A mediados de los 70, el power trío canadiense Rush se encontraba en una encrucijada. Tras un debut cargado de influencias de Led Zeppelin, la banda necesitaba dar un salto de identidad.
Ese salto ocurrió el 15 de febrero de 1975 con el lanzamiento de «Fly by Night», un álbum que no solo presentó un nuevo sonido, sino que marcó el inicio del genio creativo de la banda.
La pieza faltante y la audición que cambió el destino
Grabado en los emblemáticos Toronto Sound Studios, el álbum fue el campo de pruebas para una alianza que duraría años. Marcó el debut oficial como productor de Terry Brown, quien tras haber remezclado el primer disco, tomó las riendas para pulir la ambición del trío. Pero el cambio más radical ocurrió detrás de los tambores. Tras la partida de John Rutsey, el 29 de julio de 1974 se unió Neil Peart. La conexión fue instantánea: Geddy Lee recuerda que cuando probaron con Peart el riff de «Anthem» (un tema que a Rutsey no le gustaba por ser «demasiado complicado») supieron de inmediato que él era el indicado. Peart no solo aportó virtuosismo, sino que se convirtió en el letrista oficial luego de que Lee y Lifeson notaran su prolífica lectura.
De la utopía élfica a los perros guardianes
Con Peart, Rush se sumergió en la mitología y la narrativa convincente. En la balada acústica «Rivendell», romantizaron la utopía élfica de Tolkien, mientras que con «By-Tor & the Snow Dog» realizaron su primer avance hacia la epopeya de rock progresivo de larga duración.Lo curioso es que este tema de ocho minutos nació de una broma: Howard Ungerleider (iluminador de la banda) apodó «Biter» y «Snow Dog» a los perros del mánager de la banda.
Lo que comenzó como una ocurrencia, terminó en una pieza compleja que asustó a los jefes del sello, quienes esperaban temas simples como «Working Man». Ante la confusión de los ejecutivos, la banda fue clara: este era el camino hacia los «sonidos visuales» que querían explorar.
Un renacimiento remasterizado
«Fly by Night» fue más que un disco; fue un renacimiento. Aunque en su momento llegó al No. 113 del Billboard, demostró que Rush no estaba dispuesto a ceder ante las exigencias comerciales. Para los audiófilos, el legado de este álbum recibió un nuevo aire en 1997, cuando fue reeditado con sonido remasterizado en formato CD, permitiendo apreciar con una claridad inédita las capas de guitarras de Lifeson y el ataque preciso de Peart.
Hoy, a décadas de su estreno, este trabajo sigue siendo la piedra angular. Fue aquí donde Rush dejó de ser una promesa de bar para convertirse en los arquitectos de un sonido que nadie ha podido replicar.
