El Parque O’Higgins fue el escenario de un fenómeno que trascendió lo musical para transformarse en un profundo termómetro social. Pato Cuevas, tras recorrer las «entrañas» del evento, describe una edición de Lollapalooza 2026 donde la escena nacional reclamó un espacio de peso, asegurando que «los artistas chilenos están teniendo no solamente un protagonismo en términos de cantidad en el Lollapalooza, sino de importancia».
Según el periodista y conductor de La Ley del Rock, el festival estuvo atravesado por una «sensación artística de lo que significa el shock de la instalación de un gobierno de derecha en Chile», lo que impulsó a los músicos a realizar una «observación al respecto sobre los autoritarismos».
La política en Lollapalloza Chile 2026
Esta atmósfera de compromiso fue encendida por Tom Morello. El ex Rage Against the Machine actuó como un catalizador emocional al declarar que «todo acto artístico, todo acto de poesía musical es un acto de rebeldía. Es un acto de acción política muy importante». Sus palabras resonaron en bandas jóvenes como Hesse Kassel. Su vocalista afirmó ante la multitud que «no opinar acerca de política es una equivocación». Incluso propuestas más extremas, como la de Candelabro, proyectaron imágenes de mandatarios con suásticas. Un acto que Cuevas calificó como «demasiado virulento» o falto de «tino». Pero que reconoció como una reacción transversal ante el clima político.
La defensa de la democracia también encontró un puente generacional en el cruce histórico entre Quilapayún y Los Bunkers. Ver a una agrupación marcada por el «exilio y los derechos humanos» colaborar con unos Bunkers que hoy muestran una «estatura mundial» fue un recordatorio de la necesidad de «cuidar la democracia». En esta misma línea de relevancia editorial, Cuevas destacó a figuras como Cristóbal Briceño. Del líder de Fother Muckers valoró su capacidad de evolución al estar «cambiándose la piel una y otra vez» sobre el escenario.
31 Minutos merece escenario principal
Uno de los puntos de mayor debate fue el fenómeno de 31 Minutos, cuya ubicación en el escenario infantil fue calificada por Cuevas como uno de los grandes errores de la organización, sentenciando que «ya no pueden estar en Kidzapalooza. Es un espectáculo de escenario principal».
Para el periodista, la agrupación ya posee una «estatura internacional» y una «mirada de frente» que considera que «hace mucha, mucha falta» en el contexto actual. En una vereda distinta, la banda argentina 2 Minutos transformó su set en «una fiesta». Provocando una regresión emocional que Cuevas describió «como estar en el 98 y como un stand-up».
Momentos memorables
En el plano internacional, el festival regaló momentos memorables con la potencia de Turnstile, definida por Cuevas como «la mejor banda que vimos en términos de espectáculos en vivo». Y la propuesta de Lorde, cuyo show fue «descarnadísimo y profundamente femenino». Asimismo, el cocductor de La Ley del Rock destacó a Chapel Roan como una «gran artesana de canciones». Una que cerró la jornada con temas de «pop perfectos». A pesar de ser un evento para «privilegiados» con entradas de «altísimo precio», Cuevas valoró que la organización no aplicara «ningún tipo de censura creativa».
«Me quedo con la sensación de que tenemos un catálogo de música chilena a la vanguardia», concluyó con orgullo Pato Cuevas al cierre.
