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The Doors y los 55 años de L.A Woman: la faceta más bohemia de Mr. Mojo Risin, que se acabó demasiado pronto

Volviendo a sus sonidos raíces en el blues, el cuarteto de Los Angeles se encerró una vez más en el estudio, en lo que seria una última vez.

Gabriel Ávila Morán |

The Doors 1971 (1)

The Doors 1971 (1)

Si el debut de The Doors fue una invitación a las puertas de la percepción, L.A. Woman es la crónica de una resaca existencial. A 55 años de su estreno, el álbum sigue resonando como el testimonio de una banda que decidió volver a las raíces para despedirse.

Tras el desencuentro creativo con su productor de siempre, Paul A. Rothchild (quien calificó el material de «cocktail music»), el grupo tomó las riendas junto a Bruce Botnick. Esta libertad fue la chispa que necesitaba el cuarteto para grabar un disco que suena a garaje, a carretera y a medianoche en Los Ángeles.

La mística del final de Jim y el sonido del blues

La producción de L.A. Woman tiene una atmósfera única: fue grabado en el estudio casero de la banda, sin presiones externas, lo que permitió que la voz de Morrison sonara más visceral que nunca. Jim ya no era el poeta de pose profética; aquí suena como un hombre cansado, que busca en el blues la honestidad que ya no encontraba en la fama. La mística que rodea este LP es innegable; es el disco de un artista que se estaba despidiendo de su propia vida, entregando versos cargados de una madurez inesperada.

Un tracklist que es historia pura

El disco es, de principio a fin, una sucesión de momentos cumbres, por un lado tenemos la maestría pop-rock del grupo en Love Her Madly, con una elegancia que escondía la fragilidad de su relación con Pam Courson. También se encuentra Been Down So Long», el blues más puro y descarnado del disco, donde Morrison grita sus frustraciones con una honestidad brutal.

Uno de los hits más grande llegaría en «L.A. Woman», el himno definitivo. Una carrera desenfrenada por las avenidas de la ciudad que termina en una catarsis vocal, recordándonos que nadie cantaba sobre la urgencia como Jim. No nos podemos olvidar de «Riders on the Storm», quizás el epílogo más hermoso de la historia del rock. Con ese piano que imita la lluvia y una atmósfera de jazz-noir, es la despedida perfecta: una canción que parece flotar fuera del tiempo.

Legado tras medio siglo

A 55 años de su lanzamiento, L.A. Woman se mantiene como la prueba de que el fin de una era puede ser glorioso. Mientras que muchos artistas se pierden en la autocomplacencia, The Doors se encontraron a sí mismos en su momento más oscuro. El álbum no solo dejó una huella imborrable en el rock, sino que sentó las bases para el rock alternativo y el estilo confesional de décadas posteriores.

Hoy, L.A. Woman no se escucha como un disco antiguo; se escucha como una leyenda que sigue caminando. Es el recordatorio de que, aunque el «Rey Lagarto» partió poco después hacia la eternidad, su voz se quedó atrapada en estos surcos, gritando por última vez con una potencia que, cinco décadas después, no ha perdido ni un gramo de su fuerza.

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