Un 13 de febrero de 1983, los fanáticos de los Ramones recibían una noticia agridulce. Marky Ramone, el hombre que había tomado las baquetas tras la salida de Tommy en 1978, dejaba la banda.
No se trataba de diferencias creativas, sino de una batalla personal contra el alcoholismo que estaba afectando su desempeño y la estabilidad del grupo.
La era de Richie Ramone
Ante la salida de Marky, Joey, Johnny y Dee Dee reclutaron a Richie Ramone. Richie no solo aportó una velocidad técnica impresionante, sino que fue el único baterista que también compuso y cantó temas para la banda (como el clásico «Somebody Put Something in My Drink»). Durante cuatro años, Richie mantuvo el pulso de la banda en una de sus etapas más frenéticas y productivas.
El regreso triunfal de un Marky rehabilitado
Sin embargo, la historia de Marky con los «Hermanos de Queens» no había terminado. Tras un proceso de rehabilitación serio y alejado de los excesos, Marky regresó a los Ramones en 1987. Su retorno no fue solo una vuelta al trabajo, sino la confirmación de su compromiso con la música y con sus compañeros.
Desde su regreso en el álbum Brain Drain hasta el legendario concierto de despedida en 1996, que contó con invitados de renombre como Chris Cornell, Lemmy Killmister y Eddie Vedder, Marky fue el motor inamovible de la banda. Fue él quien custodió el ritmo de himnos como «Pet Sematary» y quien estuvo presente en la última gran etapa de la banda, convirtiéndose hoy en el único miembro de la formación más clásica que sigue llevando el legado de los Ramones por todo el mundo.
Hoy recordamos ese 13 de febrero no como un final, sino como el paso necesario que dio Marky para poder renacer, lo que le permitió seguir dándonos rock por muchas décadas más hasta la actualidad.
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