A propósito de la exposición Cine en Chile. Historia(s) en movimiento, que ha de celebrarse en el Centro Cultural La Moneda desde el 27 de enero al 31 de mayo, Radio Futuro tuvo la oportunidad de conversar con Regina Rodríguez y María Paz Mailano directora ejecutiva del CCLM y curadora de la exhibición de Cine en Chile, respectivamente.
Cine en Chile. Historia(s) en movimiento repasa más de 120 años de historia de cine y la agencia de Chile en esta institución artística. Con exhibición de fotografías, películas y objetos de gran importancia para la historia del cine nacional.
Lo primero, ¿cómo parte la iniciativa? ¿Cómo y cuándo se empieza a gestar la idea que finalmente deriva en la materialización de esta muestra?
Regina Rodríguez:En realidad, el Centro Cultural La Moneda hace un trabajo con un fuerte foco en las artes visuales —tenemos seis salas—, pero desde hace al menos tres años hemos trabajado en incorporar todas las disciplinas y, sobre todo, en hacerlas dialogar entre sí. Nos interesa poner el centro en aquello que llega a la ciudadanía: la memoria, la historia y las vivencias cotidianas de las personas.
El cine, para nosotros, es fundamental. Además, coincide con un momento histórico: este es el año en que la Cineteca Nacional, que estuvo 19 años bajo el alero del Centro Cultural, pasa a ser parte del Estado, en cumplimiento de las leyes que crean el ministerio correspondiente. La Cineteca toma así un lugar preponderante a nivel público y deja de depender del Centro Cultural. Es un momento extraordinario, y por eso comenzamos a pensar esta idea.
Detrás están estos conceptos de trabajar para los públicos, de entender la cultura como parte de la vida cotidiana. Una exposición sobre el cine, presente en Chile a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI, y su relación con la vida de las personas desde su llegada al país, nos parecía una ocasión excepcional. Eso María Paz lo va a explicar mejor desde el contenido.
Aquí se cruzan las artes visuales, el audiovisual y la música. De hecho, a las cuatro de la tarde viene La Fogie a tocar música de películas. La interdisciplinariedad está muy presente, al igual que la apertura a los públicos. Cuando vengan, se van a encontrar con algo similar a una sala de cine: las personas mayores se van a reencontrar con su infancia y su barrio; los más jóvenes, con lo más moderno, la animación, lo hollywoodense. Verdaderamente es una muestra para todos los públicos.
Este es nuestro enfoque como Centro Cultural Ciudadano. Este año hemos acuñado el lema “Vivir la cultura, ven a vivir la cultura al Centro Cultural”, porque la cultura no es solo el arte de los artistas, sino lo que hacemos entre todos y la forma en que vivimos y nos relacionamos en sociedad. Ahora le doy la palabra a María Paz, que junto a Marcelo Morales hicieron el guion y la curatoría de la muestra.
¿Cómo concibieron la muestra desde lo curatorial?
María Paz Mailano: La idea original era hacer una especie de “sobre-cine”, siempre tomando en cuenta la dimensión pública y la relación con los públicos. Pensamos la muestra abarcando todo lo que significa el cine para la sociedad, entendiéndolo como una experiencia vivida: no solo la producción cinematográfica, sino también la forma en que se ve el cine, cómo entra en la vida cotidiana y cómo le importa a mucha más gente que solo a quienes trabajan en él.
Desde la primera reunión intentamos definir qué aspectos del fenómeno cinematográfico queríamos relevar. Era ambicioso pensar en todos, y finalmente decidimos asumir esa ambición. Obviamente, eso implica mostrar pequeñas partes de cada dimensión.
La muestra le habla a distintos públicos. Por ejemplo, hay una sección dedicada al espectáculo cinematográfico y a las estrellas de cine, y su relación con los públicos locales. Ahí decidimos desempolvar historias propias de nuestra historia nacional, como las visitas a Chile de figuras del cine como Walt Disney, Jimmy Stewart o Cantinflas. Hay algo así como un “pop histórico”.
También está la dimensión del cine como alta cultura o cine-arte: un cine más reflexivo, alternativo, y los espacios donde comenzó a circular en Chile. Ahí aparecen las escuelas de cine, los cineclubes, las cinetecas y los festivales. Ese mundo se relaciona con el del espectáculo, pero tiene un carácter propio.
Por supuesto, hay un espacio importante para la realización cinematográfica en Chile, siempre en diálogo con lo que ocurría en el mundo. Por ejemplo, si hablamos del inicio del color en el cine en los años 30, también vemos cuándo y cómo aparece el color en el cine chileno.
La muestra se organiza en dos grandes momentos: una sala que llega hasta los años 60 y otra desde los 60 en adelante, con mayor énfasis en la producción internacional, pero siempre con presencia chilena. Hay objetos, fragmentos y “tesorillos” de películas chilenas de los 60 y de épocas más contemporáneas. No queremos hacer spoilers: hay que venir a verla.
¿Cómo se gestionó el contenido? ¿Hubo un llamado abierto o las personas se acercaron a donar material?
Regina Rodríguez: En este caso, la muestra se generó desde el interior del Centro Cultural. Contamos con un equipo profesional de primer nivel: museógrafos, montajistas, productoras, diseñadores. La idea era hacerlo junto a la Cineteca, y su director, Marcelo Morales, es uno de los curadores.
Con Marcelo acordamos sumar a alguien que le diera plena confianza para complementar la dupla curatorial, y esa persona fue María Paz, que es experta en cine desde una perspectiva antropológica, social, histórica y cultural. No se trata solo de alguien que sabe montar exposiciones o programar películas, sino de un conocimiento profundo del cine como fenómeno social.
Como Marcelo y yo investigamos, sabíamos dónde estaban muchas de las piezas expuestas. Colaboramos con múltiples instituciones, universidades y personas particulares. Es una muestra muy grande y refleja una actitud colaborativa de la industria cinematográfica local.
Han participado, entre otros, la Cineteca de la Universidad de Chile, el archivo de la UNIACC, el archivo de la USACH, además de muchas personas que tenían material en sus casas. Es un proceso de investigación que comenzó hace alrededor de un año.
El equipo del Centro Cultural trabajó en la puesta en escena, el diseño y el sonido. Es un trabajo colectivo, como el cine mismo: esto no se hace por una sola persona. Hay entusiasmo y cariño; todos tenemos nuestras películas favoritas, y eso queremos transmitirle al público.
¿Hay algo que haya quedado fuera de la muestra?
María Paz Mailano: Siempre queda algo fuera; es la naturaleza de las exposiciones. En este caso, fue más por motivos prácticos que por criterios conceptuales: piezas que no alcanzaron a llegar, personas que no respondieron a tiempo o materiales que estaban guardados. El procedimiento inicial fue muy amplio; no hubo categorías excluidas deliberadamente.
¿Qué géneros están presentes en la muestra?
María Paz Mailano: Está el cine clásico, con drama y comedia; el cine latinoamericano clásico, como el mexicano y el argentino; el cine chileno en todas sus variantes: drama, comedia, cine político y no político. La animación tiene una sección importante. Hay atisbos de terror y también acción.
Es importante aclarar que esta no es un festival de cine: la gente no viene a ver películas completas, sino a recorrer una historia del cine a través de objetos, afiches, revistas, proyectores, máquinas y fragmentos audiovisuales. Luego, la invitación es a seguir la programación de la Cineteca Nacional, que es patrimonio de todos.
La idea también es estimular la curiosidad por películas menos conocidas, no solo las más famosas como Machuca, que también está presente con objetos icónicos. Queremos generar un vínculo entre la muestra y la programación de la Cineteca, para que las personas puedan luego ver esas películas de forma accesible.
¿Qué distingue a la tradición del cine chileno de otras tradiciones latinoamericanas?
María Paz Mailano: Es una pregunta compleja, casi para un panel académico. A grandes rasgos, el cine chileno tiene un período clásico hasta los años 50, más industrial y masivo. En los años 60 se vuelve más social y político. Luego viene el quiebre de la dictadura, con cine hecho en el exilio y cine hecho en Chile. En los 90 se produce una reunificación y después nuevas exploraciones en los 2000.
Es un proceso similar al de otros países latinoamericanos, aunque también existen cines de género —terror, por ejemplo— que a veces quedan menos visibles y que también queremos destacar.
Cuando un país produce imágenes propias sobre sí mismo, y no solo miradas externas o coloniales, es señal de un cierto nivel de desarrollo. Para producir cine se necesita industria, inversión y políticas públicas. Chile está en condiciones de dar un mayor impulso a sus industrias culturales y creativas.
Además, el cine chileno no es solo una expresión cultural: es un embajador de imagen país. Los premios Oscar obtenidos en los últimos años no son menores; posicionan a Chile en el mundo como un país capaz de contar su propia historia con excelencia.
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