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Marco Plaza, luthier: «La gente me abraza por mis amplificadores»

Desde el 2013 que Plaza fabrica amplificadores de guitarra personalizados. Con su marca MP Custom no sólo recibe elogios a nivel nacional: ha conquistado orejas fuera de Chile, y entró al mundo de la música por la puerta de atrás gracias a una pega que según su familia nunca debería haber funcionado.

Desde el 2013 que Plaza fabrica amplificadores de guitarra personalizados. Con su marca MP Custom no sólo recibe elogios a nivel nacional: ha conquistado orejas fuera de Chile, y entró al mundo de la música por la puerta de atrás gracias a una pega que según su familia nunca debería haber funcionado.

Por Iván Rimassa

Para mí es el sueño del pibe. Yo empecé en esto porque era lo más cercano a ser músico profesional. Y yo que vengo de estudiar tres carreras po: informática, electrónica y sonido. Pero igual logré, a mis 36 años, que el estudio de Dave Catching en California, Rancho de la Luna, me compre los amplis a tubo que hago desde mi casa en Maipú.

La gente me abraza por mis amplificadores. Son fruto de una relación que salió bien, de un proceso que dura meses y en el que logro entender los gustos de un músico. Por eso mi pega es entender a la gente, escuchar por sus oídos y aprender a disfrutar los sonidos que otros aman. Gracias a la música hago nuevos amigos.

Pero, en general, en Chile lo hecho a mano ya no está tan valorizado. Hay interés, pero no la cultura. Me ha tocado -por ejemplo- gente que tiene plata, que no tocan pero sí que tienen plata, y me compran amplis para tener en su pieza algo que lucirle a los amigos. No necesariamente lo usan, pero igual lo tienen ahí.

En cambio cuando me tocó que un weón con otra volá -como es el Alain Johannes- escuchara mis amplis, ahí tenía claro que podía ser ver el cielo o hundirme. El loco con ganas de explorar po, de conocer qué está haciendo una marca chica como la mía a la cresta del mundo haciendo amplificadores. Y él viniendo de Estados Unidos, los papás de la cuestión.

El compadre agarró su guitarra, la enchufó a mi ampli y la tocó un par de segundos. Paró y me abrazó.

Mi sonido

Igual me han pasado cosas bacanes en Chile. De hecho, fue gracias al Pancho Straub -un viejo seco, que grabó La Voz De Los Ochenta y ha trabajado, entre otros, con La Floripondio y Los Peores de Chile- que agarré la confianza pa dedicarme a esto. Un amigo llevó a su estudio un ampli que yo le había hecho y Pancho lo escuchó y dijo “weón, qué onda esa weá”.

En ese tiempo estéticamente eran bien precarios. Feos. Ocupaba materiales de San Diego. Después Pancho me pidió que le hiciera un amplificador mientras yo estaba trabajando en lo que había estudiado. Le fabriqué uno y quedó fascinado.

Creo que, si hay un sonido o identidad nacional en la luthería, es este. Una cuestión nueva, pero a la vez vieja. Que se parece a todo, pero que suena nuevo. Un sonido mestizo, que agarra lo mejor de los amplificadores tradicionales. Como los perros callejeros cuando se cruzan una raza con otra y sale una bacán… un sonido quiltro.

Pero falta. Y no hay que mirar tan lejos para encontrar un ejemplo a seguir: en Argentina hay al menos el doble de marcas que acá. Unas diez, por lo bajo. Lo que pasa allá es para copiarlo. Ya les hacemos frente en el fútbol, ahora hagámosle la pelea con amplificadores. Si suenan mejor que unas vuvuzelas.

Mis quiltros pueden competir con grandes marcas como las que me inspiran: Marshall, Fender, Vox… Porque ellos te venderán un Ferrari hermoso, pero yo te hago uno a la medida. ¿Lo quieres con motor de Lamborghini, pero con carrocería Audi? Dale, ahí está. Pruébalo. Y si no te gusta lo seguimos perfeccionando.

Somos músicos frustrados

El único que me apaña en esto es mi hermano, Luis. Somos una empresa de dos, un power dúo. Los únicos que tocan un instrumento en la familia somos nosotros, que le hacemos el empeño a la guitarra.

En una de esas, si hubiéramos escuchado a nuestros viejos no pasaba nada: “¿amplificadores? ¿Y a quién le vai a vender esa weá?”, nos decían. Y hoy desde nuestra frustración hemos hecho sonreír a nuestros ídolos, quienes son la razón por la que empezamos con esto.

El Luis se mete al final, eso sí. Él ve el fresado y forrado de los amplis, la parte estética. Antes yo hago de psicólogo -me dedico a escuchar la música que le gusta al que le esté haciendo el ampli- y veo la parte electrónica punto a punto.

Soñábamos con nuestro presente. Vivir de la música es algo que siempre busqué, y qué más bacán que cumplir tus sueños con alguien de tu familia. Con mi hermano somos los responsables de que tu banda favorita suene bacán, que no te decepcione. Y sí, quizá hubiera sido mejor aún estar al frente y no detrás de escenas. Pero desde el escenario no me ganaría abrazos, sólo aplausos.

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