Un 14 de marzo, pero de 1995, el epicentro del rock mundial aún procesaba los ecos del terremoto grunge. En ese momento apareció una obra que se sentía radicalmente distinta: «Above», el único álbum de Mad Season.
Lejos de la distorsión furiosa de los estadios, este supergrupo nacido de la necesidad de sanación reunió a Layne Staley (Alice in Chains), Mike McCready (Pearl Jam), Barrett Martin (Screaming Trees) y John Baker Saunders.
A más de tres décadas de su estreno, el disco se erige como el testamento espiritual de una generación. Esta generación, en la cima de su éxito, buscaba refugio en la introspección y el blues más oscuro.
Mezclando la crudeza del grunge con la sutileza del blues
La instrumentalización de este trabajo es una exploración hipnótica que se aleja de las estructuras convencionales del rock alternativo. Mike McCready, liberado de los himnos de arena de Pearl Jam, entregó aquí sus texturas más ricas y sensibles. Además, utilizó la guitarra para pintar paisajes melancólicos en lugar de solo construir riffs.
Por su parte, la sección rítmica de Martin y Saunders aportó una base con tintes de jazz y rock progresivo. Así, lograron un sonido orgánico y nocturno que hacía que cada canción se sintiera como una sesión de espiritismo sonora. Aquí, el espacio y el silencio eran tan importantes como la nota misma.
Líricamente, el álbum es una ventana cruda al alma de Layne Staley. En cortes como el hipnótico inicio de «Wake Up» o la desgarradora «River of Deceit» (inspirada en la prosa de Khalil Gibran), Staley se despoja de sus defensas para hablar de la elección del dolor y la búsqueda de redención. La participación de Mark Lanegan en la sofisticada «Long Gone Day» añade una capa de profundidad barítona que contrasta con la vulnerabilidad de Layne. Además, la rabia contenida en «I Don’t Know Anything» y la estridencia de «I’m Above» nos recuerdan que, bajo la calma, la tormenta interna seguía rugiendo con fuerza.
Un diamante que cuidar
La recepción de «Above» en 1995 fue la de un tesoro inesperado; la crítica y los fans celebraron la madurez de unos músicos que no temieron sonar vulnerables ni experimentar con saxofones y vibráfonos. Hoy, recordamos a Mad Season y esta obra no solo como un «proyecto paralelo», sino como la cumbre artística de sus integrantes. Es un disco que demostró que el grunge no era solo angustia adolescente. Más aún, fue una forma de arte capaz de alcanzar una belleza solemne y eterna sobre las heridas del presente.
