El 15 de abril de 1997, el mundo recibió el décimo álbum de estudio de INXS. En ese momento, pocos imaginaron que aquel título, «Elegantly Wasted», terminaría siendo la descripción perfecta no solo de una estética. Además, terminó siéndolo del final de una de las figuras más magnéticas de la historia del rock.
Hoy, a casi tres décadas de su lanzamiento, el disco se erige como un cierre sombrío y sofisticado que nadie quería aceptar. Por ello, marcó el último registro fonográfico de una banda que parecía haber encontrado un nuevo aire antes de la tragedia.
El regreso al groove bajo una nueva luz
Tras el experimentalismo denso de Full Moon, Dirty Hearts, INXS decidió volver a las raíces que los hicieron gigantes. Ese híbrido infalible de funk, rock y pop bailable dominó los estadios del mundo. Sin embargo, en esta entrega la producción de Andrew Farriss y Bruce Fairbairn dotó al disco de una pátina de «elegancia nocturna» y una madurez sonora. Por esto, se alejaba del brillo neón de los 80 para abrazar la luz tenue de los clubes de jazz y la decadencia del fin de siglo.
Canciones como el single homónimo capturaban esa vibra de exclusividad y exceso. Mientras tanto, cortes como «Show Me (Cherry Baby)» recordaban la capacidad innata del grupo para crear ritmos infecciosos. Michael Hutchence lograba elevar esos ritmos con su inigualable interpretación vocal.
La búsqueda espiritual en las letras de Michael Hutchence
Bajo la superficie de las guitarras rítmicas y los sintetizadores, el álbum esconde una profundidad lírica que hoy suena premonitoria. En canciones como «Searching», escuchamos a un Hutchence más vulnerable. Explora temas de identidad y propósito que contrastaban con su imagen de «Dios del Rock» invencible. Su voz en este álbum ya no solo proyectaba deseo sexual. Ahora, había una sabiduría cansada pero seductora, y una honestidad que solo un artista que ha vivido mil vidas en pocos años puede transmitir.
El disco no solo era una colección de canciones de rock. Sin duda, era el testamento de un hombre que, a pesar de estar en el ojo del huracán mediático, seguía buscando una verdad emocional a través de su arte.
El impacto del 22 de noviembre y la despedida involuntaria
Es imposible escuchar este álbum sin el filtro del 22 de noviembre de 1997, el día en que Michael fue encontrado sin vida en Sídney. Este suceso transformó retroactivamente a «Elegantly Wasted» en un epitafio que nadie diseñó como tal. Temas como «Don’t Lose Your Head» o «We Are Thrown Together» adquirieron una dimensión sombría. Así, se convirtieron en el eco de una despedida que el público no estaba listo para recibir.
El álbum cerró la historia de la alineación original de INXS en el estudio. Dejó un legado musical donde el carisma de Hutchence brilló por última vez con toda su intensidad. Nos recuerda que se fue como siempre vivió: con una elegancia salvaje que el rock no ha vuelto a replicar.
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