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COLUMNA // «Abbey Road», el verdadero canto de cisne perfecto de The Beatles

Festejamos un nuevo aniversario del disco que cerró enseñándonos algo fundamental como "y al final, el amor que recibes es igual al amor que das".

Beatles Abbey Road

Con The Beatles uno no se cansa. Es imposible que las canciones que compusieron te aburran. Las hay para cada momento, para cada mirada, para cada vivencia. Si bien ellos no fueron grandes innovadores ni compositores originales, sí fueron como una esponja de todo lo que ocurría a su alrededor para filtrarlo a través de su propia sensibilidad. En The Beatles se sintetiza toda la esencia de una época, un despertar de sensaciones y sensibilidades humanas, desgarradas, intensas, etéreas, íntimas, sobrecogedoras. Todo eso lo encontramos en «Abbey Road», su despedida definitiva, la más bella que podrían haber dado antes de sellar un legado que nos ha de mostrar el camino a seguir para siempre.

¿Cuándo llegué a «Abbey Road» por primera vez? En realidad, llegué primero a su Lado A, si tomamos en cuenta la división del vinilo y del cassette. Mi papá se consiguió un cassette grabado de los Beatles que contenía en el lado 1 el primer LP editado por ellos, el Please Please Me, y por el lado 2 tenía las canciones que correspondían al lado A del Abbey Road. De esta forma, tenía en un mismo cassette lo primero y lo último de The Beatles, tremendo contraste. Hasta que me compré ambos discos en cassette de CrO2 por separado, escuchar esa vieja cinta grabada se convirtió en ejercicio habitual de escucha a los 10-11 años. Esta carátula la tengo como póster enmarcada en mi casa. Debe haber sido el segundo póster que compré en mi vida y se le enmarcó casi de inmediato. Todavía sigue ahí, en medio de todas las cosas, destacando siempre. La portada en la que basaron la teoría de que Paul había muerto. La falsa pista de «28 if» de la patente del auto que sale en la foto. Lennon como el cura, Ringo como el funerario y George como el sepulturero. Simbolismos donde no los hay.

“Abbey Road” abre con la poderosa “Come Together”, de John Lennon, un clásico rockero de todos los tiempos, con una línea de bajo intensa y unos solos precisos de guitarra. Le sigue una de las más hermosas canciones de amor de la historia, Something, escrita por George Harrison para su esposa Patty Boyd, una canción a la cual Frank Sinatra se refería como «la más hermosa de Lennon-McCartney, que partió de la inspiración de “Something In The Way She Moves”, de James Taylor. Después, “Maxwell´s Silver Hammer”, de Paul McCartney, que ya estaba siendo trabajada en las sufridas sesiones de “Get Back”. De inmediato viene otra de Sir Paul con “Oh Darling”, una verdadera delicia vocal, con voces casi inalcanzables para las gargantas normales. La quinta canción es de Ringo Starr, y es “Octopus´s Garden”, que también venía de las sesiones de “Get Back”. Le sigue un momento potente y desgarrado en “I Want You (She´s So Heavy)”, un antecedente válido de lo que después se haría en el hard rock y en el eventual metal, con un final súbito que deja al lado A sellado.

La cara B la abre otra de las más bellas canciones de Harrison, “Here Comes The Sun”, que compuso en la casa de su amigo Eric Clapton, mientras veía salir el sol por la mañana. Le sigue una de las mejores vocalizaciones de armonías de tres voces que jamás se hayan grabado en “Because”, con coros imposibles de reproducir. La belleza antes de la épica que le queda a “Abbey Road” y que lo ponen en la cima d elos mejores discos que podremos escuchar en nuestras vidas.

Después, la poderosa y fraccionada “You Never Give me Your Money”, de McCartney le da arranque a un medley de canciones que nunca pudieron completarse, pero que se utilizaron para crear algo más, algo que en medio del proceso se le conocía como “The Long One”. De ellas, varias pudimos apreciarlas en forma de maqueta en el “Anthology 3” y luego en la edición de lujo del medio siglo del álbum, y conservan el espíritu primario y crudo de las composiciones en la India. El medley continúa con Sun King, una compleja canción de Lennon, seguida de “Mean Mr Mustrad” y “Polithene Pam”, ambas de Lennon. El medley pareciera cerrar con “She Came In Trough The Bathroom Window, de McCartney, dando un broche de lujo a una estructura musical potente.

Pero no, continúa y vaya de qué manera lo hace con tres canciones. Parte una emotiva y al piano “Golden Slumbers”, de Paul, seguida por un “Carry That Weight” también de McCartney, con unas líneas simples pero directas sobre el estado de relaciones entre él y John en por esos días. El medley finaliza con la última del disco (al menos, así apareció en la edición en vinilo): The End, con un solo por cada uno. Tenemos el lujo de escuchar el único solo de batería grabado por Ringo y un solo de guitarra de John, Paul y George por separado, donde claramente los identificas a cada uno de ellos: la rudeza de Lennon, el virtuosismo confiado de McCartney y la sutileza elegante de Harrison. «Y al final, el amor que recibes es igual al amor que das» son de las palabras más sabias que se puedan encontrar en canciones populares, tiene porte de himno y McCartney la usa como cierre en cada show de las giras que da como solista.

Pero el disco no termina con “The End”. Déjenlo avanzar unos instantes más y nos encontramos con “Her Majesty”, de Paul, una pieza acústica sencilla pero contundente en esencia. Como que no quiere acabar, pero termina, de todos modos repentina. De todas maneras, exponerse al medley original es un goce recomendado para todos los que vibramos con la música.

¿Hubiese habido alguna segunda oportunidad para The Beatles? Nunca lo sabremos. Pero nos dejaron un legado increíble y la esencia de lo que conocemos como música popular. Si ésta desapareciera, sería posible reconstruirla a partir de sus discos. Y eso es algo de valor incalculable. Porque un canto de cisne perfecto es una oportunidad escasa que nos da la vida. Y The Beatles la tuvo.

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