En el mundo de la lucha libre profesional y la WWE, las tradiciones suelen ser sagradas: el rito de entrada, el saludo al público o el gesto icónico antes del remate. Sin embargo, Drew McIntyre ha decidido romper el manual de estilo.
Desde Wrestlemania XL, el cuatro veces campeón mundial ha instaurado una costumbre que desafía la lógica del kayfabe y la intensidad de la «Vitrina de los Inmortales»: twittear y postear en medio de las batallas más violentas de su carrera.
Lo que comenzó como una muestra de arrogancia se ha convertido en una firma personal que, para bien o para mal, ya define su paso por el magno evento.
Wrestlemania XL: El inicio del «Aburrido en el trabajo»
Todo comenzó en Filadelfia. McIntyre se enfrentaba a Seth «Freakin» Rollins por el Campeonato Mundial de Peso Pesado de la WWE. En un escenario donde cualquier luchador estaría concentrado en la estrategia, Drew decidió que era el momento perfecto para interactuar con sus seguidores.
En plena contienda, dejó claro su desdén por el campeón mundial publicando: «Aburrido en el trabajo LOL». Fue una declaración de principios: para el escocés, derrotar a Rollins era un trámite menor. Aunque se alzó con el título, la karma le devolvió el gesto minutos después cuando un enfurecido CM Punk le costó el reinado, marcando el inicio de su espiral de odio.
Wrestlemania XLI: El «Selfie» de la brutalidad
La tradición se volvió más táctica (y tétrica) en la cuadragésima primera edición del evento top de la WWE. Durante su violenta lucha callejera contra Damian Priest, McIntyre no se conformó con un texto. Tras someter al boricua bajo una lluvia de castigos, el escocés buscó su teléfono, se colocó junto al cuerpo inerte de su oponente y se tomó una selfie con la leyenda: «Aún aburrido en el trabajo». La imagen de un McIntyre impávido frente a un Priest destruido fue la postal definitiva de su arrogancia actual. En esta ocasión, la cábala le trajo la victoria.
Wrestlemania XLII: El riesgo de la desconexión
La noche de ayer, la apuesta subió de nivel. Contra el imponente Jacob Fatu, McIntyre llevó su «cábala» a los reels de Instagram. En medio de un intercambio brutal, Drew hizo una pausa dramática, sacó el celular y lanzó una burla directa a la cámara: «Les deseo Feliz Wrestlemania junto a este chico», dijo, antes de usar el mismo teléfono como un arma contundente contra el cráneo de Fatu.
Pero, como bien dicen, el que juega con fuego termina quemándose. La distracción tecnológica le costó cara: la soberbia de mirar la pantalla le abrió la puerta a la furia samoana de Fatu, quien terminó enviando a McIntyre a través de una mesa de madera, finiquitando el combate y demostrando que, a veces, las redes sociales pueden ser el peor enemigo de un luchador.
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