El ascenso de Aviación, un equipo de soldados (literalmente)

17 Ago, 2017

A fines de 1973, Pedro Jorquera se mandó un numerito. Ante una enésima crisis de platas, el director de la Asociación Central de Fútbol arremetió en una entrevista en El Mercurio: “Con todas las facultades que nos da el reglamento, desvirtuaremos todo lo que ha manifestado el sector opositor y perseguiremos en sus responsabilidades a quienes nos han difamado públicamente, sin considerar que en el directorio hay dos representantes de las Fuerzas Armadas”.

Sin pudores, aprovechando el caótico estado que vivía el país, el dirigente sacaba bajo la manga la presencia militar en la ACF.  El viejo Antonino Vera, director de revista Estadio, fustigó esta ordinaria amenaza: “Entendemos que las Fuerzas Armadas no tienen representantes en el fútbol profesional. Los señores contralmirante Carlos Chubretovic y comandante de Aviación Mario Gómez son dos distinguidos dirigentes deportivos (uno procedente de Naval y el otro del Deportivo Aviación), que pertenecen naturalmente a las Fuerzas Armadas, lo que a nuestro juicio es fundamentalmente diferente”.

Muy temprano en la instalación de la dictadura, la presencia uniformada en el fútbol comenzó a resultar incómoda (luego sería derechamente intimidante). Para más remate, durante esos mismos días ocurría lo impensado: Aviación, que había entrado por la ventana un par de años antes al Ascenso, lograba subir a Primera con el firme respaldo institucional de la Fuerza Aérea.

El plan original de la institución era pelear el ascenso recién a fines de esa década. “Queremos un trabajo tranquilo y a largo plazo”, le habían dicho al DT, el constructor civil Arturo Quiroz. Y en el papel, su plantel no debía aspirar a mucho: conformado en su gran mayoría por funcionarios de la Fach (administrativos, técnicos y 11 soldados), sólo acogía a 5 futbolistas “de verdad”.

Aún así, en ese torneo de Segunda de 1973 fueron el equipo que más partidos ganó, el que menos perdió y acabó con la valla menos batida (así nació la leyenda del Aviación, “semillero de buenos arqueros”).

“La máxima autoridad de la Fach, el Comandante en Jefe y miembro de la Junta de Gobierno, General Gustavo Leigh, en la sencilla ceremonia efectuada para felicitar a los campeones, manifestó que Aviación encararía con la máxima responsabilidad este desafío que se traduce en el Ingreso a la División de Honor del Fútbol Profesional”, consignó marcialmente Estadio.

Lo refrendó semanas después el Capitán Armando Pavez Orella, presidente de la Rama de Fútbol de los aviadores: “Tendremos una reunión especial con el General Leigh para darle a conocer cuáles son nuestros proyectos y ver si él está de acuerdo. En ningún caso se trata de pedir que la Fuerza Aérea financie al equipo. Nuestra institución ha basado su gestión económica con el exclusivo aporte de los diez mil socios al día de que dispone y pensamos que en el futuro deberá ser igual, sólo que pediremos autorización para subir las cuotas, ya que la competencia de Primera demanda un gasto muy superior a lo que estábamos habituados. También hemos recibido una interesante proposición del club San Bernardo Central, que nos ofrece su estadio para que hagamos allí de locales, cosa que en principio aceptaremos”.

En efecto, desde septiembre en adelante -por razones obvias y algo macabras- Aviación no había podido jugar en su estadio de El Bosque, ubicado dentro de la base militar homónima. Recién en septiembre de 1974 volvería a ocupar ese recinto, única razón que había explicado inicialmente su aceptación en el fútbol rentado.

¿Y Pedro Jorquera? Durante 1974, con saludable entusiasmo, volvió a ocupar a los militares de la ACF para amenazar a medio mundo al menos una docena de veces.

Fotos: revista Estadio.

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