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«Ethereal Dead Cult», el nuevo álbum de Sadism: No hay luz en el final

Patricio Jara revisa el esperado disco de una de las bandas clave del death metal chileno.

Patricio Jara revisa el esperado disco de una de las bandas clave del death metal chileno.

En tiempos cuando se cumplen treinta años de su formación, el nuevo disco de Sadism es bastante más que una muestra de vitalidad. Los santiaguinos son una banda clave para entender el desarrollo del death metal chileno y Ethereal Dead Cult es un álbum que remite a los sonidos fundacionales del underground: canciones crudas que funcionan como ráfagas, a simple vista muy sencillas, sin embargo a la segunda o tercera pasadas asoma su estructura en que el peso y la velocidad no son elementos contradictorios. Al contrario.

Después del contundente Alliance (2015), bien se pudo especular hacia dónde la banda movería su brújula, considerando que la consigna de muchos nombres de su generación a nivel mundial ha sido renovar el sonido o morir. Renovarse, en bastantes casos, hasta terminar convertidos en otra cosa.

En lo que corresponde a Sadism, más que actualizar un sonido, la banda apunta a mantener viva una manera de hacer música que les acompaña desde el principio. Aquello no lo han negociado jamás. Ni siquiera en la etapa de Deadline Sequences, aquel trabajo publicado en 1997 y que a muchos les pareció tan moderno, quizás demasiado moderno. No es mi caso. Creo que ese disco figura entre los puntos más altos de su trayectoria. Es de los pocos elepés de la época en que logras escuchar todos los instrumentos y distinguirlos con naturalidad. Y distinguirlos bien porque es música muy bien ejecutada.

Ethereal Dead Cult, que estará disponible en tiendas desde el 1 de agosto y será apoyado con una gira europea en septiembre junto a Recrucide, tiene momentos de alto vuelo, todos sustentados en cómo los matices vocales de Ricardo Roberts entroncan con el trabajo instrumental de Juan Pablo Donoso, baterista y productor; del bajista Juan Eduardo Moore y del guitarrista Gabriel Hidalgo, más el aporte del impecable Rodrigo Alpe en el estudio. Esto, sin contar el sentido que Roberts imprime a las letras reflejado en una idea: no hay luz del otro lado; al final del túnel no encontraremos nada.

El disco lo componen diez temas que, en total, bordean los cuarenta minutos. Entre éstos destaca “Black Halo Solaris”, que va creciendo y haciéndose cada vez más complejo, llenándose de cambios de ritmo y sin embargo no pierde la ferocidad. Es de esa clase de canciones que uno debe escuchar con audífonos. Otra es “The Spectral Veils” con su rapidez llena de matices y de texturas. Una misma jugada que se replica y amplifica en “Ethereal Dead Cult”, la cual logra algo a estas alturas difícil de encontrar en la superabundancia de bandas perfectas pero iguales entre sí: un puñado de riffs que te sorprendan por su forma, con estructuras que apelan a sonidos tan familiares y a la vez tan novedosos. En corto y en simple: sonidos que apuntan a la esencia. Cuando una banda logra aquello, todo lo demás es redundancia.

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