MALDITO ROCK AND ROLL

“Somos Motörhead y seguimos tocando rock and roll”

Equipo Futuro |

Ernesto Bustos comenta «Aftershock», nuevo disco de Lemmy Kilmister y compañía.

Hablar de Motörhead es hablar de Lemmy y hablar de Lemmy es hablar de Motörhead.

La banda liderada por el carismático Lemmy Kilmister (nacido el 24 de diciembre de 1945 como Ian Fraser, en Burslem, Stoke on Trent, Inglaterra) acaba de editar «Aftershock», su disco número 21 (sin contar los registros en vivo) de una prolífica y eficiente carrera que ya suma 38 años en la carretera.

Vamos por parte. Motörhead es la prueba viviente de que el buen rock and roll no acaba con el paso de los años. Son de esos casos en que gracias a la imagen que proyecta la figura de un líder, el complemento con su obra logra tal nivel de perfección que todo encaja como sucede con «Aftershock». Si  «Kiss of Death» (2006), «Motörizer» (2008) y «The World is Ours» (2011) nos presentaron a una banda en plena forma, esta última entrega proyecta energía, ritmo, velocidad y atisbos bluseros, uno de los más preciados placeres culpables del viejo Lemmy.

«Aftershock» no representa nada nuevo en el trabajo de Motörhead. Más bien es la confirmación (o reafirmación) de una fórmula ultraprobada y comprobada de que para tocar buen rock and roll no hace falta demasiada academia. Sólo se requiere sentir la música, corazón y expresarla a la manera de Motörhead. Que a nadie le extrañe, entonces, que esta versión 2013 encarne todos los vicios contenidos y permitidos por el maldito rock. La base rítmica de bajo y batería de Lemmy y Mikkey Dee componen un sonido enteramente sucio, enfermo y rockanrolero, que siempre te aplasta. Y los solos de Phil Campbell construyen y destruyen la música, complementados con una buena dosis de ironía, cortesía del viejo Kilmister en cada una de las letras que dan vida a «Aftershock».

Este nuevo disco de Motörhead permite realizar una acertada clasificación de sus canciones en tres grupos fundamentales: los temas rápidos y demoledores; los bluseros en medio tiempo; y los más rockanroleros, que son el sello tradicional de la banda. De esta forma, en el primer grupo podemos incluir 6 ó 7 canciones, con un Mikkey Dee tocando a mil por hora y cuyos cortes más representativos son Heartbreaker y Coup de grace.

Después tenemos en un segundo grupo aquellas canciones de raíz blusera, muy bien representadas en Lost woman blues y Dust and glass, para rematar con el núcleo más básico del sonido Motörhead, en Silence When You Speak To Me, Crying Game, Queen of the damned  o  Keep Your Powder Dry. A eso llaman rock and roll en estado puro.

Un recuerdo. En el verano de 1982 escuché por primera vez a Motörhead. Era un cassette Sony de 90 de color verde. Por un lado estaba grabado Fair Warning de Van Halen y en el otro No Sleep ‘til Hammersmith de Lemmy y compañía. Sonaban brutalmente sucios y pesados. Mi primera impresión fue: «sólo tres tipos son capaces de meter tanta bulla». Con el tiempo entendí y procesé esa bulla. Hoy entiendo perfectamente que Motörhead es un grupo necesario, básico y referente de generaciones posteriores a la mía.

Me explico. El rock necesita a Motörhead y Motörhead necesita al mundo y sus fans por la sencilla razón que, si no fuera por la reciprocidad, el rock duro que encarna la banda terminaría transformada en negocio y parodia de un género donde ya se inventó todo. En un mundo donde las leyendas del rock han ido convirtiéndose casi todas en caricaturas de lo que fueron, es sano para la mente comprobar que hoy Lemmy todavía es capaz de facturar discos tan buenos (o mejores) que cuando sus compañeros de generación estaban en lo más alto de sus carreras.

Una reflexión personal. Puede que esta sea uno de los últimos intentos de Motörhead, según se desprende de las últimas informaciones sobre el estado de salud de Lemmy. No pretendo ser profeta del apocalipsis, pero hay un hecho objetivo: estamos asistiendo al final de una época, con muertes, recesos indefinidos o retiros paulatinos a los cuarteles de invierno. Los Rolling Stones y AC/DC son buenos ejemplos.

Ya lo decía Lemmy en el documental Live fast die old. «Debo ser el diabético más borracho del mundo». Otra ironía del señor Kilmister, aunque «Aftershock» represente una señal potente de sobrevivencia y rock and roll a la vena.

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