Un 13 de febrero de 1965, las disquerías de Estados Unidos recibían una pieza que hoy es de culto: «The Rolling Stones, Now!».
Mientras que en Gran Bretaña la banda consolidaba su camino con lanzamientos numerados, en Norteamérica el sello London Records armaba un rompecabezas sonoro. Este rompecabezas terminó convirtiéndose en una de las entregas más crudas y esenciales de sus primeros años.
A 61 años de su estreno, revisitamos la historia de este LP. Este disco funcionó como un puente estratégico y una primicia absoluta para el público estadounidense.
Un rompecabezas de exportación
Para entender «The Rolling Stones, Now!», hay que mirar hacia el otro lado del Atlántico. En ese momento, los seguidores británicos tenían en sus manos el «Rolling Stones No. 2». Sin embargo, el mercado estadounidense exigía material nuevo a una velocidad distinta.
El álbum es, en esencia, una mezcla magistral. Tomó siete canciones del No. 2 británico y las combinó con sencillos que no habían aparecido en álbumes previos. Sin embargo, el gran valor histórico reside en que incluyó temas que meses más tarde formarían parte de «Out of Our Heads». Ese disco sería técnicamente su tercer álbum de estudio en el Reino Unido, pero el cuarto en ver la luz en EE. UU.
La primicia de «Out of Our Heads»
Para el fan norteamericano de 1965, este disco fue la puerta de entrada a un sonido más maduro y afilado. Contener adelantos de lo que sería Out of Our Heads le otorgó a este lanzamiento un carácter de «exclusividad» involuntaria.
Temas como «Heart of Stone» mostraron a una dupla Jagger/Richards empezando a dominar la composición propia. Se alejaban un poco de las versiones de blues y R&B para encontrar ese sello cínico y oscuro que los definiría décadas después.
Recepción y legado en suelo norteamericano
La recepción en Estados Unidos fue inmediata y explosiva. El álbum alcanzó el puesto número 5 en el Billboard 200 y fue certificado como disco de oro. La crítica de la época —y la posterior— lo ha señalado como uno de los discos más «negros» de los Stones. Así, captura la esencia del soul y el rhythm and blues de Chicago con una fidelidad casi religiosa.
Curiosamente, aunque fue un disco «armado» por la discográfica para cubrir la demanda, muchos críticos (incluyendo a Robert Christgau) lo consideran uno de los mejores trabajos de su primera etapa. Incluso, superando a sus contrapartes británicas por su cohesión sonora.
