Un 12 de febrero de 1997, el firmamento de Hollywood sumó oficialmente a una de sus estrellas más brillantes y disruptivas. Además, en una ceremonia que congregó a cientos de fanáticos frente al 7021 de Hollywood Boulevard, David Bowie fue galardonado con su propia estrella en el Paseo de la Fama. Así, consolidó un legado que para entonces ya había transformado la música, el cine y la moda.
El reconocimiento merecido de Bowie
Para finales de los 90, Bowie ya no tenía nada que demostrar. Sin embargo, el reconocimiento en la categoría de «Grabación» era una deuda pendiente de la industria con el hombre que había caído a la Tierra. La entrega de la estrella ocurrió en un momento de plena vigencia creativa para el artista. Apenas un año antes entró al Salón de la Fama del Rock and Roll y se encontraba explorando sonidos industriales con su álbum Earthling.
Aunque Bowie siempre mantuvo una relación ambivalente con la fama masiva y el estrellato convencional, su paso por California dejó una huella imborrable. Por ejemplo, desde su icónica interpretación en The Man Who Fell to Earth hasta su etapa más experimental. El vínculo de Bowie con el mundo del espectáculo siempre fue el de un visionario que jugaba bajo sus propias reglas.

Un lugar de peregrinación
Desde aquel mediodía de 1997, la estrella de David Bowie se convirtió en uno de los puntos más visitados del Boulevard. Tras su partida en 2016, el sitio se transformó en un santuario improvisado. Allí miles de seguidores de todo el mundo dejaron flores, rayos pintados y mensajes de agradecimiento al artista que nos enseñó que ser «extraño» era, en realidad, un superpoder.
Hoy, a casi tres décadas de ese hito, Radio Futuro celebra al Duque Blanco. Porque aunque su nombre esté grabado en el concreto de Hollywood, su verdadera estrella sigue brillando en cada riff y cada letra que cambió nuestras vidas.
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