La 98.ª edición de los Premios de la Academia no será recordada como una fiesta de sonrisas protocolares y agradecimientos vacíos. Este domingo, el Dolby Theatre se transformó en un podio de resistencia.
En una ceremonia cargada de «electricidad», dardos políticos y discursos con veneno, la gran triunfadora fue «One Battle After Another». Esta obra maestra de Paul Thomas Anderson se consolidó; como el espejo más crudo de la actualidad. Por eso, se llevó 6 estatuillas doradas.
El fin de la sequía para un gigante
Tras años de ser el eterno nominado y uno de los directores más respetados pero «ignorados» a la hora de los grandes premios, Paul Thomas Anderson finalmente dio el golpe de gracia. «One Battle After Another» está ambientada en una América convertida en estado policial. No solo ganó Mejor Película, sino que le otorgó a Anderson su primer Oscar a Mejor Dirección.
El filme arrasó en categorías clave, demostrando un dominio técnico y narrativo absoluto:
Mejor Película
Mejor Dirección (Paul Thomas Anderson)
Mejor Guion Adaptado
Mejor Montaje
Mejor Casting (Categoría debutante)
Mejor Actor de Reparto (Sean Penn, quien fiel a su estilo, no asistió a la gala).
Un Hollywood con los dientes apretados
La gala fue conducida por un Conan O’Brien mucho más consciente y menos complaciente. Así, quedó claro desde el monólogo inicial que el cine es un espacio de «colaboración y resistencia». No hubo burbuja de cristal: Javier Bardem sacudió la sala con un grito de «Palestina libre y No a la guerra». Mientras tanto, Jimmy Kimmel no escatimó en dardos contra Donald Trump y las amenazas a la libertad de expresión.
El clima de tensión se elevó con el premio a Mejor Documental para «Mr. Nobody Against Putin». Su codirector, David Borenstein, lanzó una advertencia escalofriante sobre cómo la complicidad silenciosa puede destruir a una nación. Este fue un mensaje que resonó con fuerza mucho más allá del conflicto ruso.
El contrapunto de «Sinners»
Aunque el dominio de Anderson fue claro, «Sinners» no se quedó atrás. Cerró la noche con 4 premios de peso, incluyendo el tercer Oscar para el compositor Ludwig Göransson. De hecho, la competencia entre ambas cintas reflejó un cine «musculoso», abiertamente político y que dialoga de frente con las angustias del presente.
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