El coloso de Ñuñoa no vibró esta vez por un gol, sino por la potencia del Coro Sinfónico de la Universidad de Chile y la majestuosidad de la Orquesta Sinfónica Nacional.
Más de 40 mil personas se dieron cita en el Estadio Nacional para presenciar una interpretación magistral de “Carmina Burana”, la obra maestra de Carl Orff. En un evento gratuito que ya se perfila como el hito cultural más importante del año.
Un puente entre la academia y la calle
Bajo el cielo de Santiago, la Rectora Rosa Devés dio inicio a la jornada con un mensaje que resonó con fuerza: «La cultura es un bien público y no un privilegio».
Sus palabras no fueron solo retórica, se reflejaron en las gradas repletas de familias que viajaron desde comunas como Los Andes y Casablanca. Demostrando que el interés por el arte de alta calidad atraviesa todas las capas sociales y geográficas.
El evento, producido en colaboración con Bizarro Live Entertainment, no solo destacó por su impecable sonido, sino por su capacidad de humanizar la música académica.
La dirección del maestro invitado Carlos Vieu y el liderazgo coral de Juan Pablo Villarroel lograron que los 150 artistas en escena conectaran con una audiencia masiva que, en muchos casos, asistía por primera vez a un espectáculo de esta envergadura.
El momento más emotivo: un adiós al Maestro
Uno de los puntos más altos de la noche, que inundó de nostalgia el estadio, fue el homenaje al maestro Rodolfo Saglimbeni, director titular de la Sinfónica fallecido el año pasado.
A través de un video conmemorativo, el público pudo recordar su legado y su batuta, que durante años guio a la orquesta en sus momentos más brillantes. Fue un recordatorio de que, aunque los artistas partan, la música que sembraron sigue latiendo en el corazón de la gente.
Voces reales, historias reales
«Es mi primer concierto», decía emocionada María Celeste, una pequeña de nueve años que llegó desde Perú junto a su familia. Como ella, miles de asistentes valoraron la gratuidad y la organización. Para Héctor Olivares, quien viajó desde Los Andes, estas instancias son vitales: «A veces no se puede pagar por estos espacios, que se abran de forma masiva es fundamental».
El éxito del evento también se atribuyó a la inédita colaboración público-privada. Con el apoyo de Banco Santander como auspiciador principal, junto a instituciones como Metro de Santiago, TVN y Radio Universidad de Chile, el concierto no solo se vivió en vivo, sino que llegó a las pantallas de todo el país, democratizando el acceso al arte de manera real y efectiva.
¿Qué significa este éxito para Chile?
La masividad de este «Carmina Burana» rompe el mito de que la música clásica es para las élites. Cuando la Casa de Bello sale de sus aulas y se toma el espacio público, la respuesta ciudadana es contundente. Como señaló la directora del CEAC, Dominique Thomann: «Las artes necesitan de su público para existir».
En aquella mágica jornada presenciada en el Estadio Nacional, quedó claro que el público chileno tiene hambre de cultura. Y la Universidad de Chile, una vez más, estuvo ahí para alimentarla.
