Corría el año 1996 y Soundgarden recorría la costa oeste de Estados Unidos (la famosa autopista I-5) promocionando Down on the Upside. Internamente, la banda era una olla a presión: diferencias creativas y tensiones personales estaban a punto de detonar la separación que duraría 15 años.
Cualquiera pensaría que un registro en vivo de esa época capturaría a un grupo cansado; sin embargo, «Live on I-5», lanzado un día como hoy en 2011, nos mostró todo lo contrario.
La tormenta perfecta sobre el escenario
Lo que hace destacar a este álbum, publicado justo antes de su regreso definitivo con King Animal, es la ferocidad técnica de sus cuatro integrantes. Lejos de sonar fracturados, el disco nos entrega a un Chris Cornell en un estado de gracia absoluto. Su voz suena poderosa y cruda. Además, alcanza notas imposibles con una facilidad que, en años posteriores, sacrificaría por un control más nasal. Es el Cornell volcánico de los 90 en su máxima expresión.
Por su parte, la sección rítmica se siente más pesada que nunca. El bajo de Ben Shepherd marca el pulso con una precisión quirúrgica, mientras que Matt Cameron se luce con una batería furiosa y expansiva. De esta forma, nos recuerda que su faceta en Soundgarden siempre fue mucho más visceral que su trabajo contenido en Pearl Jam. Sumado a esto, las guitarras de Kim Thayil se permiten libertades que los álbumes de estudio no siempre capturaron. Así, se agregan capas de ruido y psicodelia que elevan los himnos del grunge a otra dimensión.
De clásicos como «Black Hole Sun» a covers explosivos
El tracklist es un viaje por la columna vertebral de la banda, rescatando lo mejor de Badmotorfinger, Superunknown y las entonces nuevas composiciones de Down on the Upside. Pero donde realmente brilla la banda es en las relecturas de sus influencias. Las versiones de «Helter Skelter» de los Beatles y «Search and Destroy» de The Stooges son, sencillamente, impecables. Aquí vemos a cuatro músicos dándolo todo como si fuera el último show de sus vidas.
Lo que termina de consagrar este registro es la selección de joyas que exploran las texturas más densas y experimentales de la banda. Canciones como «Searching With My Good Eye Closed» y «Jesus Christ Pose» adquieren una dimensión física en vivo, con un Cornell que estira sus cuerdas vocales hasta el límite de la cordura. La pesadez de «Fell on Black Days» y la oscuridad rítmica de «Head Down» demuestran la cohesión magnética del grupo. Finalmente, la velocidad de «Let Me Drown» nos recuerda la urgencia punk que siempre habitó en su ADN. Pero existe una sorpresa más, que llega con su interpretación de «Waiting for the Sun». El cover de The Doors es ejecutado con una mística tal, que Soundgarden logra apropiarse del clásico de Morrison para bañarlo en el lodo y la distorsión del Noroeste. Así, lo convierte en uno de los puntos más altos y psicodélicos de toda la gira.
El prólogo del regreso
Lanzar este material en marzo de 2011 no fue casualidad. Fue la forma en que la banda le recordó al mundo (y a ellos mismos) de lo que eran capaces antes de embarcarse en su retorno con «Live to Rise». ‘Live on I-5’ funciona como una cápsula del tiempo. Nos dice que, incluso cuando el barco se hundía, la orquesta de Soundgarden tocaba mejor que nadie.
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