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Con una ciudad repleta en Chile: la insólita «plaga» de dinosaurios en popular comuna del país

"Yo quiero ser invasivo. Que estén en todas partes. Que aparezcan cuando menos lo esperai" señala el "autor" de la plaga de dinosaurios.

Dinosaurios
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Esto ocurre en la conocida ciudad de Copiapó en Chile. Cuando circules por la comuna, te darás cuenta que de derecha a izquierda, de norte a sur, se pueden percibir múltiples dinosaurios pintados en bastantes muros de la localidad del norte.

Cada ciertas cuadras hay uno distinto: cambian los colores, el tamaño y el gesto del rostro. Los grafitis de dinosaurios ya forman parte del paisaje de la capital de la región de Atacama. Están en calles principales y en los pasajes, en muros abandonados y sobre portones oxidados.

Están por todos lados. Hay cientos. Claus Vega (43), su autor —grafitero y maestro en yeso—, cuenta a ADN.cl que deben ser cerca de 500, aunque admite que ya perdió la cuenta exacta. Solo en la avenida Circunvalación —de unos 4,5 kilómetros— calcula que hay alrededor de 50. La fórmula es simple y se repite desde principios de 2023: sale dos o tres veces por semana a pintar, hace tres o cuatro dinosaurios por recorrido.

“Yo quiero ser invasivo. Que estén en todas partes. Que aparezcan cuando menos lo esperai’”, dice Vega desde Copiapó, al otro lado del teléfono. Habla con calma, con un tono claro y directo, que contrasta con el carácter ilegal de lo que hace. No pide permiso y no hace encargos, cuenta. “Si es grafiti, que sea grafiti. Ilegal. Sucio. Invasivo. Con todos los problemas que eso trae. No quiero que esto se transforme en arte ni en algo comercial”, recuerda cada vez que puede.

Son tan invasivos que son virales. Aparecen en las fotos que los copiapinos suben a diario a redes sociales. En una de ellas, un auto volcado quedó atravesado en plena calzada, a un costado de un McDonald’s. Justo debajo, en el muro, un dinosaurio azul observa la escena.

En otra, tres hombres son detenidos por Carabineros: los mantienen con el rostro contra la pared y las manos apoyadas en un mural donde un dinosaurio rosado, de casi dos metros, parece mirar el procedimiento.

El trasfondo de los dinosaurios

“Yo siempre los busco”, “yo los colecciono”, “yo llevo 55”. Los comentarios se repiten en redes sociales y dan cuenta de un fenómeno cotidiano en Copiapó. Algunos cuentan que usan los dinosaurios como un juego diario para entretener a sus hijos; otros dicen que los fotografían y los van marcando como si fuera una colección. Incluso, en los comentarios, se comparten sus ubicaciones.

“Me ha llamado harto la atención que a muchos niños les gusten, los coleccionen y los busquen. Los papás me preguntan: ‘Oye, ¿en qué lado hiciste un dinosaurio nuevo?’, y andan así, recorriendo”, dice Claus, entre risas.

el trasfondo es más complejo de lo que parece. Que lo que hace no es solo repetir una figura por la ciudad. Su afición por taggear se volvió más ambiciosa y dio un paso más allá: convirtió el acto de rayar muros en un relato que se lee en las calles de Copiapó. Los dinosaurios —aclara— no están puestos al azar. Forman parte de un cuento. “Es una historia familiar, inspirada en mi hija y en mi suegro. Se llama El Dino Gugu y el Tapi Karlo”, explica.

“El relato parte cuando un meteorito cae a la Tierra y arrasa con todo. El único sobreviviente es un cavernícola que, por casualidad, estaba refugiado en su cueva. Cuando sale, desesperado por encontrar comida, comienza a caminar por Copiapó y se da cuenta de algo extraño: hay huellas de dinosaurio. Decide seguirlas”, explica Claus.

Según continúa el relato, el objetivo del cavernícola es simple y brutal: encontrar al dinosaurio para comérselo y así poder sobrevivir. “Pero un día, en medio del camino, el cavernícola toma chicha y algo cambia. Empieza a acordarse de su nieta y reconoce en el dinosaurio muchas de las travesuras que ella hacía cuando estaban juntos”, dice.

“Desde ahí, la búsqueda deja de ser solo por hambre. El cavernícola comienza a buscar al dinosaurio por todos lados, ya no como presa, sino como compañía. Y es el propio dinosaurio el que termina ayudándolo a sobrevivir en esta nueva Tierra. Ahí comienza toda la historia entre el cavernícola y el dinosaurio. No quise llevarlo a papel, sino a las calles”, cuenta.

Ahora, ese relato empezará a bajar a la calle de forma más literal. Claus explica que el siguiente paso del proyecto es sumar al cavernícola al recorrido urbano, dibujándolo cerca de cada dinosaurio. “La idea es que sea la propia gente la que me vaya avisando dónde hay uno. ‘Oye, en tal esquina hay un dinosaurio’, y yo voy y pinto al cavernícola en la otra cuadra, como si lo estuviera siguiendo”, cuenta. “Así, poco a poco, el cuento empieza a formarse en el espacio público”.

Sin embargo, Claus pone un límite claro. Insiste en que la esencia de lo que hace está en intervenir, rayar e invadir. “Yo no quiero que esto se preste para decir que es arte. Esto es grafiti. Grafiti sucio, invasivo, sin permiso, con todos los problemas que eso conlleva”, enfatiza.

“Esto es grafiti puro. No quiero que se pierda esa esencia. Lo único que quiero es contar un cuento en la calle y que la gente también se involucre”, cierra.


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