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De diez en diez: Los discos que cumplen década en Futuro, tercera parte: 30 años (1996-2026)

En la 88.9 repasamos algunos de los trabajos que se lanzaron hace 30 años, dejando su huella en la escena rockera del mundo.

Hector Muñoz Tapia |

Discos 1996 Rock Web

Discos 1996 Rock Web

Mientras avanza el calendario en este primer mes de 2026, en Futuro seguimos avanzando en este especial llamado “De diez en diez: Los discos que cumplen década en Futuro”, un recorrido por álbumes que, con el paso del tiempo, se volvieron parte de nuestra memoria musical. La idea es simple: mirar hacia atrás y volver a escuchar con calma esos discos que marcaron un año, una escena y una forma de entender la música.

La tercera parte está dedicada a los lanzamientos de 1996, un año cargado de regresos esperados, producciones que confirmaron cásicos y discos que todavía suenan con fuerza. Aquí no se trata de nostalgia vacía: se trata de canciones que siguen vivas, de producciones que todavía sorprenden y de artistas que, en ese momento, empujaron su sonido hacia adelante.

Metallica – Load

En 1996, Metallica decidió patear el tablero con «Load», un disco que todavía divide a los fanáticos como pocas cosas en la historia del metal. Lejos de repetir la fórmula de su era más pesada, la banda se lanzó a un terreno más rockero, con groove, blues y una estética que parecía decir “no nos deben nada”. Canciones como “Until It Sleeps”, “Hero of the Day” y “King Nothing” muestran a un grupo cómodo explorando melodías, coros y tempos medios, sin perder músculo. Load no fue una rendición: fue una mutación.

Pearl Jam – No Code

Para 1996, Pearl Jam ya estaba cansado de la fama, de la industria y del peso de ser “la voz de una generación”. Y «No Code» suena exactamente a eso: un disco introspectivo, raro, juguetón y deliberadamente anti himnos. Aquí hay espacio para la experimentación, para arreglos más sucios, para climas y silencios que importan tanto como los riffs. “Hail, Hail”, “Who You Are” y “Present Tense” muestran a una banda eligiendo el camino menos obvio, alejándose de la radio y acercándose a sí misma. Un álbum de transición que terminó siendo identidad.

Soundgarden – Down on the Upside

«Down on the Upside» fue el último rugido de Soundgarden antes del silencio, y por eso se siente como un disco cargado de tensión: creativo, pero agotado; brillante, pero inestable. En 1996, Chris Cornell y compañía estaban expandiendo su sonido hacia estructuras menos evidentes, con afinaciones retorcidas y una psicodelia oscura que asoma en cada esquina. “Pretty Noose” abre con furia controlada, mientras “Burden in My Hand” y “Blow Up the Outside World” muestran otra cara: más melódica, más resignada. Un adiós sin aviso que hoy pesa más.

Lucybell – Viajar

Si 1996 fue un año de cambios globales en el rock, en Chile también se estaban construyendo nuevas rutas. «Viajar», el segundo disco de Lucybell, apareció como un golpe de energía alternativa con melodías expansivas y una sensibilidad distinta para la época. La banda mezcló guitarras intensas con una atmósfera casi cinematográfica, y lo envolvió todo en una interpretación vocal que parecía escribir desde la urgencia. Canciones como “De sudor y ternura” y “Vete” fueron clave para instalar su nombre y abrir una escena que buscaba identidad propia. Un segundo paso que sonó grande.

Tool – Ænima

Con Ænima, Tool no solo sacó un disco: levantó un mundo. En 1996, mientras el rock alternativo se reordenaba, la banda empujó el límite con un álbum denso, hipnótico y brutalmente preciso. Aquí el metal progresivo se encuentra con la paranoia urbana, el humor negro y una sensación permanente de catarsis. “Stinkfist”, “Eulogy” y “Forty Six & 2” son viajes largos donde cada golpe de batería y cada pausa importan. Ænima fue más que un éxito: fue un manifiesto de incomodidad, inteligencia y obsesión sonora. Música para mirar hacia adentro… sin garantías.

Los Tres – MTV Unplugged

No todos los Unplugged se convierten en historia, pero el de Los Tres sí. Grabado en 1995 y publicado en 1996, este disco es un punto de orgullo para el rock chileno: una banda que entró al formato con oficio, personalidad y raíces. Entre versiones acústicas de su propio repertorio y una sección dedicada a la tradición popular —con cuecas y boleros incluidos— Los Tres hicieron algo raro y valiente: sonar auténticos en televisión internacional sin disfrazarse. “Déjate caer” y “La espada y la pared” brillan con otro color. Un documento irrepetible, elegante y con identidad.

Stone Temple Pilots – Tiny Music… Songs from the Vatican Gift Shop

En 1996, Stone Temple Pilots se cansó de cargar la etiqueta grunge y la reemplazó por algo más extraño, glamoroso y sofisticado. «Tiny Music…» es un disco que se pasea por el power pop, la psicodelia y el rock clásico con una libertad que sorprendió incluso a sus seguidores. Scott Weiland canta como si estuviera actuando en distintos escenarios dentro del mismo álbum, mientras la banda construye arreglos con brillo y nervio. “Big Bang Baby”, “Trippin’ on a Hole in a Paper Heart” y “Lady Picture Show” son prueba de eso. Un giro estético que terminó siendo uno de sus mejores momentos.

Slayer – Undisputed Attitude

Cuando Slayer lanzó «Undisputed Attitude» en 1996, quedó claro que la agresión no era un personaje: era un lenguaje. Este álbum es, en esencia, una carta de amor al hardcore punk, con versiones aceleradas y rabiosas que conectan a la banda con su ADN más primitivo. Aquí no hay épica oscura ni solos interminables: hay golpes directos, velocidad y actitud. Entre covers de Minor Threat, D.R.I. y T.S.O.L., Slayer demuestra que su violencia sonora también puede funcionar en formato corto y explosivo. No es un disco “raro” en su catálogo: es una declaración de principios. Puro puño y garganta.

Korn – Life is Peachy

Dos años después de su debut, Korn volvió con «Life is Peachy» y lo hizo sin pedir permiso. En 1996, el nu metal estaba tomando forma, y este disco fue gasolina sobre el fuego: más oscuro, más sucio y más confrontacional. Jonathan Davis canta como si estuviera atrapado en su propia cabeza, mientras las guitarras bajísimas y el bajo golpean como maquinaria industrial. “A.D.I.D.A.S.” y “No Place to Hide” son caos controlado, y hasta los momentos más absurdos parecen parte del mismo retrato emocional. Life is Peachy no busca ser agradable: busca ser real. Y por eso pegó tan fuerte.

Sepultura – Roots

Roots es uno de esos discos que no solo marcan una carrera: marcan una era. En 1996, Sepultura rompió el molde del thrash y el groove metal incorporando percusiones tribales, afinaciones densas y una conexión explícita con Brasil como identidad sonora. El resultado fue un álbum pesado, rítmico y con una vibra casi ritual. “Roots Bloody Roots” se convirtió en un himno global, pero el impacto va más allá del single: Roots suena como una banda reinventándose sin miedo al choque cultural. Fue el final de una etapa con Max Cavalera, sí, pero también el inicio de un lenguaje que muchos después imitaron. Un clásico que todavía golpea.

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