El Salón de la Fama del Rock & Roll atraviesa uno de sus momentos más polémicos tras el anuncio de los últimos nominados. Entre nombres que van desde Shakira hasta Iron Maiden, la discusión sobre qué significa realmente «ser rock» ha estallado nuevamente. Según el crítico de música Marcelo Contreras, la institución ha abandonado sus criterios de calidad e influencia para dar paso a una supervivencia desesperada basada en el mercado pop.
Respecto a la histórica exclusión del metal, Contreras es tajante: «El heavy metal es uno de los grandes damnificados todos los años y los críticos estadounidenses tienen una resistencia un poquito clasista porque está muy identificado con la clase obrera».
Negociaciones políticas: Cuando la «cadena productiva» vence al talento
Para Contreras, el Salón de la Fama ha perdido el rigor que lo caracterizaba en sus inicios en 1986. El proceso de selección actual se asemeja más a la política de los premios Grammy que a un reconocimiento de méritos artísticos.
«Vamos a utilizar un término técnico para definir todo esto: se chacreó el hall de la fama. Está chacreada. […] Aquí muchas veces no tiene que ver la calidad solamente o la influencia que para mí personalmente debieran ser los ítemes a considerar para pertenecer a una instancia como esta que define precisamente a los artistas que han marcado un camino que influyen a otros y que marcan, por cierto, también a la cultura popular. No es el caso. Tiene mucho que ver como todos estos premios con negociaciones. Hay mucha política en definitiva detrás de esto y los sellos grabadores hoy en día, las grandes productoras son ellos los que hacen todo este muñequeo».
Una medida desesperada para no desaparecer
La apertura hacia géneros como el R&B de New Edition o el pop de Pink no es casualidad, sino una estrategia para atraer a audiencias que ya no consumen el formato tradicional de banda de guitarras.
«Lo que ha pasado en los últimos 10 años es que se ha abierto el concepto de rock. Se entiende que el rock ya no es solamente rock y guitarras, sino que tiene que ver con una cultura. […] Comprendieron de que el rock ya no era una música que estuviera impactando las audiencias más jóvenes. Si uno chequea los listados hace ya 10, 15 años, tienes primero solistas, sobre todo femeninas, y el concepto de banda ya prácticamente está desaparecido. Entonces, yo creo que fue una medida eventualmente un tanto desesperada por parte de esta institución para poder seguir con vida, porque si no se iban a ir consumiendo lentamente por una cuestión generacional«.
El sesgo de los críticos: Contra el Metal y el Progresivo
La resistencia a bandas fundamentales como Iron Maiden o King Crimson responde a prejuicios históricos de la élite de la crítica estadounidense, quienes prefieren figuras más tradicionales y «seguras» como Bruce Springsteen.
«Hay una serie de periodistas estadounidenses que son instituciones de este tipo de crónica, pero que nunca les ha gustado el heavy metal, siempre han tenido mucha resistencia sobre el heavy metal y una cosa que yo personalmente creo que siempre ha tenido una cosa un poquito clasista porque está muy identificado con la clase obrera. Pero tampoco les gusta el rock progresivo porque lo encuentran pretencioso. Entonces, ¿qué es lo que le gusta a los críticos musicales estadounidenses? El roquero tipo Bruce Springsteen es el que le encanta, el que queda bien con todo».
El «Veto» de Jann Wenner y el poder de los fans
Contreras recuerda cómo el poder personal de figuras como Jann Wenner, fundador de Rolling Stone, ha determinado quién entra y quién se queda fuera de este panteón musical.
«A Rush le costó una enormidad entrar al Hall de la Fama y precisamente porque a Jann Wenner no le gustaba; o sea, Wenner dijo que si de él dependía esa banda nunca iba a entrar. Y bueno, ahí están los maravillosos archivos en YouTube que los pueden visitar. Cuando en 2013 el trío canadiense fue inducido, se vino abajo el teatro. ¿Por qué? Porque también ahí está el peso que han tenido finalmente los fanáticos».
«Mirarse al ombligo»: El sesgo estadounidense
Finalmente, se critica el carácter «ombliguista» de la institución, que ignora el éxito global de bandas británicas o internacionales si no han tenido un impacto masivo en el mercado de Estados Unidos.
«Hay otro aspecto a considerar en esta institución que es extraordinariamente representativa de este concepto que tienen los Estados Unidos sobre su propia cultura. Ellos son los reyes de las series mundiales y juegan ellos no más. […] Tiene mucho que ver con esta cosa de los estadounidenses de mirarse al ombligo. Por ejemplo, el rock inglés ya hace mucho rato que no tiene impacto. Blur en Estados Unidos es un one-hit wonder. Están solamente considerados por esta canción ‘Song 2’. Lo mismo pasa por ejemplo con A-ha».
