Un día como hoy, el 24 de mayo de 1974, las disquerías del mundo recibían un trabajo que sellaría el destino de la primera gran era de David Bowie. Este trabajo fue «Diamond Dogs».
Tras haber asesinado públicamente a Ziggy Stardust sobre el escenario del Hammersmith Odeon en 1973 y haber lanzado el transitorio Aladdin Sane, el camaleón de la música británica necesitaba purgar los últimos vestigios del glam rock.
Lo que entregó a cambio fue un álbum conceptual, oscuro, decadente y profundamente profético que hoy cumple exactamente 52 años de historia.
Bienvenido a los «Diamond Dogs»
Originalmente concebido como una adaptación musical de la novela distópica 1984 de George Orwell, el proyecto fue cancelado luego de que la viuda del escritor le negara los derechos de autor. Por lo tanto, Bowie recicló sus ideas para dar vida a Hunger City: un páramo postapocalíptico habitado por jóvenes salvajes y decadentes.
El resultado fue un disco que, si bien mantenía un pie en el rock directo, supuso un salto sin retorno hacia la psicodelia densa. Además, exploró el soul mutante y una atmósfera de pesadilla urbana.
El control total del camaleón
En el apartado técnico, Diamond Dogs es un disco bisagra. Fue el primer álbum de la era dorada de Bowie que no contó con el respaldo de Mick Ronson ni de los legendarios Spiders from Mars. Ante la ausencia de su mano derecha en las seis cuerdas, el propio Bowie asumió el rol de guitarrista principal.
Esta decisión marcó a fuego la producción del LP. El estilo de Bowie con la guitarra no buscaba la pulcritud técnica de Ronson; en su lugar, entregó riffs sucios, ásperos, con una notable influencia de The Stooges. Además, mezcló arreglos de vientos casi teatrales y sintetizadores primitivos. Producido por el propio artista en los estudios Olympic de Londres y Holanda, el disco suena claustrofóbico, urgente y peligrosamente magnético.
Su enigmático cancionero:
Rebel Rebel
El corte definitivo del álbum y, paradójicamente, el último gran himno del glam rock tradicional. Con uno de los riffs más pegajosos e imitados de la historia de la música, funciona como una alegre pero desafiante despedida a toda la imaginería andrógina. Esta imaginería había definido su carrera hasta ese minuto.
Diamond Dogs
El tema homónimo introduce al oyente a la fauna de Hunger City con una vibra de rock bailable y arrastrado. Aquí, la guitarra de Bowie ruge con una crudeza espectacular.
Sweet Thing
La verdadera joya de la corona y la recomendación obligatoria para entender la oscuridad del álbum. Esta suite de tres partes es una obra maestra de la psicodelia oscura y el art-rock. Bowie despliega su rango vocal de barítono en una narrativa densa, decadente y nocturna.
1984
Una mirada directa a lo que viene. Con sus guitarras con efecto wah-wah y cuerdas dramáticas, esta canción adelanta el giro hacia el funk y el soul. El músico exploraría estos géneros a fondo en su siguiente trabajo, Young Americans.
El legado de Diamond Dogs
En 1974, la recepción del álbum estuvo dividida pero cargada de expectación. La crítica musical se mostró desconcertada ante la densa narrativa orwelliana y la crudeza de la producción casera de las guitarras. Ellos estaban acostumbrados al brillo pulido de sus obras anteriores.
Además, la portada diseñada por Guy Peellaert (que mostraba a Bowie como un ser híbrido mitad hombre, mitad perro) causó una enorme controversia y censura en la época. Por esto, obligaron a la discográfica a retocar los genitales de la criatura en las ediciones posteriores. A pesar de la polémica, fue un éxito comercial rotundo, alcanzando el número 1 en el Reino Unido. También llegó al top 5 en Estados Unidos.
