PUNTERO FANTASMA

San Felipe en la Libertadores: un despelote

1972_USF-Alianza Lima

Al final de la temporada 1971 hubo consenso: Unión San Felipe había sido justo campeón de un torneo más bien mediocre. Luis Santibáñez, su técnico, había exprimido al máximo un plantel limitado y sin grandes figuras. ¿Su receta? Pases rápidos, piques al vacío y una férrea marcación en toda la cancha.

A San Felipe se le venía un desafío mayúsculo: no dar bote en la Copa Libertadores. Su áspero estilo, auguraba la prensa, tal vez podría serle útil en el torneo continental, donde enfrentaría a la U. de Chile y a los peruanos de Universitario y Alianza Lima.

Sin embargo, el verano del ‘72 vio el rápido desmantelamiento del equipo que meses antes había obrado el milagro del título. Todo partió por Santibáñez. De vacaciones en su ciudad natal, coqueteó con la dirigencia de un Antofagasta Portuario ansioso de gloria; pronto, sin embargo, el DT dejó botados a sanfelipeños y antofagastinos para firmar por Santiago Wanderers.

Descabezado, el valorizado plantel del “Uní Uní” también empezó a escuchar ofertas. El arquero Humberto Tapia, pilar de la campaña, se fue a Everton; el goleador Uruguay Graffigna sólo volvió un par de días antes del inicio de la copa luego de ofrecerse por medio Chile.

Desconcertada, la dirigencia del Uní Uní quiso instalar en la banca al histórico Jaime Ramírez, quien había formado parte del plantel campeón como perpetuo suplente. Sin embargo, el veterano jugador no tenía el cartón de técnico. “Además de las ganas, naturalmente Ramírez reúne varios otros requisitos: muchos años de fútbol, experiencia internacional vasta y también inquietud, pues afirma que hizo un curso de entrenadores en España, faltándole sólo el examen final”, contaba la revista Estadio.

De inmediato saltó la Asociación de Entrenadores, que impugnó la nominación del mundialista del ‘62. Ante la imposibilidad de que Jaime sacara un diploma express, la dirección técnica la asumió otro Ramírez: Claudio, DT clásico del Ascenso. Él estuvo en la banca en el único amistoso de San Felipe previo al inicio de la Libertadores: un 3 a 3 contra el Vasas húngaro disputado en el Estadio Nacional.

¿Por qué ese irrepetible partido se jugó en la capital? Simple: las siempre arbitrarias reglas de la CSF establecían que San Felipe no podría hacer de local en su pequeño estadio municipal. Durante la Libertadores, el coloso de Ñuñoa sería su casa.

Y, en verdad, lo fue. En su debut internacional, el 25 de febrero de 1972 el campeón “recibió” en Santiago a la U, venciéndola por 3 a 2 ante 60 mil espectadores (foto de abajo). La portería sanfelipeña estuvo custodiada por Juan Olivares, arquero de Unión Española que de emergencia reforzó al campeón en los partidos de Copa.

El excelente estreno se diluyó rápido. Arriba vemos su segundo match, donde San Felipe no pasó del empate en blanco ante Alianza, partido jugado ante una multitud de 57.200 personas (!). Durante el mes que vino, los aconcagüinos perderían todos los matchs restantes y acabarían colistas del grupo.

Entre medio, además, se consolidó un monumental despelote. En marzo, Luis Santibáñez renunció a Wanderers aduciendo que los porteños estaban en la ruina («no cumplieron con las mínimas exigencias que hice: un delantero, cancha para entrenar, útiles de juego»). Presionado por todos lados, Claudio Ramírez dejó la banca sanfelipeña para que el “Yoyo” Santibáñez -su apodo de entonces- reasumiera para los partidos que se jugarían en Lima. El enroque no funcionó; consumada la eliminación, el orondo DT de nuevo se mandó a cambiar. Lo propio hizo Graffigna, reclutado por Unión Española.

Al cabo, el paso de San Felipe por la Libertadores fue breve y sin gusto a nada. Mareado por el inesperado éxito, el club se pegó un veloz y durísimo costalazo con la realidad: ese año, en el torneo oficial, el pobre Uní Uní se salvó por los pelos del descenso.

Fotos: revista Estadio.

1972_USF-U. de Chile


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