En Futuro seguimos avanzando en este especial llamado “De diez en diez: Los discos que cumplen década en Futuro”, un recorrido por álbumes que, con el paso del tiempo, se volvieron parte de nuestra memoria musical. La idea es simple: mirar hacia atrás y volver a escuchar con calma esos discos que marcaron un año, una escena y una forma de entender la música.
La segunda parte está dedicada a los lanzamientos de 2006, un año cargado de regresos esperados, debuts que cambiaron el mapa y discos que todavía suenan con fuerza. Aquí no se trata de nostalgia vacía: se trata de canciones que siguen vivas, de producciones que todavía sorprenden y de artistas que, en ese momento, empujaron su sonido hacia adelante.
Mastodon – Blood Mountain
Con «Blood Mountain», Mastodon consolidó un estilo pesado y ambicioso, lleno de riffs intensos y cambios inesperados. Es un disco que se siente como un viaje: por momentos brutal, por momentos casi épico, pero siempre con una energía enorme. Incluso hoy destaca por su personalidad y por lo claro que dejó que la banda venía a hacer algo distinto.
Iron Maiden – A Matter of Life and Death
Este álbum mostró a Iron Maiden en un modo más serio y directo, con letras que miran la guerra, el miedo y el costo humano de los conflictos. Tiene un sonido sólido, con canciones largas que se desarrollan con paciencia y fuerza. Es uno de esos discos que crece con cada escucha y que refleja a una banda segura de su identidad.
Tool – 10,000 Days
Tool volvió en 2006 con un disco que se mueve entre lo denso y lo hipnótico, con estructuras que no se apuran y una atmósfera muy marcada. 10,000 Days exige atención, pero recompensa con momentos potentes y una sensación de profundidad constante. Es un álbum que no busca ser fácil, sino dejar huella.
Red Hot Chili Peppers – Stadium Arcadium
«Stadium Arcadium» fue una declaración grande: un disco doble lleno de melodías, funk, rock y mucha emoción. Los RHCP se permitieron ser expansivos, pasando de lo explosivo a lo íntimo sin perder el ritmo. Es un álbum que tiene “canciones para todos los momentos”, y por eso sigue siendo tan recordado.
Bob Dylan – Modern Times
En «Modern Times», Dylan mezcló tradición y presente con naturalidad, como si nunca hubiera dejado de escribir desde ese lugar. Es un disco cálido, con arreglos sobrios y canciones que se apoyan en el peso de la voz y la historia que cuentan. Más que sonar “nuevo”, suena eterno, y eso es parte de su encanto.
Arctic Monkeys – Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not
El debut de Arctic Monkeys llegó con un golpe directo: canciones rápidas, letras filosas y una energía de barrio que se sintió real desde el primer segundo. Es un disco que retrata noches largas, conversaciones cruzadas y esa tensión juvenil que explota en guitarras. Fue un inicio perfecto y, al mismo tiempo, un cambio de época.
Muse – Black Holes and Revelations
Muse llevó su estilo a un terreno más amplio con «Black Holes and Revelations», combinando rock de estadio, momentos electrónicos y un dramatismo que no se guarda nada. El disco tiene ritmo, ambición y canciones que parecen hechas para sonar enormes. Es uno de esos álbumes que se sienten como un show incluso cuando lo escuchas en audífonos.
The Killers – Sam’s Town
Con «Sam’s Town», The Killers dejó atrás la fiesta brillante de su debut y apostó por algo más emocional y grandioso. Hay guitarras más fuertes, coros enormes y un tono de relato, como si el disco contara una historia de orgullo y dudas al mismo tiempo. Es un álbum de crecimiento, y por eso conecta tan bien.
El Cruce – A mi País
«A mi País» es un disco que tiene calle, carácter y una identidad muy marcada. El Cruce mezcla fuerza y melodía con un sonido que se siente cercano y directo, como si las canciones hablaran de frente. Es un álbum que representa una escena y un momento, y que aún hoy se sostiene por su honestidad.
Gustavo Cerati – Ahí Vamos
En «Ahí Vamos», Cerati encontró un equilibrio perfecto entre potencia y elegancia. Las canciones tienen guitarras firmes, melodías claras y una producción que brilla sin exagerar. Es un disco que suena fuerte, moderno y lleno de vida, y que terminó siendo una de las obras más queridas de su carrera solista.
Thom Yorke – The Eraser
«The Eraser» mostró a Thom Yorke en un espacio más personal y electrónico, lejos del formato clásico de banda. Es un disco inquieto, con ritmos repetitivos, capas minimalistas y una sensación de emoción contenida. No necesita volumen para impactar: su fuerza está en el ambiente y en lo que deja flotando.
