ENTREVISTAS

¿El Heavy Metal es salud mental? Neurocientífico explica por qué tu cerebro necesita «descargar pulsiones» con música extrema

El metal extremo no es solo ruido, según el experto Francisco Parada, quien revela cómo este género ayuda a canalizar emociones, sincronizar corazones y evitar "bombas de tiempo" emocionales.

Hector Muñoz Tapia |

Heavy Metal Publico Salud Mental Web

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El reciente paso de Megadeth por Chile ha reavivado una conversación que va mucho más allá de los riffs distorsionados y las poleras negras. Mientras miles de fanáticos llenaban el Movistar Arena, surge una pregunta que la ciencia está empezando a responder con claridad: ¿qué le sucede realmente a nuestro cerebro cuando se expone a la potencia del metal?

Francisco Parada, neurocientífico y director del Centro de Estudios en Neurociencia Humana (CEN) de la UDP, abordó este fenómeno derribando prejuicios históricos. Para muchos, el metal es sinónimo de agresividad, pero desde la neurobiología, la realidad es diametralmente opuesta.

La canalización: El secreto del bienestar extremo

La idea central que propone Parada es que el género no fomenta la violencia, sino que ofrece una vía de escape necesaria. Según el experto: «el metal, el el hardcore, ah, el dead metal, todas estas músicas y el rock, obviamente, son situaciones socialmente aceptables de canalizar emociones y ahí está el el gran concepto de que el cerebro necesita o el sistema nervioso, los organismos, necesitamos descargar estas estas pulsiones».

Esta necesidad de «descarga» es vital para el equilibrio emocional. Parada enfatiza que «hay un tema salud mental a la base de todo lo que nos cuentan nuestros auditores… la gracia del arte y de la música que canaliza todo lo que estaban hablando ahí es acerca de canalizar emociones, estados, sentimientos». Sin estas herramientas, el riesgo para el individuo es alto, ya que, en palabras del neurocientífico, si no se expresan estas sensaciones, «generáis una bomba de tiempo».

El metal como refugio emocional para los hombres

Uno de los puntos más agudos de la columna de Parada es cómo el metal ayuda a romper barreras de género en la expresión de sentimientos. El experto señala que, culturalmente, «a los hombres nos enseñan muy poco a hablar, sobre todo a los más viejos… no nos enseñan cómo ponerles nombre, cómo vivir estas emociones».

En este contexto, el metal se convierte en un lenguaje. «Nosotros lloramos, nos emocionamos, nos da rabia, pero todas estas cuestiones eh lamentablemente no nos enseñan cómo ponerles nombre, cómo vivir estas emociones». La música extrema permite que hombres que han sido instruidos para reprimir su vulnerabilidad encuentren un espacio donde entrar en «catarsis» o incluso en un estado de «bienestar pleno».

El cerebro de la «tribu de las poleras negras»

Más allá de la química individual de la dopamina, el metal genera un fenómeno social con raíces biológicas profundas. Parada explica que «pertenecer es una de las cosas que los organismos, sobre todo nosotros los mamíferos, lo necesitamos. Necesitamos ser vistos, necesitamos pertenecer». Es lo que él denomina la «tribu de las poleras negras».

Este sentido de pertenencia llega a niveles fisiológicos sorprendentes durante los conciertos. El neurocientífico menciona que «los procesos de sincronización están super bien descritos… podéis ver en los datos como la gente se empieza a sincronizar, literalmente tus lativos del corazón se sincronizan». Al salir de estos eventos, la experiencia se traduce en salud: «la gente declara sentirse pleno en conexión con los demás con una sensación, cachá. O sea, es el el arte, el el vivir, la cultura».

Transformar el dolor en arte

El caso de figuras como Dave Mustaine sirve para ilustrar este proceso de supervivencia emocional. Parada recuerda que el líder de Megadeth tuvo una «vida brutal, papá alcohólico, violencia intrafamiliar… el tipo no tiene dónde canalizar su salud mental». Sin embargo, la música permitió que él, al igual que muchos otros, transformara ese dolor de forma «socialmente aceptable».

Es por esto que, para la neurociencia moderna, no hay duda sobre el valor terapéutico de estos sonidos: «la música, el arte, todo esto es salud mental. Y si a usted le hace sentido el metal, el metal es salud mental, es bienestar, sin duda».

En conclusión, el heavy metal actúa como un regulador emocional crítico. Al permitirnos «sentir cosas fuertes», como describió un pequeño fan de 11 años citado en la columna, el género nos ayuda a procesar un «cóctel de emoción» que, de otra forma, podría quedar atrapado en el sistema nervioso. En un mundo que a menudo exige reprimir lo que sentimos, el metal nos invita, simplemente, a ser humanos.

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