Hoy, el cine está de fiesta. Alfredo James Pacino, el hombre que nos enseñó que la actuación puede ser tanto un ejercicio de contención como una explosión de rabia volcánica, cumple 86 años.
Para homenajear a uno de los intérpretes más influyentes de la historia, repasamos diez papeles que no solo definieron su carrera, sino que cambiaron nuestra forma de entender el oficio del actor.
Michael Corleone (Trilogía de El Padrino)
El descenso a los infiernos. Pacino nos regaló la transformación más magistral del cine: de ser el joven héroe de guerra que desprecia los negocios familiares a convertirse en el frío y calculador Don Corleone. Su brillantez radica en el uso de los ojos; Pacino actúa con la mirada, transmitiendo cómo la frialdad va consumiendo su alma lentamente.
Frank Serpico (Serpico, 1973)
La encarnación de la integridad en un sistema podrido. Al Pacino se convirtió en el policía idealista que decide denunciar la corrupción de sus compañeros. Lo que hace brillante este rol es su vulnerabilidad; nos muestra a un hombre común, con sus miedos y excentricidades, luchando contra un mundo que no lo comprende.
Carlito Brigante (Carlito’s Way, 1993)
El antihéroe que busca la redención. En manos de Brian De Palma, Pacino construye a un exconvicto que intenta dejar atrás el crimen, pero que está condenado por su pasado. Es una actuación cargada de melancolía y una lealtad trágica que te rompe el corazón.
Tony Montana (Scarface, 1983)
El ascenso y caída del sueño americano en su versión más violenta. Al Pacino transforma a un refugiado cubano en un ícono de la avaricia desmedida. Su entrega aquí es visceral, desmesurada y puramente magnética; es el cine de excesos elevado a su máxima potencia.
Frank Slade (Perfume de Mujer, 1992)
El papel que finalmente le otorgó el Oscar. Como el teniente coronel ciego y amargado, Pacino explota en una actuación llena de energía, humor negro y un dolor profundo. El famoso tango y su discurso final son hitos de la actuación contemporánea.
Sonny Wortzik (Tarde de Perros, 1975)
Un atraco que sale mal y se convierte en una tragedia humana. Pacino brilla al interpretar a un hombre desesperado, alguien que no sabe cómo manejar la situación. Su capacidad para pasar del pánico al carisma frente a las cámaras lo hace inolvidable.
Jimmy Hoffa (El Irlandés, 2019)
Un regreso a la cima. Bajo la dirección de Scorsese, Al Pacino nos recuerda por qué es un gigante, lo que se demuestra con su interpretación de Hoffa es pura electricidad; es un hombre que irradia poder y terquedad, dominando cada escena con una voz y un gesto que te obligan a prestar atención absoluta.
Frankie (Frankie y Johnny, 1991)
Un respiro de calidez. Aquí vemos una faceta inusual: la del hombre romántico y sensible que busca una conexión genuina en una cafetería, como resultado, Pacino demuestra que, incluso sin los grandes dramas criminales, su capacidad de conexión con el espectador es inmensa.
Bobby (Pánico en Needle Park, 1971)
Su primer papel protagónico real. Pacino ya demostraba una madurez aterradora interpretando a un adicto a la heroína en Nueva York, en una actuación cruda, sin adornos, que nos introduce a ese «estilo Pacino» basado en la observación y la realidad descarnada.
John Milton (El Abogado del Diablo, 1997)
Pacino interpretando al mismísimo Diablo, por ende, el actor se divierte, mastica el escenario y nos regala una actuación llena de una malicia juguetona y un discurso final que es, sencillamente, una lección magistral de retórica e intimidación.
