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28 Years Later. The Bone Temple: Otro pacto social

La primera secuela de 28 Years Later, The Bone Temple, ofrece una nueva perspectiva para reconstruir el mundo.

Nicolás Merino |

The Bone Temple

The Bone Temple

Cuando se estrenó 28 Years Later, una de las grandes noticias era que volvía el trío original. Director, guionista, fotógrafo. Y si bien hay algunos de ellos que han caminado como productores, no hay nada como una de la saga con ellos tres encima. Hay solo dos películas. La primera y la tercera. Y son, de hecho, las que más tienen que decir sobre el mundo. Aunque quizá eso sea un poco anticipado, pues The Bone Temple, aún con todas las críticas que la reducen, tiene algo que decir sobre el mundo.

Entre la crítica especializada, algunos no se demoraron en señalar que esta película se limita a ser un puente y nada más. Limitándola, asimismo, a eso. Cuando quizá eso es más limitante. Es decir, puede ser una opinión atendible en el contexto de la narrativa a gran escala. Y efectivamente, es la parte central de una trilogía que ya demostró que necesitará de otras dos grandes partes para terminar de levantar todos los temas por los que aboga. La primera de las 28 Years Later es como es. Se expresa por si sola. La tercera, que aún no tiene ni sinopsis, igual se puede adelantar por el final de The Bone Temple. No se puede levantar otra película de dimensiones como las que promete la próxima entrega con un trabajo de cine algo más desprolijo como lo es The Bone Temple. Y no se trata de que la dirija DaCosta y no Boyle. Más bien tiene que ver con las decisiones de hacer una película que claramente se reconoce más ligera, aún cuando no se puede negar que cumple con lo más importante para las películas de la saga. Presentar un pacto social.

El pacto social de The Bone Temple

Como todas las películas de la saga, The Bone Temple ofrece un nuevo modelo social para afrontar el anterior y, sobre todas las cosas, el anterior al anterior. Antes del virus. Y como todas las grandes historias de ciencia ficción post apocalíptica, una motivación detrás de la recuperación del mundo es levantar el mundo anterior, pero con los progresos del rigor. Es una de las virtudes que otorga el contexto post apocalíptico. Permite apreciar las heridas de la sociedad en perspectiva.

Lo que en la película anterior giraba en torno a la idea de las islas entre islas. A las sociedades que, en su aislamiento, exigían dar con formas de reconstruir su propio archipiélago interno. Es más bien descartado en esta entrega. Pero no en vano. The Bone Temple rápidamente propone otra perspectiva con la que reconstruir el mundo. Esta vez una que se acerca más al nomadismo, a la teocracia y a cierto grado de anarquía. No es demasiado compleja la lectura que libera la perspectiva de Alex Garland. Básicamente se reduce a un esquema de sí o no. Pero lo que viene antes de la cara que ofrece Garland es lo realmente interesante. La revisión completa, en múltiples escalas, de un nuevo modelo social. Básicamente para descartarlo. Y esta película, al igual que todas las anteriores, termina descartando e invitando a uno nuevo. Un nuevo pacto social.

Entre otros tantos esquemas argumentales que ofrece The Bone Temple, también se desplazan -al fin- las fuerzas militares para abrirse a una conversación en serio sobre el avance científico y su codependencia con el capitalismo. En un mundo donde el capitalismo no es que haya dejado de existir, pero si está ciertamente roto, la ciencia queda desplegada a un nivel tan lejano del capitalismo como lo son también, precisamente, sus motivaciones detrás. Unas genuinamente más humanas y que buscan en la ciencia una solución alternativa que la vía industrial ni siquiera alcanza a vislumbrar.

El mundo, antes

Aquello que realmente conectaba a la saga con su decir sobre lo que alguna vez fue el mundo no tiene que ver ni con los comportamientos de los personajes ni con su modelo de organización. Sino con las perspectivas que ofrecían los guiones sobre Inglaterra y, por extensión, el Reino Unido. De eso queda menos en esta entrega. Digamos que lo que se dice sobre el mundo y su sociedad es extrapolable a casi cualquier lugar del planeta. O al menos en el occidente. Y la gran conexión con el mundo anterior al virus tiene que ver con ciertas reminiscencias culturales. Lo que es más interesante es que estas vienen adaptadas a su respectivo contexto post apocalíptico. Curiosamente, lejos de la forma en la que la gran modernidad reinterpretó estos clásicos, sino más bien atendiendo sus fuerzas originales. Y, está de más decir, escenificar eso es puro cine por naturaleza.

El mundo, después

Las reglas del escenario post apocalíptico de The Bone Temple son tan claras como las que ya han presentado previamente las otras tres películas. Es un contexto conocido y provechoso para las más diversas situaciones a las que someter a los personajes. No es menor bajo la mente creativa de un guionista con las características de Alex Garland, quien ciertamente puede imaginar y re imaginar como aprovechar el escenario para el terror. Lo mismo Danny Boyle y su puesta en cámara. Ciertamente se trata de un director curioso. Y de hecho, estas películas son también un experimento tecnológico por la forma en la que están filmadas. La primera película, en una Canon XL1. Las últimas, con iPhones.

También existe toda una exploración a los nuevos límites del terror. O al menos lo intentan. Se debe atender a que los códigos más quintaesénciales de los zombies en el cine ciertamente quedaron redactados en piedra rápidamente con las películas de George Romero. Aún así, las películas de la saga de 28 Days Later siempre han buscado una forma de ingeniárselas para dar una vuelta de tuerca creativa y atractiva. The Bone Temple no es la excepción. Quizá el mayor logro formal e industrial es levantar una película que comente sobre todos los aspectos sociales sin necesariamente y logre equilibrar la conversación con una formalidad más ligera y adaptada a los tiempos. No es necesariamente lo que otros directores, como Boyle, habrían hecho. Pero si una decisión que funcionó bien. Es lo que importa al final.

28 Years Later. The Bone Temple se estrenará en Chile el 15 de enero.

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