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De diez en diez: Los discos que cumplen década en Futuro, quinta parte: 50 años (1976-2026)

Repasamos algunos de los LPs que se lanzaron hace 50 años, dejando su huella en la escena rockera del mundo entero.

Hector Muñoz Tapia |

Discos 1976 Web

Discos 1976 Web

1976 fue uno de esos años en que el rock pareció estirarse en todas direcciones a la vez: del estadio al club, del virtuosismo al minimalismo, de la fantasía escapista a la crónica social. Mientras el negocio discográfico alcanzaba una escala inédita, los artistas respondían con obras ambiciosas, a veces conceptuales, a veces brutalmente directas, pero casi siempre pensadas para perdurar. No es casual que muchos de los discos más influyentes de la historia coincidan en ese calendario.

Hoy, a medio siglo de distancia, esos álbumes siguen funcionando como fotografías nítidas de un momento creativo excepcional. Algunos consolidaron carreras, otros cambiaron reglas, y unos cuantos abrieron caminos que todavía se recorren. Aquí van diez títulos de 1976 que cumplen cincuenta años y que, por razones distintas, siguen siendo columnas del canon: diez maneras de entender el rock cuando parecía no tener techo.

Eagles – Hotel California

Con «Hotel California», Eagles cerraron la puerta al idealismo hippie y abrieron una ventana incómoda a la decadencia californiana. El disco refina su country rock hacia un sonido más oscuro y pulido, donde cada arreglo parece pensado para la radio y, al mismo tiempo, para contar una historia más turbia. La canción titular es un relato alegórico que todavía admite interpretaciones, pero el álbum completo funciona como un retrato de éxito, exceso y pérdida de inocencia. Guitarras gemelas, coros impecables y una producción de lujo hicieron de este trabajo un clásico inmediato y una bisagra en la historia del rock estadounidense.

Aerosmith – Rocks

Si «Toys in the Attic» los puso en el mapa, Rocks los dejó grabados a fuego. Aerosmith aquí suena más sucio, más peligroso y más confiado en su propio pulso blusero. Joe Perry y Brad Whitford construyen riffs que parecen tallados en piedra, mientras Steven Tyler empuja las canciones con una mezcla de desparpajo y sensualidad que sería modelo para generaciones posteriores. No es un disco de grandes baladas ni concesiones: es un catálogo de rock duro, directo y con groove. Incluso bandas como Guns N’ Roses lo citarían después como una influencia decisiva.

AC/DC – High Voltage

En 1976, AC/DC todavía era un secreto a voces fuera de Australia, pero «High Voltage» empezó a definir su identidad internacional. El álbum establece casi todas las constantes del grupo: riffs simples y efectivos, letras sobre excesos, y la presencia eléctrica de Bon Scott como frontman carismático y canalla. No hay experimentos ni pretensiones conceptuales, solo rock and roll tocado con convicción absoluta. Canciones como “T.N.T.” o “It’s a Long Way to the Top” suenan como manifiestos de una banda que entiende el oficio como resistencia y fiesta al mismo tiempo. Aquí comienza realmente la leyenda global del grupo.

David Bowie – Station to Station

Disco de transición y, a la vez, de ruptura, «Station to Station» marca el paso de Bowie desde el soul plástico de Young Americans hacia la trilogía berlinesa. El personaje del Thin White Duke preside un álbum frío, elegante y obsesivo, donde conviven el funk mecanizado, la electrónica incipiente y el art rock. La canción inicial, con sus más de diez minutos, es una declaración de principios: tensa, hipnótica y desconcertante. Grabado en un periodo personal turbulento, el disco suena como un documento de alienación y búsqueda estética, y anticipa uno de los capítulos más influyentes de su carrera.

Peter Frampton – Frampton Comes Alive!

Más que un simple disco en vivo, «Frampton Comes Alive!» fue un fenómeno cultural. Recopilando lo mejor de su repertorio sobre el escenario, Peter Frampton capturó una energía que el estudio nunca había logrado del todo. El uso del talk box en “Do You Feel Like We Do” se volvió una firma reconocible al instante, y canciones como “Show Me the Way” se transformaron en himnos radiales. El álbum convirtió a Frampton en superestrella y definió, para bien o para mal, la era del directo como producto masivo. Es también una cápsula perfecta del optimismo y la épica del rock de mediados de los setenta.

Stevie Wonder – Songs in the Key of Life

Hablar de «Songs in the Key of Life» es hablar de ambición sin límites. Stevie Wonder entrega aquí un doble álbum —más un EP— que recorre soul, funk, pop, jazz y comentario social con una naturalidad asombrosa. Cada canción parece un mundo propio, desde la celebración rítmica de “Sir Duke” hasta la melancolía expansiva de “Isn’t She Lovely”. Pero más allá de los éxitos, el disco es un retrato complejo de la experiencia humana, lleno de detalles y arreglos meticulosos. Es uno de esos trabajos que no solo definen una carrera, sino que también establecen un estándar casi inalcanzable para la música popular.

Electric Light Orchestra – A New World Record

ELO ya venía coqueteando con la perfección pop, pero «A New World Record» es donde Jeff Lynne encuentra el equilibrio exacto entre ambición sinfónica y canción inmediata. Las cuerdas, los coros y las capas de producción envuelven melodías que funcionan tanto en la radio como en una escucha atenta. “Telephone Line” o “Livin’ Thing” muestran a una banda capaz de sonar grandiosa sin perder calidez. El disco consolida la identidad de ELO como herederos modernos de los Beatles más orquestales, y demuestra que la sofisticación no está reñida con el impacto masivo.

Rush – 2112

Con «2112», Rush se jugó su futuro y lo ganó. Tras la presión de la discográfica para hacer música más accesible, el trío canadiense respondió con una suite conceptual de veinte minutos inspirada en la ciencia ficción y el objetivismo. El resultado es un manifiesto de independencia artística y una obra fundacional del rock progresivo más épico. La segunda cara del disco complementa con canciones más directas, pero igual de virtuosas. Geddy Lee, Alex Lifeson y Neil Peart establecen aquí el tono de una carrera larga y coherente, basada en la técnica, la imaginación y una identidad inconfundible.

Kiss – Destroyer

«Destroyer» es el momento en que Kiss pasa de fenómeno de culto a máquina de hits global. Con Bob Ezrin en la producción, la banda amplía su sonido con coros, arreglos y una narrativa más teatral, sin perder del todo su filo rockero. “Detroit Rock City” y “God of Thunder” conviven con la sorprendente balada “Beth”, que llevó al grupo a un público mucho más amplio. El disco también fija la iconografía del Kiss más grande que la vida: explosiones, épica y espectáculo. Puede que no sea su trabajo más crudo, pero sí uno de los más decisivos para su mito.

Ramones – Ramones

Mientras otros buscaban complejidad, los Ramones eligieron la reducción radical. Su debut es un golpe de dos minutos por canción, sin solos, sin adornos y sin paciencia. En 29 minutos redefinieron lo que podía ser el rock: rápido, simple y urgente. Canciones como “Blitzkrieg Bop” o “Judy Is a Punk” son casi eslóganes, pero su impacto fue sísmico, especialmente en Londres, donde ayudarían a encender el punk británico. Ramones no suena a 1976: suena a un reinicio completo del contador. Medio siglo después, sigue siendo una lección de economía y actitud.

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