Un 12 de febrero de 1971, Deep Purple lanzaba «Strange Kind of Woman», un sencillo que consolidaría la era del «Mark II». Además, se convertiría en un pilar inamovible de sus presentaciones en vivo.
Tras la crudeza de In Rock, la banda regresaba con un sonido un poco más refinado. Sin embargo, mantenían la misma electricidad que los puso en la cima del rock británico.
El arte del contrapunto por Blackmore y Gillan
Lo que hace que «Strange Kind of Woman» destaque no es solo su riff contagioso con tintes de blues-rock. También es la química casi telepática entre sus integrantes. La canción es recordada, sobre todo, por ese legendario «duelo» final entre la guitarra de Ritchie Blackmore y la voz de Ian Gillan.
En esta pista, Gillan imita con una precisión asombrosa los bends y las ráfagas de la Fender Stratocaster de Blackmore. Además, eleva sus agudos hasta límites imposibles. Este juego de «llamada y respuesta» se volvió tan icónico que pasó a ser el momento más esperado de los conciertos de Deep Purple. Incluso, se extendió por varios minutos en versiones históricas como la de Made in Japan.
Una historia de amor y tragedia
Líricamente, la canción nos sumerge en una historia de fascinación por una mujer de vida complicada. Originalmente titulada «Prostitute», la letra narra el enamoramiento de un hombre por una mujer que «no era una dama». Él intenta redimirla solo para terminar perdiéndola de forma trágica poco después de casarse. Es una narrativa clásica del rock: el deseo, la perdición y un toque de melancolía bohemia.
Aunque no se incluyó originalmente en la edición británica del álbum Fireball, el tema se convirtió en un éxito masivo. Alcanzó el número 8 en las listas del Reino Unido. Con el bajo galopante de Roger Glover, la batería precisa de Ian Paice y los teclados atmosféricos de Jon Lord, «Strange Kind of Woman» es el ejemplo perfecto de una banda funcionando como un motor perfectamente aceitado.
Hoy, a 55 años de su estreno, sigue siendo la prueba de que el Hard Rock de los 70 no solo se trataba de volumen, sino de virtuosismo y alma.
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