Tras una separación formal, aunque aparentemente no espiritual, cada uno de los hermanos Safdie tomó su respectivo camino con estrenos en sintonía dramática y deportiva durante el 2026. Estos consisten en The Smashing Machine (Ben Safdie) y Marty Supreme (Josh Safdie).
Por mucho que exista un lenguaje compartido por parte de los hermanos en estas producciones, también es cierto que ninguno realmente traiciona aquello que los hizo grandes en un comienzo. O al menos populares. Entendiendo estos recursos comunes como los que permiten la acumulación de situaciones adversas tratadas con tensión y comedia en un estilizado equilibro que aparenta perfección. Es exactamente la fórmula tonal de Good Time y Uncut Gems y está de vuelta en Marty Supreme.
Hay cierto movimiento entre la crítica que se ha obsesionado por señalar al denominado «Safdie bueno». Como si cintas de la calaña de Good Time no hubiesen sido concebidas en dúo y eso fuese precisamente lo que las hace interesantes. Tiene que ver con la química inherente que se da cuando dos fuerzas creativas colaboran. Sin contar que todas las películas de la historia son, en esencia, la suma de un montón de partes y de fuerzas creativas.
El diálogo entre forma y fondo
Ahora, lo que si se debería reconocer es que esta película es casi tan carente de fondo como otras piezas de los hermanos Safdie. Y quizá por el único lugar desde donde se salva de ser una película que descanse exclusivamente en su forma -tan frenética- es en el hecho de que, a través de pequeños matices, Josh Safdie logra construir cierta tridimensionalidad en torno al personaje de Timothée Chalamet, Marty Mauser. Quien, por cierto, aunque se diga que su papel evoca la vida de Marty Reisman, la realidad es que el guion de Marty Supreme está bastante alejado de esa búsqueda.
Tampoco es una tridimensionalidad demasiado intrincada. Más bien lo contrario. Un personaje que se define por sus frustraciones, pero siendo estas ilustradas precisamente por situaciones frustrantes (para el protagonista, mientras que satisfactorias para el espectador).
Sin embargo, esto último ni de cerca exime a la película de dar con el mejor protagonista que Josh Safdie ha sido capaz de construir. Al menos en términos de guion, indiferentemente de cómo esté filmado. Sobre esto último, es ciertamente un tema determinante que esta película se exhiba de la mano de todo el ruido en torno a sus propias nominaciones a los grandes premios de la industria. Precisamente porque estas invitan a apreciar la película de otra forma. Por ejemplo, la dirección y el diseño de producción ciertamente consideran una sinergia que, de paso, condiciona a la cámara en lo que puede hacer o filmar. Y se nota particularmente en cómo se desenvuelve un diseño de producción que, aunque exitoso, puede ser algo económico en su despliegue.
El lenguaje de Josh Safdie como narrador
Se puede atender perfectamente el caso de que Marty Supreme (y, por extensión, la filmografía de los Safdie) responde a códigos propios del lenguaje de Martin Scorsese. Hay quienes se refieren a sus películas de los noventa, y quienes prefieren apuntar a otras más clásicas como After Hours. La realidad es que el verdadero atractivo de la trama de Marty Supreme -y sobre todo para efectos de lo que rodea a su protagonista- tiene que ver con la presentación de esta forma, hoy inédita, de vivir la vida en un espíritu que entrelaza adolescencia con adultez temprana de la manera en la que lo hicieron en su momento cintas como I Wanna Hold Your Hand, de Zemeckis, o American Graffiti, de George Lucas (por cierto, ambas películas debut). Gente enérgica, joven y sin nada que perder.
Salvo por la filmografía de los Safdie, este lenguaje narrativo se convirtió en una manera de esquematizar las tramas que, con el tiempo y el un crecimiento exponencial tanto urbano como de un cine más calmo, quedó más relegado a películas como los westerns rurales. Tramas que se desarrollan en las verdaderas tierras de nadie.
El mayor valor de Marty Supreme, en términos de lenguaje, es su guion. Está bien que quizá Timothée Chalamet haya dado la mejor interpretación de su carrera u otras asignaciones similares con las que se suele apelar al valor de esta película. Pero lo que no es necesariamente cierto es que él levanta la película por si solo, pues se enmarca en un guion estructurado de manera excelente y sobresaliente para los lenguajes y las energías narrativas de hoy por hoy. Al menos en Hollywood. La tierra en la que, por cierto, se puede hacer el caso de que es justamente donde se dan las tramas de mayor celeridad.
En esencia, una película lograda con creces
No es exactamente cuestionable recaer en lugares comunes para referirse a Marty Supreme simplemente simplemente como una película «divertida». En especial porque, en esencia, eso es precisamente lo que la película es. Aún atendiendo que probablemente sean pocas las atribuciones adicionales que se le puedan otorgar al fondo del planteamiento del guion. Pero por cierto, no se puede dejar de mencionar que es un guion redondo como no muchos se hacen al año. Ante todo, es un guion responsable. Cada acto pasa por su respectiva consecuencia y eso despierta un nivel de satisfacción inédito. No hay ninguna duda de que es una de las películas más imperdibles de la temporada.
Sigue a FUTURO.cl en Google Discover
Recibe nuestros contenidos directamente en tu feed.
Seguir en Google