Richie Havens suele aparecer en la misma frase que el artista que inauguró Woodstock en 1969. Nuestro Top 10 de Canciones de Richie Havens intentará dejar claro que su carrera se centró mucho más en un hermoso catálogo de canciones que en ser recordado únicamente como el músico que abrió el festival. Havens creció en las calles de Nueva York, en el barrio de Brooklyn. Y tras dedicarse a la poesía, tomó una guitarra y lanzó su primer álbum con Verve Records en 1966, titulado «Mixed Bag».
Richie Havens publicaría cuatro álbumes más hasta 1969. Ese año, inauguró el Festival de Woodstock, cuando los artistas programados para abrir no pudieron llegar al recinto debido al tráfico. Como Havens ya estaba allí, le pidieron que tocara. Y aquella actuación lo convirtió en un nombre conocido. A partir de ese momento, aprovechó su nueva fama para publicar material y girar de forma constante durante los años setenta: entre 1970 y 1980 lanzó ocho álbumes, bajando el ritmo en los 80 y 90 con solo cinco discos en las dos décadas siguientes. Ya en los 2000, continuó editando trabajos de estudio hasta su fallecimiento en 2013, y nuestra lista de las 10 mejores canciones buscará destacar algunas de las piezas más disfrutables que dejó a lo largo de su discografía.
Freedom
“Freedom” es la interpretación definitiva de Richie Havens y la razón por la que su nombre quedó ligado para siempre a Woodstock. En realidad, la pieza nace de su lectura expansiva de “Motherless Child”, convertida en un mantra rítmico donde la guitarra funciona como percusión y motor emocional. Havens estira los acordes, improvisa, repite frases y hace crecer el tema hasta transformarlo en una declaración urgente, casi espiritual. Es una actuación donde la energía se siente física: sudor, urgencia y esperanza en tiempo real. Ninguna lista seria puede empezar en otro lugar.
Here Comes the Sun
Cuando Havens versiona “Here Comes the Sun”, no intenta copiar el encanto pop de los Beatles: lo traduce a su propio lenguaje, más terroso y humano. La canción se vuelve cálida, íntima, y a la vez expansiva gracias a su rasgueo insistente y esa manera de cantar como si estuviera contando una verdad personal. En su voz, el optimismo no suena ligero, sino ganado; como si la luz de la que habla el tema hubiera costado trabajo. Es una muestra perfecta de lo que hacía grande a Havens: tomar un clásico universal y hacerlo sonar como una confesión propia.
Handsome Johnny
“Handsome Johnny” captura el costado más militante y directo de Richie Havens, con una vibra de himno folk que apunta al absurdo de la guerra y la propaganda. La canción tiene fuerza de consigna, pero se sostiene por su interpretación: Havens no predica desde arriba, sino desde la urgencia del ciudadano común. Su guitarra marca un pulso casi marcial, mientras su voz alterna entre el reproche y la compasión. Es una pieza clave para entender por qué Havens encajó tan naturalmente en la contracultura de los 60: porque su música podía ser bella, pero también incisiva.
The Klan
“The Klan” es una de las canciones más duras y efectivas de su repertorio, y prueba de que Havens podía dominar por completo un escenario con solo voz y guitarra. El tema se apoya en imágenes fuertes y un tono casi narrativo que describe la brutalidad y el terror racial con una franqueza que incomoda, como debe ser. Lo impresionante es cómo la interpretación evita el dramatismo fácil: Havens mantiene la tensión con ritmo, énfasis y silencios, logrando que la canción pese más por su convicción que por exageración. Es el tipo de pieza que confirma su lugar como cronista emocional de su época.
Follow
“Follow” representa el lado más espiritual y esperanzado de Richie Havens, una canción que avanza como una marcha suave pero inevitable. Su estructura repetitiva no es un recurso simple: es parte del trance que construye, como si estuviera guiando al oyente hacia un lugar mental más claro. La guitarra, hipnótica y constante, sostiene una interpretación vocal que suena a consejo, a abrazo y a llamado al mismo tiempo. En una discografía donde la intensidad aparece de muchas formas, “Follow” destaca por su capacidad de elevar sin imponerse. Es una canción que resume lo mejor del Havens compositor: sencillo en superficie, profundo en intención.
All Along the Watchtower
Havens toma “All Along the Watchtower” y le quita cualquier exceso para devolverla a un estado casi tribal. Su versión no busca el dramatismo eléctrico que otros hicieron famoso; en cambio, enfatiza el peso de las palabras y la circularidad del relato, sostenida por su rasgueo rítmico. La canción se transforma en un diálogo interior: el mundo afuera está roto, y el narrador intenta entender qué significa sobrevivir en medio del caos. La grandeza aquí está en la interpretación: Havens no actúa la canción, la habita, y eso la vuelve más inquietante. Es Dylan filtrado por sudor, madera y garganta.
Eleanor Rigby
“Eleanor Rigby” en manos de Richie Havens se vuelve menos barroca y más cercana, como si la soledad del personaje caminara al lado del oyente. Su voz pone el foco en el abandono emocional que vibra debajo de la melodía, mientras la guitarra reemplaza la tensión de las cuerdas originales por un pulso terrenal y urgente. En lugar de sonar “dramática”, su versión suena inevitable: una historia de gente invisible contada por alguien que realmente la ha visto. Es una de sus adaptaciones más brillantes porque demuestra que Havens no hacía covers para lucirse, sino para reinterpretar el mundo desde su propia empatía.
Fire and Rain
En “Fire and Rain”, Havens transforma la fragilidad de la canción en algo más resistente, como si el dolor no fuera solo tristeza sino también aprendizaje. Su interpretación no compite con la versión original: la reubica en su territorio, con una guitarra que marca un vaivén constante y una voz que suena más áspera, pero también más terrenal. El resultado es una lectura donde la melancolía se convierte en conversación abierta, sin adornos innecesarios. Esta elección funciona porque muestra a Havens como gran intérprete de emociones ajenas: podía tomar una canción profundamente personal y convertirla en una experiencia colectiva, sin traicionarla.
The Night They Drove Old Dixie Down
La versión de Havens de “The Night They Drove Old Dixie Down” se sostiene sobre una tensión interesante: canta una historia ligada a un imaginario sureño, pero lo hace desde una mirada humanista, enfocándose más en el sufrimiento que en la épica. Su interpretación evita glorificar el pasado y, en cambio, resalta la pérdida, el hambre y el desmoronamiento de una vida común arrastrada por fuerzas históricas enormes. Su voz suena como testimonio, no como teatro. Es un gran ejemplo de su criterio como intérprete: elegir canciones narrativas y volverlas universales, quitándoles banderas y quedándose con la herida humana.
What’s Going On?
“What’s Going On?” le queda perfecta a Richie Havens porque une sus dos armas principales: conciencia social y calidez espiritual. En su versión, el tema no se siente como un hit soul pulido, sino como una plegaria callejera con urgencia real. La guitarra marca el ritmo como si fuera un corazón acelerado, y su voz agrega un filo emocional que la vuelve más cruda. Havens no canta desde la distancia: canta como si estuviera en medio del conflicto, intentando entenderlo sin rendirse. Es el cierre ideal para la lista porque resume lo que fue su arte: empatía, protesta y luz, todo a la vez.
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