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«She’s A Rainbow»: a 58 años de la joya psicodélica y melancólica de The Rolling Stones

El single de fines de 1967 se convirtió en la canción más perdurable de "Their Satanic Majesties Request", donde fantasía psicodélica y melancolía se combinan para crear una obra atemporal de los Stones.

Hector Muñoz Tapia |

Rolling Stones 1967 Shes A Rainbow 02 Web

Rolling Stones 1967 Shes A Rainbow 02 Web

El disco psicodélico de los Rolling Stones de 1967, «Their Satanic Majesties Request», fue polémico desde su lanzamiento. Aun así, la calidad de “She’s A Rainbow” es casi indiscutible, incluso para los críticos más duros. En un momento en el que la banda dudaba entre seguir las modas psicodélicas del momento o encontrar un estilo propio, la canción logra un equilibrio poco común entre la experimentación y el pop clásico.

“She’s A Rainbow” llama la atención por su riqueza sonora. Algo poco habitual incluso dentro de un disco tan ambicioso. Los arreglos de cuerda estuvieron a cargo de John Paul Jones —quien más tarde sería famoso como miembro de Led Zeppelin—. Y le dan un aire cinematográfico que resulta casi infantil, pero sin caer en lo ingenuo.

A esto se suma un coro de trompetas que entra suavemente, como una lluvia de colores. Y el piano de Nicky Hopkins, colaborador frecuente de los Stones. Su interpretación, que recuerda a una caja de música, es el corazón emocional de la canción y guía al oyente por una melodía brillante y, al mismo tiempo, nostálgica.

Más allá de su sonido colorido y su tono fantasioso, la canción esconde una tristeza sutil que la hace más humana. Esta sensación se nota en los coros de fondo, con esos “ooh-la-la” que suenan como suspiros, y en las cuerdas del final, que parecen desvanecerse poco a poco, como si la canción no quisiera terminar. No es una tristeza evidente, sino una melancolía suave que contrasta con la alegría del arreglo y refuerza su emoción.

Esa mezcla de alegría y melancolía es lo que hace que “She’s A Rainbow” destaque frente a muchas canciones psicodélicas de su época. Al no ser solo optimista y colorida, resulta más profunda y, por eso, más duradera. No presenta el mundo como un lugar perfecto, sino como algo bello, pero también frágil y pasajero.

Esta cualidad explica por qué la canción sigue siendo relevante décadas después. El mes pasado, Arcade Fire interpretó “She’s A Rainbow” como canción de despedida para Kristen Wiig al dejar Saturday Night Live. No fue un gesto al azar: la canción funciona tanto como celebración como despedida, y captura la belleza de los momentos que no duran para siempre. Así, “She’s A Rainbow” no solo es uno de los puntos más altos de la etapa psicodélica de los Rolling Stones, sino también una muestra de su talento para crear canciones que siguen cobrando nuevos sentidos con el tiempo.

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