ramas del metal extremo como el death, black y grindcore. A pesar de los cambios en la industria, los músicos se mantuvieron fieles a su esencia violenta y rápida.

En este especial, evaluamos su legado tras la muerte de Jeff Hanneman y la salida de Dave Lombardo. Clasificamos sus producciones de estudio considerando su impacto histórico y calidad compositiva. A continuación, presentamos este recorrido sonoro en orden decreciente, desde el eslabón más débil hasta su cima creativa absoluta. La previa perfecta para su regreso a Chile programado para el jueves 10 de diciembre en el Estadio Santa Laura.

12. Undisputed Attitude (1996)

Slayer decidió rendir un tributo agresivo a sus raíces punk y hardcore con este lanzamiento. El álbum incluye versiones de bandas legendarias como Minor Threat, D.R.I. y The Stooges. Aunque inicialmente planearon un disco de covers de heavy metal, el concepto cambió al no funcionar la idea original. Es considerado frecuentemente por la crítica como su esfuerzo más débil debido a la falta de material propio.

Sin embargo, el disco esconde una joya oscura titulada «Gemini», la única canción original de las sesiones. Este tema destaca por ser un monstruo de doom metal que avanza a un ritmo lento y sofocante. Por otro lado, la obra se vio envuelta en controversia debido a la inclusión del tema «Guilty of Being White». En conclusión, es una pieza vital para entender el ADN primitivo de la banda, aunque ocupe el puesto más bajo de su discografía.

11. Diabolus in Musica (1998)

Este álbum representa el momento en que Slayer prestó más atención a las tendencias externas del mercado. Durante el auge del nu-metal, la banda experimentó con guitarras afinadas en C# y ritmos más pesados. Jeff Hanneman compuso la mayor parte del material, buscando un enfoque experimental y único. No obstante, muchos críticos lo consideran un momento de crisis de identidad en su carrera.

A pesar de las críticas, canciones como «Stain of Mind» conservan un encanto percusivo que funciona bien en vivo. Tom Araya también exploró diferentes estilos vocales, alejándose de sus gritos tradicionales en varios pasajes. Por lo tanto, aunque el disco «opacó sus bordes afilados», sigue manteniendo el sonido inconfundible del grupo. Es, en definitiva, un experimento divisivo que suele habitar el sótano de sus rankings.

10. World Painted Blood (2009)

Este trabajo marcó la reunión final en estudio de la alineación original de Araya, King, Hanneman y Lombardo. El álbum funciona como un «menú de degustación» que recorre diversas eras musicales de la banda. Aunque fue bien recibido por recuperar la vibra viciosa de sus inicios, se notó cierta complacencia en el estudio. De hecho, se terminaron pocas canciones antes de entrar formalmente a grabar.

Adicionalmente, cortes como «Psychopathy Red» lograron un equilibrio perfecto entre la potencia moderna y la suciedad del underground. El baterista Dave Lombardo impulsó el material con un ritmo vertiginoso y preciso. Sin embargo, las tensiones internas y financieras comenzaron a afectar la cohesión del grupo en esa época. En resumen, es un disco sólido que sirve como un testamento respetable para los cuatro fundadores.

9. Christ Illusion (2006)

El regreso de Dave Lombardo a la batería inyectó una energía renovada y una precisión técnica impresionante. Gracias a esto, el álbum es visto como el sucesor espiritual de sus obras maestras de los noventa. La banda demostró que no temía tocar temas polémicos con canciones como «Jihad» y «Eyes of the Insane». Esta última pieza incluso les otorgó un premio Grammy a la mejor interpretación de metal.

Por otra parte, el sonido es moderno pero dinámico, capturando la agresión virulenta característica del cuarteto. Aunque algunos temas se sienten como «relleno» según ciertos expertos, el impacto general fue muy positivo. Slayer logró reclamar su trono en el nuevo milenio, generando lo que muchos llaman su «segunda ola» de thrash. Es un recordatorio sangriento de que la banda seguía siendo la autoridad del género.

8. Divine Intervention (1994)

Este fue el primer disco con Paul Bostaph en la batería, quien reemplazó al legendario Dave Lombardo. La banda decidió alejarse del satanismo hiperbólico para enfocarse en los horrores de la realidad humana. De este modo, exploraron temas como los asesinos seriales y la depravación en canciones densas. Temas como «213», inspirado en Jeffrey Dahmer, muestran su faceta más cínica y aterradora.

Sin embargo, la producción del álbum resultó algo inconsistente debido al uso de múltiples estudios y productores. A pesar de esto, Slayer se mantuvo firme frente al auge del grunge, negándose a suavizar su propuesta. Es un trabajo comúnmente incomprendido que captura a la perfección la oscuridad de los años noventa. En consecuencia, se sitúa como un disco denso que no ofrece respiros al oyente.

7. God Hates Us All (2001)

Lanzado fatídicamente el 11 de septiembre de 2001, este álbum se convirtió en la banda sonora nihilista de un mundo en llamas. Musicalmente, representa a un Slayer moderno, cargado de una rabia callejera y claustrofóbica. La voz de Tom Araya en canciones como «Disciple» suena más agresiva y llena de odio que nunca. Además, el grupo rechazó los experimentos previos para abrazar un sonido mucho más frontal.

Por otro lado, la producción de Matt Hyde buscó actualizar el sonido de la banda, aunque esto generó algunas tensiones internas. El disco contiene himnos como «Bloodline», que demostraron que el grupo aún tenía combustible suficiente. Aunque tiene algunos momentos cuestionables, es un «soplo de aire sulfúrico» necesario para la época. Definitivamente, consolidó su estatus como dioses del metal que no parpadean ante la oscuridad.

6. Repentless (2015)

El álbum final de Slayer estuvo profundamente marcado por la muerte de Jeff Hanneman y la salida de Lombardo. Gary Holt de Exodus realizó un trabajo admirable al ocupar el lugar del fallecido guitarrista. Este disco es esencialmente una reafirmación de los valores de Kerry King, diseñada para honrar a su compañero caído. El tema homónimo, «Repentless», se convirtió rápidamente en un clásico moderno del thrash.

Adicionalmente, canciones como «When The Stillness Comes» aportan una carga emocional cruda y una pesadez asfixiante. Aunque algunos extrañan las melodías melancólicas de Hanneman, el álbum logró silenciar a los detractores. Representa una despedida sólida y furiosa que mantuvo intacta la armadura sónica del cuarteto hasta el final. Es «boogeyman music» ejecutada con absoluta confianza.

5. Show No Mercy (1983)

Este debut es considerado el «Big Bang» que ayudó a definir el metal extremo moderno. Con un presupuesto mínimo, cuatro jóvenes de Los Ángeles crearon una bomba atómica de velocidad y maldad. Influenciados por Venom y la NWOBHM, establecieron un estándar de agresividad que no tenía precedentes. Temas como «Black Magic» y «Die by the Sword» se convirtieron en himnos instantáneos.

Asimismo, el álbum suena sorprendentemente punk y rudo incluso después de varias décadas. Aunque la producción es precaria, la convicción de la banda es absoluta y aterradora. Según varios críticos, este disco derribó la percepción que la gente tenía sobre lo que podía ser el metal pesado. En conclusión, es una piedra angular esencial que sentó las bases para géneros como el death y el black metal.

4. Hell Awaits (1985)

Si el primer álbum fue una declaración de guerra, Hell Awaits fue una invasión demoníaca técnica y ambiciosa. Las estructuras de las canciones se volvieron laberínticas y la atmósfera se tornó genuinamente inquietante. La introducción con voces invertidas del tema principal sigue siendo el estándar de horror en la música pesada. Este disco mostró a una banda que había perfeccionado su arte de la condenación.

Además, canciones como «At Dawn They Sleep» y «Necrophiliac» empujaron los límites de lo que era aceptable líricamente. La producción, aunque tosca, le otorga una «oscuridad orgánica» que fascina a los seguidores más fieles. Es ampliamente reconocido como el disco que preparó el terreno para la perfección absoluta que vendría después. Para muchos expertos, es el trabajo más desafiante y gratificante de toda su carrera.

3. South of Heaven (1988)

Después de lanzar el disco más rápido de la historia, Slayer tomó el riesgo audaz de reducir la velocidad. South of Heaven demostró que la banda poseía una musicalidad que iba mucho más allá de la rapidez pura. El riff inicial del tema homónimo es uno de los más icónicos y escalofriantes del metal. Gracias a este cambio, las habilidades compositivas de Hanneman y King brillaron con mayor claridad.

Por otro lado, el álbum introdujo ganchos más memorables y una variedad dinámica impresionante. Canciones como «Mandatory Suicide» y «Silent Scream» se convirtieron en piezas fundamentales de su catálogo. A pesar de que inicialmente algunos fans se sintieron traicionados por el ritmo lento, hoy es una obra maestra indiscutible. En resumen, es un ejercicio de pesadez atmosférica que consolidó su prestigio artístico.

2. Seasons in the Abyss (1990)

Este álbum representa la síntesis perfecta de todo lo que Slayer construyó en su primera década. Fusiona la ferocidad absoluta de Reign in Blood con la profundidad oscura y melódica de South of Heaven. Es aclamado como el trabajo más equilibrado y completo de la formación original en su punto más alto. Temas como «War Ensemble» recuperan la rabia, mientras que «Dead Skin Mask» explora horrores psicológicos reales.

Finalmente, la producción de Rick Rubin permitió que cada instrumento destacara en una colección de estándares del género. Es comercialmente el disco más exitoso de la banda, logrando certificaciones de oro por su gran alcance. Si el grupo se hubiera retirado en 1990, su legado ya sería impecable y perfecto. Por lo tanto, se sitúa como la corona de su madurez musical antes de las turbulencias de los años noventa.

1. Reign in Blood (1986)

Con solo 29 minutos de duración, este álbum es el monumento definitivo a la agresión sónica y el rey indiscutible del género. Producido por Rick Rubin, el disco eliminó cualquier adorno innecesario para enfocarse en la velocidad más pura y violenta. Desde el grito desgarrador de «Angel of Death» hasta el apocalíptico final de «Raining Blood», es una fuerza imparable. Se considera el plano maestro sobre el cual se edificaron el death metal y el grindcore.

Adicionalmente, la producción seca y clínica hizo que las guitarras sonaran como auténticas sierras eléctricas cortando la mezcla. Aunque es extremadamente corto, cada segundo de este disco es esencial, devastador y técnicamente perfecto. Es descrito como «hipérbole hecha forma física», un viaje sin retorno a través del infierno terrenal. Sin duda, reclama el primer puesto por su impacto histórico inigualable y su ferocidad eterna.

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