MALDITO ROCK AND ROLL

Iron Maiden en una Arena: De tan lejos a tan cerca

Un apronte a lo que viviremos el lunes 14 de octubre con el regreso de la Doncella de Hierro a Chile.

Un apronte a lo que viviremos el lunes 14 de octubre con el regreso de la Doncella de Hierro a Chile.

Por José Miguel Velasco, desde Vancouver, Canadá.

Hace meses que esperaba este día. Desde el año pasado cuando compré la entrada que esperaba ansioso ese Martes 3 de Septiembre. Parecía tan lejano, pero ahora estaba tan cerca. Eso será una constante en este texto.

Siempre he estado lejos.

Mi primer show (2004) traté de ir adelante, pero craso error, duré sólo una canción porque, honestamente, no me la pude. El mítico 2008 no fui, pero pude ir al famoso 2009, aunque no la pasé muy bien. Mucha gente y muchas torres que no dejaban ver. 2011 por fin en el Estadio Nacional y no pude ir. 2013 pensé que me iba a desquitar yendo a Rock In Rio. Pensé que sería tan increíble como el del 2001. No lo fue. 2 semanas después en Santiago sería mucho mejor. 2016 no fue la excepción. Pero ya no estoy en Santiago, ya no estoy en Chile. Estoy lejos. Vancouver, Canadá. En todos esos shows estuve lejos, ni cerca del mítico “adelante”, pero nunca importó, porque Maiden se disfruta de donde sea, en especial con su mejor público, el chileno. Pero ahora estoy en un lejos diferente. Sin ese público. Pero cerca, por fin cerca. Rogers Arena queda a 1 cuadra de mi casa. La arena. Iron Maiden en Arena. Nunca pensé vivir algo así, y de seguro muchos de quienes estarán ese 14 de Octubre en Movistar Arena, tampoco.

Martes, 3 PM, salgo corriendo de mi trabajo (cumplidas mis 8 horas. Benditas 40 horas semanales) para llegar rápido a casa, ducharme e ir a la arena. Me temo una fila enorme, pero, al mismo tiempo, sé que los norteamericanos son más “fríos” a la hora de los conciertos. Tenía razón. 4 PM y era el 15 en la fila de cancha. Impensado en Chile. Menos en Brasil (allá esperan DÍAS, lo vi).

El merchandising se vende en una carpa fuera de la arena, a vista de todos, al alcance de todos, incluso si no fueran al concierto. Por ser un show especial para mi, por fin saldo mi deuda histórica y compro mi primera polera de Maiden siendo este mi 6º show. Vuelvo a la fila antes de las 5 pm, no debe haber más de 40 personas. Día laboral, relajo, arena agotada desde el 2018, todo relajado.

Los fans nos ponemos a conversar. No soy el único extranjero, porque a mi lado hay una chica alemana de 20 años que anda mochileando y que al saber que Iron Maiden tocaba cambió el pasaje por 1 semana extra. Para otros fans es su primer show, para otros uno más desde los 80s. Les muestro el famoso video del público del Club Hípico del 2009 y no lo pueden creer. “Por ahí estoy yo” les digo, riendo al ver un mar de cuerpos en la pantalla del celular.

Nos escanean la entrada media hora antes que abran las puertas. Brazaletes. La fila avanza. Tan lejos pero cada vez más cerca. “Estaré en la reja para Iron Maiden!” pienso. Abren las puertas. El sudamericano dentro mío renace y CORRO, CORRO, CORRO. “No corran, no corran” me gritan… y dejo de correr… Ya hay gente dentro.

El rumor era cierto. Los fans suscritos (pagado) al Fan Club de Iron Maiden pueden optar a una tómbola para ganar la posibilidad de entrar a un show de su preferencia antes que el resto. Me lo habían dicho afuera pero no lo entendí. Ahora lo vi. No quedo en la reja, sino que en 2a-3a fila. Tan lejos, tan cerca.

Los teloneros, The Raven Age, la banda de George Harris, el hijo de Steve Harris, tienen mucha energía y ánimo. Se ven jóvenes, o quizás me confunden sus gorras hacia atrás. Ojo al baterista Jai Patel que, aunque suene raro, pareciese que nunca se detiene. Una máquina!
Sus primeras 2-3 canciones son muy buenas para comenzar y darle energía al público. Luego se estancan un poco, todo suena parecido y a ruido por hacer ruido. La canción que de seguro hará a todos en Santiago corear es Seventh Heaven, perfecta para el público Maiden.

El público de norteamérica es, comparado a sudamérica, frío. Más analítico, quizás. Más concentrado en escuchar que participar, puede ser. Más acostumbrado a ver el show y comer cabritas que a vivirlo. No saben lo que es esperar años por un artista, no saben lo que es “por primera vez en…”. Tengo espacio entre mi entorno y yo, algo impensado en 2a fila. Es raro estar adelante y con espacio. Están todos tan cerca, pero tan lejos… pero todo cambia en Doctor Doctor.

UFO suena por los parlantes y en segundos me siento en hora punta en la Linea 1. Donde había 1 persona en la reja ahora hay 3. Comienza la guerra por el espacio, que se lucha con los pies, las rodillas, los codos, los hombros. Estamos todos cerca. Todo está cerca. El show a punto de comenzar. Iron Maiden más cerca que nunca. Por fin, ya no estoy más lejos, estoy cerca, más que cerca, estoy AHÍ!

Aces High da el puntapié inicial a una noche increíble. EL AVION, EL AVIÓN ESTÁ ENCIMA MIO. Adrian Smith, Janice Gers y Dave Murray sonríen y apuntan, Steve Harris grita al público, Nicko McBrain… bueno, no se ve, como siempre, pero el que si se ve saltando por los aires es Bruce Dickinson. A metros mío. Todos están a una buena estirada de brazo, brazo que apenas puedo mover por tanta gente, pero igual logro grabar el comienzo mientras canto y grito junto a 14.000 fanáticos del heavy metal.

Los “Live To Fly, Fly To Live” suenan fuerte, no sólo adelante sino que también desde atrás, desde los costados, desde todos lados, porque para donde veo hay gente, todos cerca, hipnotizados por el avión, toreados por un Dickinson más dueño del show que nunca, corriendo de lado a lado a metros de distancia.

Todo es locura cuando Steve Harris, el dueño del circo, se pone frente a nosotros, gritándonos, incitándonos, mostrándonos en detalle cómo maneja el bajo. Los cantos se convierten en aullidos, el avión comienza su “aterrizaje” mientras Dickinson grita a los cielos y Harris nos acribilla con su “metralleta”, ahí, frente a nosotros, frente a mi, tan cerca que siento las balas, tan real que ha pasado 1 semana y aún siento las secuelas de esta batalla… y quedan muchas canciones.

Bruce Dickinson cambia de atuendo cada dos canciones, este show parece una obra de teatro completa de él solo. Atentos al exorcismo al público en Sign Of The Cross, al duelo de espadas con Eddie y los lanzallamas en Flight Of Icarus.

Estando tan cerca no pude evitar ver que Dave Murray no sólo está cada vez más parecido a Benny Hill, sino que siempre es el que más mira a los ojos a los fans y sonríe al ver sus caras.

Janice Gers saltando y bailando todo el show. Adrian Smith siempre concentrado. Nico McBrain impecable como siempre mientras
Steve Harris comanda a sus tropas como sólo él sabe hacer.

El setlist no da tregua. The Clansman es la épica más grande después de Fear Of The Dark, donde no pude evitar hacer todos los OH OHH OHH OHHHHH posibles al comienzo, medio y final, como hacemos en Chile y sudamérica. Incluso varios fans terminaron siguiéndome el amén con esos cantos. Extrañé las bengalas, si.

Avanza la noche, se acaban las canciones, la fuerza ya no es la misma, no se si mis intentos por mostrar mi bandera a la banda son tomados en cuenta, pero ¿qué importa? Llega el Encore y me salgo de las primeras filas porque ya no es agradable. Me encuentro con aire, espacio y un mosh pit que parece en cámara lenta porque todos parecen fumados (acá es legal).

16 canciones parecen poco, pero luego de 2 horas, termina el show. Como no podía fallar, otro chileno aparece y me habla, porque vio mi bandera. Siempre hay un chileno. Estamos tan lejos del país pero por un momento ya no tanto. Y mientras nos vamos silbando Always Look On the Bright Side Of Life de Monty Python, termino en una foto grupal con fans extranjeros y sus banderas de Suecia, Alemania, Brasil, Canadá… y Chile. No podemos estar ausentes de esta cruzada solidaria.

Hubo sólo 1 punto bajo en la noche. Aún con toda la cercanía a la banda, no pude evitar sentirme lejos de casa cuando en más de una ocasión Dickinson ponía caras de “eso es todo lo que tienen?”, “no se escucha”, etc. El público se apagó o cansó por varios momentos, o simplemente volvieron al estado “norteamericano”. Eso no pasa en Chile. Lo he visto. Todos lo hemos visto.

Porque ya sabemos como es el Estadio Nacional, pero no sabemos como será el Movistar Arena. Si Vancouver por varios momentos fue una caldera, Santiago será un volcán en erupción.

Para todos los que alguna vez han estado lejos, esta es su oportunidad, vayan a cancha o no. Nunca estarán más cerca y nunca más se sentirán lejos.

Setlist:
1. Aces High
2. Where Eagles Dare
3. 2 Minutes to Midnight
4. The Clansman
5. The Trooper
6. Revelations
7. For the Greater Good of God
8. The Wicker Man
9. Sign of the Cross
10. Flight of Icarus
11. Fear of the Dark
12. The Number of the Beast
13. Iron Maiden
Encore:
14. The Evil That Men Do
15. Hallowed Be Thy Name
16. Run to the Hills

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