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22 años de Franz Ferdinand: El disco que nos enseñó a bailar en la trinchera del rock

Uno de los debut más influentes y mejor orquestados de la década del 2000 cumple su vigésimo segundo aniversario, descubre el origen detrás.

Franz Ferdinand 2004

Hay álbumes que definen una era, y luego están los que, como el debut homónimo de Franz Ferdinand, crean su propio ecosistema. Lanzado un 9 de febrero de 2004, este trabajo llegó para rescatar el rock de las guitarras lánguidas. Además, devolvió el género a la pista de baile con una sofisticación que mezclaba el post-punk más anguloso con un groove irresistible.

Hoy, a más de dos décadas de su estreno, revisamos la génesis y el impacto de una obra maestra que no ha envejecido ni un solo segundo.

Franz Ferdinand y el arte de la provocación

La historia de Franz Ferdinand no nació en un estudio de lujo, sino en la bohemia de Glasgow. Alex Kapranos y Bob Hardy comenzaron a gestar la idea tras una discusión sobre arte en una cocina. Luego sumaron a Nick McCarthy (quien originalmente era pianista y tuvo que aprender a tocar la guitarra para entrar) y al baterista Paul Thomson.

Lo que los unió fue una ambición tan simple como revolucionaria para la época: «Hacer música para que las chicas bailen». Bajo esa consigna, establecieron su cuartel general en un almacén abandonado que bautizaron como «The Chateau». Era un espacio de libertad creativa donde ensayaban, organizaban fiestas clandestinas y pulían un sonido que era puro músculo y elegancia europea.

Cuando llegó el momento de entrar al estudio, la banda optó por la autenticidad sobre la sobreproducción. Bajo la mirada del productor Tore Johansson en Suecia, el cuarteto buscó capturar la energía cruda de sus presentaciones en vivo. El proceso fue rápido y directo. Priorizó la sección rítmica (ese bajo pulsante de Hardy y la batería precisa de Thomson) para que las guitarras de Kapranos y McCarthy pudieran entrelazarse como navajas rítmicas. Por eso, el resultado fue un sonido seco, directo y altamente bailable. Esto se sentía como un soplo de aire fresco en medio de la saturación del garage rock de principios de los 2000.

Los esenciales de una obra maestra

El álbum es un bombardeo de singles, pero hay piezas que son fundamentales para entender su ADN. «Take Me Out» es, por supuesto, el himno absoluto; ese cambio de tempo a mitad de camino sigue siendo uno de los momentos más catárticos de la historia del rock moderno. Sin embargo, cortes como «The Dark of the Matinée» demuestran la capacidad lírica de Kapranos para narrar la nostalgia artística. Mientras tanto, «This Fire» cierra el disco con una intensidad incendiaria que anticipaba su dominio en los grandes festivales. No podemos olvidar «Michael», un ejercicio de homoerotismo y tensión rockera que desafió los cánones del género con una soltura envidiable.

A 22 años de aquel debut, Franz Ferdinand sigue siendo el recordatorio de que el rock puede ser inteligente, bailable y peligroso al mismo tiempo. Fue el disco que puso a Escocia nuevamente en el mapa global. También le dio una nueva identidad a una juventud que buscaba estilo en medio del caos. Hoy lo celebramos en la 88.9 como lo que es: un clásico instantáneo que, cada vez que suena, nos obliga a subir el volumen y mover los pies.


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