Hoy celebramos más que un aniversario; celebramos una de las transformaciones más audaces en la historia del rock. Un día como hoy en 1975, David Bowie lanzaba su noveno álbum de estudio, «Young Americans».
Tras haber desintegrado a Ziggy Stardust y experimentado con el caos distópico de Diamond Dogs, el Duque decidió cruzar el Atlántico. Así, se sumergió de lleno en el sonido de Filadelfia.
El nacimiento del «Plastic Soul»
Bowie, siempre un paso por delante, abandonó el glam rock para abrazar el R&B y el Soul. Para lograr la autenticidad que buscaba, se rodeó de músicos excepcionales en los Sigma Sound Studios. Entre ellos, destacó la presencia de un jovencísimo y talentoso Luther Vandross. Este no solo hizo coros, sino que ayudó a dar forma a los arreglos vocales del disco.
El resultado fue lo que el propio Bowie llamó irónicamente «Plastic Soul»: una interpretación británica, blanca y sumamente elegante de la música negra que estaba dominando las listas estadounidenses.
«Fame»: El encuentro de dos galaxias
Si hay un momento cumbre en este disco es, sin duda, «Fame». La canción no solo es un himno funk irresistible, sino que cuenta con la colaboración de otra leyenda absoluta: John Lennon.
La historia cuenta que ambos se conocieron en Nueva York y, tras una jam session improvisada sobre el tema «Footstompin'», surgió este riff hipnótico. Lennon no solo aportó en la guitarra y en los coros (su voz haciendo el eco de «Fame» es inconfundible). Además, co-escribió la letra, reflexionando sobre la naturaleza tóxica del estrellato que ambos conocían tan bien. Fue el primer número uno de Bowie en Estados Unidos. Así, selló su conquista del mercado americano.
El puente hacia Berlín
Young Americans fue el disco que permitió a Bowie limpiar su paleta de colores. Al dejar atrás el maquillaje y las guitarras eléctricas saturadas, abrió la puerta a la experimentación sonora que más tarde veríamos en la Trilogía de Berlín (Low, «Heroes», Lodger). Aunque aquí todavía escuchamos saxofones calientes y ritmos bailables, la alienación y la búsqueda de nuevos lenguajes ya estaban presentes.
A 51 años de su lanzamiento, canciones como el tema homónimo o «Win» siguen sonando frescas. Esto demuestra que David Bowie no seguía tendencias: las creaba y luego las abandonaba antes de que alguien más pudiera alcanzarlas.
