Noticias

49 años de ‘Let There Be Rock’, el momento en que AC/DC se volvió peligroso

Un 21 de marzo pero de 1977, AC/DC estrenó su cuarto álbum de estudio, responsable de crear el auge del trueno y su llegada a los estadios.

Gabriel Ávila Morán |

Ac/dc

Ac_dc

Hay discos que suenan a estudio de grabación y otros que suenan a sudor, válvulas quemadas y una urgencia casi animal. Un día como hoy, hace exactamente 49 años, AC/DC lanzaba ‘Let There Be Rock’.

El que fue su cuarto trabajo de estudio y el álbum que, para muchos puristas, define la verdadera esencia de la banda: un blues pesado, acelerado y con los dientes apretados.

Bajo la producción de los legendarios Harry Vanda y George Young, el triunvirato compositivo de Bon Scott, Angus y Malcolm Young logró capturar una energía que sus trabajos anteriores apenas susurraban. Aquí no había espacio para la sutileza; era la proclamación de una nueva religión eléctrica.

Los pilares del trueno

El álbum abre fuego con «Go Down», pero es con «Dog Eat Dog» donde sentimos el ritmo implacable de Malcolm, esa mano derecha que funcionaba como un metrónomo de acero. Sin embargo, el disco se inmortaliza con tres cortes que hoy son piezas de museo del rock:

«Let There Be Rock»: El himno homónimo es una epopeya que narra la génesis del rock con la voz bíblica de Bon Scott. El duelo de guitarras al final de la canción es, posiblemente, uno de los momentos más frenéticos de la carrera de Angus.

«Whole Lotta Rosie»: Inspirada en una de las conquistas de Scott en Tasmania, esta canción se convirtió en el cierre obligado de sus shows. Es puro groove y una oda a la honestidad del rock callejero.

«Hell Ain’t a Bad Place to Be»: Un medio tiempo machacante que demuestra que no necesitaban ir a mil kilómetros por hora para sonar pesados.

La mística del estudio

La grabación de este LP de AC/DC está rodeada de leyendas. Se dice que durante la toma de la canción que da nombre al disco, el amplificador de Angus Young comenzó a sacar humo y a derretirse. En lugar de detenerse, George Young le hizo señas para que siguiera tocando hasta que el equipo muriera. Esa urgencia quedó plasmada en el audio: es el sonido del colapso eléctrico.

Además, fue el último álbum que contó con Mark Evans en el bajo, quien fue despedido poco después debido a diferencias creativas con Angus, dando paso a la era de Cliff Williams.

El legado de ‘Let There Be Rock’

En su estreno, la crítica británica y estadounidense se mostró dividida; algunos no entendían la crudeza casi primitiva del sonido. Pero el tiempo, el juez más justo del rock, le dio la razón a los australianos. ‘Let There Be Rock’ fue el puente que sacó a AC/DC de los clubes y los lanzó a los estadios.

Hoy, a casi medio siglo de su salida, el disco sigue siendo la referencia absoluta para cualquier banda que quiera entender cómo se toca el Hard Rock. Sin este álbum, no existiría el Thrash Metal ni la actitud del Punk-Rock más pesado.

Lo más reciente

39 años de ‘Still of the Night’, el rugido con el que Whitesnake conquistó el mundo

Si bien la agrupación conquisto nuestros corazones con la apasionante "Is This Love", antes de ver la luz nuestro oídos se volcaron al single

Pink Floyd y los 43 años de «The Final Cut»: el último álbum de Roger Waters que debió haber sido un soundtrack

En un principio se ideó que LP fuese un apoyo auditivo para el film "The Wall" de 1982, sin embargo, la visión de Waters cambió las cosas.

46 años de «Living After Midnight», el himno que bañó de oro y platino a Judas Priest

Judas Priest nos demostró que si tienes un riff que consideras interesante, despertar a tu vocalista en plena medianoche puede ser brillante.

Salir de la versión móvil