ENTREVISTAS

John McLaughlin: “La música es para ser oída, no para hablar encima”

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Revisa la conversación con el guitarrista antes de su show en Chile.

Por Jorge I. Lagás

El martes 5 de abril se concreta sobre el escenario del Teatro Caupolicán el regreso a nuestro país de John McLaughlin, uno de los guitarristas más reconocidos del mundo de la fusión y la vanguardia, habiendo dejado huella como colaborador de Miles Davis, líder de la Mahavishnu Orchestra y con su carrera solista.

Veinte años tuvieron que pasar para que volviera a Chile. La vez anterior fue en 1996 junto a sus colegas Paco De Lucía y Al Di Meola, en un inolvidable encuentro. Esta vez lo acompaña su banda Fourth Dimension, la que lo tiene muy motivado, según reflejó en la siguiente conversación:

Se esperó bastante este regreso. ¿Qué tal se vislumbra esta visita? Entiendo que no vienes sólo a tocar.

Así es, esta vez voy con mi familia y al final del tour que termina en Chile, tomaremos unas vacaciones por ahí, queremos conocer más. Voy al desierto, al de Atacama. Hay un desierto ahí, ¿no? Sí, creo que será hermoso.

Lo será, es un lugar especial. ¿Recuerdas tu vez anterior en Chile, con Paco De Lucía y Al Di Meola?

Por supuesto, y en este tiempo perdimos a Paco, fue muy triste para mí. Lo extraño. Pero qué le vamos a hacer. Lo recuerdo muy bien, ese trío de guitarras, éramos conocidos como los tres mosqueteros, jajaja.

Gran recuerdo. Esta vez es con tu banda actual, Fourth Dimension. ¿Qué puedes contarnos de ella?

¿Sabes? He tenido muchas bandas, ya perdí la cuenta. Pero en este grupo, la gente es excepcional. Todos dedican su vida a sus instrumentos, a la música, son seres humanos maravillosos. Tenemos una muy buena complicidad entre nosotros. Cuando hay esa complicidad, algo pasa con la música.

¿Qué cosas pasan, por ejemplo?

Fluyen las emociones de los músicos. De alguna manera, siento que esta complicidad es necesaria. No sólo queremos tocar notas. Un computador sólo toca notas. Al tocar, necesito sentir la luminosidad de un músico. Y la luminosidad de todos tocando juntos. Si no, ¿cómo nos relacionamos entre nosotros? Tiene que ser así.

Suena bonito.

Sí, pero sabes qué, si vas al concierto… porque espero que vayas… verás lo que digo. Es muy difícil hablar de música, no se puede. Si me estoy comiendo un pastel y te digo “este pastel está muy rico”, tú no estás comiendo el pastel, cómo vas a saber cómo está, mis palabras no te dicen nada. Así que tienen que estar ahí en el concierto para saber de qué estamos hablando.

Es verdad. Bien, a muchos músicos de este circuito no les gusta etiquetarse, buscan zafar de estos conceptos como “fusión”, “vanguardia”, “progresivo”, en fin… ¿cómo lo ves tú?

La música fusión ha estado desde hace trescientos o cuatrocientos años, antes que se construyera esta sociedad moderna. La influencia italiana con la influencia alemana, austríaca y francesa ya se mezclaba en la música clásica. En el siglo XVIII, con gente como Mozart. Y tienes compositores como Ravel, que hizo su famoso bolero…

“El bolero de Ravel”, cómo olvidarlo.

Exacto. ¿Y qué es “El bolero de Ravel”? Pura fusión. Orquesta clásica con influencias hispanas. Una hermosa pieza, que funcionó fantástico. Mucho de esto desembocó también en el jazz, cuando a principios de los años 20 se juntó la música de África, con la norteamericana, la europea, fue fusión también.

Y de ahí siguió dándose.

En los 60, se empezaron a combinar las influencias de Brasil, Sudamérica, Cuba, de manera muy poderosa en el jazz. Fue aún más fusión. Crecimos con todo eso, con culturas fusionadas.

Imagínate ahora, en que está todo globalizado.

La cultura es fusión y la música también. Yo soy una persona fusión. ¿Cómo no voy a tocar música fusión? Si la llamas así, yo feliz. Mis influencias filosóficas son de la India, China, Japón, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, España… de todos lados. Soy una persona de fusión caminante.

¿Por qué entonces hay gente que quiere escapar de eso?

El problema de la mala reputación de la música fusión es por las compañías discográficas.  En el jazz, por ejemplo. Estoy muy decepcionado de muchas cosas que se hacen en el jazz. Esta especie de “smooth jazz” que se toca en los bares, que es para hablar con eso de fondo. Eso no está bien. Si tocas música es para ser escuchada, no para hablar encima. Pero bueno, la sociedad ha cambiado.

¿Ha cambiado el valor que se le da a la música?

Hay gente que quiere que esta música “de fondo” o este smooth jazz no los moleste. A veces, la música de John Coltrane, Miles Davis o Thelonious Monk, o incluso Jimi Hendrix, puede molestar… no en un mal sentido, sino en un sentido en que es una música que hace que tengas que ponerte a escucharla, no es para hablar encima, ¿me entiendes?

Absolutamente. Me queda claro que en tus shows no se puede hablar.

Jajajaja. Esperamos que la gente venga y sienta la música y la escuche. Cada vez que tocamos, contamos una historia, de nuestras vidas intelectuales y colectivas. Eso queremos compartir.

Sabemos que te gusta mucho Latinoamérica. ¿Cómo ha sido la influencia que has recibido de la música de esta parte del mundo?

Claro, por mucho tiempo, desde los 60. El primer impacto vino de Cuba,  antes, a fines de los 40. Pero desde fines de los 50, la influencia brasileña se empezó a sentir en el jazz. Uno de los que más me gusta es el argentino Gato Barbieri, un extraordinario músico jazz.

¿Esta influencia es parte  de lo que vienes mostrando?

El impacto de la música latinoamericana fue muy fuerte en mí. Sí, es una parte de nuestro repertorio, hay momentos de mi carrera en que he estado muy potentemente influenciado por esta música, así que sí, hay mucho de eso presente.

Las entradas para ver a John McLaughlin el martes 5 de abril en el Teatro Caupolicán, están a la venta por el sistema Ticketek y sus puntos asociados en Falabella y Cine Hoyts.

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